septiembre 20, 2010

Aguafuerte de México

(Poema transcrito de mi cuaderno de 5o. de primaria, no tengo el nombre del autor)

México el único País con una X
que es J de emoción al pronunciarla
Mapa de la esperanza
esclavo que te pisa se libera
Hombre que te pronuncia se entusiasma
como dioses de Pórfido
como azulados cóndores de amor
como laureles de berilo y sol
sin pasaporte entran tus héroes
en la nimia república de mi corazón

Soy una hoja de tus jacarandas
un nuevo caracol en tus arenas
un alga en el moire de tus lagunas
y pienso, que al final de mis afanes,
ya con el alma llena de espinas de nopales
ha de brotar sobre mi frente
el canerío feliz de tus volcanes

Tus ahuehuetes Morelos del paisaje
altas estelas de tezontle verde
Panchos Villas vegetales
con sus cananas de rumores
y arriscado el sombrero de follajes

Tus jardines lunados carruseles
donde da vuelta un cinturón de hombres
y un círculo aromado de mujeres
bajo el pirú monumental
ante la yerba de esmeraldas
y al compás de la gárrula banda municipal



Tus estatuas con regular justicia
distribuidas por tu azul territorio generoso
firmes desde los bronces y los mármoles
las frentes levantadas y los ojos en celo
patinadas de tanto verlas
y casi en vuelo por tu sed de cielo

Tus mujeres: hermanas de tus flores
poseen la redonda fragancia de los frutos
con una voz de mandolinas leves
bellas bajo las noches de las trenzas
paseando el cuerpo indenme
entre chinampas de amores
y bajo de árboles solemnes

Tus ranchos son estancias generosas
recatados palacios de tu pueblo
enclavados en lomas
o a la orilla de un lago besado de canoas
donde Xóchitl vacía su leche
su leche fermentosa
sonríe la india tras la rosa
el árbol pasea su sombra
y se ofrenda la suave barbacoa

Tu corrido: musical caballería
avalancha de trinos y colores
en que el amor se vacía
como en un molde de magnolias líricas
y la revolución se hace armonía
para que México la cante y la sonría

Tus ruinas son pretéritos infolios
cartulinas de luz de las centurias
pétreos huipiles aborígenes
donde el indio nos da su arquitectura
con grecas de emoción y líneas puras

Chichen-itza, Uxmal, Teotihuacan,
estampan su cultura sobre las rocas
en un alarde de eternidad

México el único país con una X
que es J de emoción al pronunciarla

Por que extiendes tus manos
con calles de desiertos y venajes de ríos
a los perseguidos, a los parias y a los muertos

Por tus mujeres, por tus hazañas
ha de ser de obsidiana tu vernácula estatua
tu escudo un calendario con el águila
tu bandera, ese símbolo que hasta el viento
vuelve tricolor

Todo bajo este cielo magistral
y en el centro un volcán
que ya no arroja lava
porque murió de amor.

Debate sobre la Independencia

Ricardo Pascoe Pierce
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Nuestra invasión silenciosa a EU habla de la potencial complementariedad entre ambas naciones.

A diferencia de lo que dicen algunos historiadores, sí se debaten los significados de la Independencia. Se dice que se perdió una gran oportunidad para reevaluarlos. Más bien, sería justo decir que esa evaluación ya salió del ámbito "intelectual" o "académico". Ya no es privativo de los adiestrados en la historia, sino del pueblo, que hace su evaluación de lo que pudiera significar esa mágica palabra. Al mostrar el lado débil y humano de los héroes patrios, en telenovelas, películas y libros, se puede atacar la mistificación que de ellos fomentó el priismo durante décadas en el sistema educativo, pero no atiende la verdadera necesidad de vincular lo hecho ayer con lo que se tiene que atender hoy.

Es imposible desvincular la idea de independencia del acontecer contemporáneo. De hecho, sólo se puede entender en el contexto de lo que vive hoy la gente. Para millones de familias mexicanas con parientes en Estados Unidos y que dependen de las remesas, es comprensible pensar que la Independencia de México no quiere decir que debamos desligarnos de ese país. Todo lo contrario: nuestra invasión silenciosa a EU habla de la potencial complementariedad entre ambas naciones. También, para empleados y trabajadores cuya actividad económica depende casi 90% de nuestras exportaciones al norte, la idea de independencia no cobra sentido si se habla de alejarnos del modelo exportador tan importante para ellos.

La reactivación de la economía aquí depende, en gran medida, de la cercanía e interdependencia en la relación comercial y financiera con allende la frontera norte. Así que hablar de independencia tiene, o debiera tener, un significado distinto hoy al de hace 200 años. Y esa realidad no puede soslayarse.

La tentación de hablar de una "nueva" independencia, ahora del vecino norteño, resulta ociosa.

Más bien, el debate debe centrarse en el tipo de relación que queremos con el mundo entero, empezando por EU.

Más que el mundo académico, lo que hoy aporta al debate es la realidad. Con la advertencia de que no es lo mismo hablar de independencia que de soberanía, que pueden rozarse en el tiempo, pero se aplican a niveles de pensamiento distintos. Una guerra independentista puede, o no, fincarse en la soberanía, por la toma de decisiones.

La independencia siempre refiere a circunstancias y hechos muy concretos; la soberanía, a una concepción política acerca de la determinación de factores que confluyen para la definición de políticas públicas.

Es un hecho que la realidad nos ha impuesto, como nación, nuevas formas de interdependencia. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) configuró una relación completamente nueva y distinta de México con América Latina, Europa, Asia y Norteamérica. Por más que se firmen tratados con otras naciones, el que cuenta es el TLCAN. Así, hablar de independencia es hablar de interdependencia con la aspiración a ser lo más "autónomo" posible en ese proceso.

El debate sobre la independencia, hace 200 años, se fincaba en romper una relación de dominación económica, política, social y cultural. La intención era acumular riqueza aquí y que no se fugara. Hoy la acumulación se realiza aquí, allá y en sitios aún más lejanos. Y no hay que valorar si eso es bueno o malo, mejor o peor. Sólo, así es. Ahora bien, las decisiones empiezan cuando queremos incidir en el carácter, la calidad y la cantidad de relación que el país quiere mantener con el resto del mundo, sobre todo con los socios mayores. He ahí la discusión vertebral de la independencia. El debate es sobre el futuro, y no sobre el pasado.

Hace 25 Años

Gabriel Guerra Castellanos (@gguerrac)
Internacionalista
gguerra@gcya.net
El Universal

El 19 de septiembre de 1985 la Ciudad de México se estremeció ante una de las mayores catástrofes naturales de que tengamos recuerdo. Edificios enteros se vinieron abajo, aplastando entre los escombros a millares e incontables millares de personas que no encontraron ya no digamos una digna sepultura, sino ni siquiera un lugar en el registro oficial de las muertes, ese del que tanto se sospecha intentó minimizar las cifras como si así se pudiera borrar el daño sufrido.

La lenta respuesta gubernamental asombró a propios y extraños, no solo por el aparente pasmo de las autoridades (que no de los miles de rescatistas y empleados de gobierno que desde el primer momento reaccionaron como mejor pudieron) sino porque el mito del control y la omnipresencia del aparato del Estado cayó como uno más de los edificios del centro de la capital mexicana. Mientras que las ambulancias y los vehículos particulares iban y venían transportando heridos, herramientas y víveres, el gobierno se debatía entre aceptar o no la ayuda extranjera, organizaba sobrevuelos en helicóptero para un presidente de la República que solo cimbraban las estructuras que seguían en pie y ponían en peligro a víctimas y rescatistas, y reforzaba la sospecha que para entonces ya era certeza de que al régimen le faltaban manos, talento y sobre todo tamaños para enfrentar una crisis de la magnitud de la que había arrasado con buena parte de la Ciudad de México.

El sismo que la sacudió cimbró también las estructuras cívico-políticas de un país que batallaba ya para encontrar una salida al nudo ciego de la estabilidad a toda costa que había impuesto a lo largo de décadas el régimen priista y que de alguna manera se justificaba bajo el pretexto de la eficacia, del poderío y la capacidad del gobierno para atender los principales retos nacionales. Si bien ese mito ya estaba desgastado tras las sucesivas crisis financieras de fin de sexenio de Echeverría en 1976 y de Lopez Portillo en 1982, fue más notoria su incapacidad para atender lo que era sí un desastre natural, pero también un asunto en el que de cualquier autoridad se espera ver que se agrande frente a la adversidad, cosa que claramente no sucedió, y que la gente por todos lados notó.

Y fue así como se comenzó a escribir una de las páginas más relevantes de la sociedad mexicana en tiempos recientes, la del momento en que por necesidad, ante el vacío de autoridad y de autoridades, los ciudadanos, los jóvenes y hasta los niños tomaron su propio destino en sus manos, se encargaron de tareas de rescate, de acopio y distribución de alimentos, ropa y medicinas, armaron sus campamentos de ayuda primero y de supervivencia después, sacaron a sobrevivientes de los escombros tras haber removido una a una, en largas cadenas humanas, las piedras que los tenían atrapados, de la misma manera en que, inconscientemente al principio, levantaban una a una las lozas del paternalismo gubernamental y de la pasividad ciudadana que hasta entonces eran el sello de nuestro país.

No se estilaba en ese tiempo en México hablar de la sociedad civil, pero fue sin duda ahí donde se forjó un ánimo, un espíritu de participación social y de corresponsabilidad ciudadana que poco antes estaba tal vez latente, pero que no se observaba más allá de casos aislados, casi individuales, que rayaban en lo heroico, así como fue heroica la respuesta de la sociedad mexicana en un momento que auténticamente puso a prueba no solo al gobierno, sino al país todo.

No creo exagerado afirmar que es el 19 de septiembre de 1985 cuando se plantan las semillas de lo que vendría a ser la rebelión de los votantes en 1988 que estuvo a un tris de acabar con la hegemonía electoral del PRI y que demostró que el coloso no solo era ineficiente en sus tareas de gobierno: más importante aún, era vulnerable en las urnas con todo y sus malas prácticas de entonces. A partir de ahí, el sistema de partido casi único estaba herido de muerte.

Hoy, en medio de las celebraciones y las lamentaciones del Bicentenario, agobiados como estamos todos por la violencia que sacude diariamente al país, conviene que regresemos la mirada un poco al pasado reciente, a ese en el que todo parecía condenado por siempre a permanecer igual, y que se transformó en la nación democrática, plural y vibrante que es hoy México. Con problemas enormes, con grandes rezagos y retos, pero sin duda un país mejor que el que éramos hace apenas un cuarto de siglo.

Político Potemkin

Denise Dresser
Reforma

La palabra "Potemkin" se usa para describir una fachada diseñada con el objetivo de tapar hechos indeseables. El vocablo proviene de una actividad asociada con el príncipe Potemkin, quien erigió pueblos de cartón para impresionar a la emperatriz Catherine II durante su visita a Crimea en 1787. Pero detrás de las hermosas fachadas no había absolutamente nada. Todo era una aparatosa construcción erigida con el objetivo de engañar, tapar, ocultar. En México tenemos ahora a un político Potemkin que intenta hacer lo mismo. Enrique Peña Nieto ha armado una carrera política que recurre a los mismos métodos usados por el noble ruso. Usa la televisión para encantar. Usa la propaganda personal para seducir. Usa al Congreso local para apuntalar sus ambiciones presidenciales. Todo ello esconde una realidad que es posible vislumbrar atrás de la fachada y debajo del copete.

Es la realidad de un hombre temeroso, un político miedoso, un candidato que se ve obligado a pasar leyes a modo para limitar la competencia a la cual no se quiere enfrentar. La "Ley Peña" que elimina las candidaturas comunes en el estado de México desnuda al cobarde que el gobernador mexiquense lleva dentro. Alguien que en situaciones de emergencia piensa con las piernas, como dijera famosamente Ambrose Bierce. Alguien que prefiere ser percibido como pusilánime antes que correr el riesgo de que el PRI pierda la elección y él pierda la Presidencia. Peña Nieto opta por eludir en vez de enfrentar; opta por imponer en vez de competir; opta por violar el espíritu de la democracia con tal de ponerla a su servicio. Escondido tras la fachada del modernizador, asoma el autócrata.

Y sí, Peña Nieto usa el vocabulario del nuevo PRI pero una y otra vez recurre a las tácticas autoritarias del partido que lo parió. Denosta las candidaturas comunes y tan sólo ocho días después logra que el Congreso mexiquense las elimine. Critica "la lucha del poder por el poder mismo" e incurre en aquello que ve con tan malos ojos. Ataca a quienes promueven "una democracia sin contenido" mientras se erige en su principal artífice. La "Ley Peña" huele a viejo, a rancio, a prácticas priistas del pasado que el gobernador promete haber superado. Argumenta en su Quinto Informe de Gobierno que sería un error equiparar el regreso del PRI con una regresión, y luego cambia las reglas del juego en su estado para constatar precisamente eso. Argumenta que aspira a una renovación de fondo, para después demostrar que nunca ha creído en ella.

En la película High Plains Drifter, Clint Eastwood dice "es lo que un hombre sabe de sí mismo lo que lo atemoriza". Y Peña Nieto acaba de demostrar que teme una alianza PAN-PRD en el estado de México. Teme perder el semillero de votos priistas que su entidad tendría que proveer en la contienda presidencial. Teme perder la candidatura que con tanto esmero Televisa le ha ayudado a edificar. Teme no ser el político imbatible por el cual 7 de cada 10 priistas votarían según encuestas recientes. La aterroriza saber que sin una victoria en el estado de México en el 2011 no habrá un arribo a Los Pinos en el 2012.

Algunos dirán ante la clausura de las candidaturas comunes que el fin justifica los medios, que en el fondo se trata de una sofisticada estrategia electoral, que Peña Nieto está siendo pragmático y no miedoso. Pero la falta de una buena explicación tan sólo comprueba la cobardía, tan sólo subraya la ausencia de una buena espina dorsal. Y ojalá que el descubrimiento del político Potemkin lleve al escrutinio de todo lo demás que esconde. El estado de México convertido en territorio Barbie. El caso de Paulette y la incompetencia política que demostró. Los decapitados en La Marquesa y la falta de explicaciones convincentes al respecto. Los secuestros, las extorsiones, los robos y la criminalidad que corroe a la casa mexiquense. El hecho de que 60 por ciento de los encuestados señala la inseguridad pública como el problema principal que Peña Nieto no ha logrado encarar. La larga lista de problemas estructurales que han sido enterrados por el pueblo Potemkin presentado en la pantalla. Allí sólo hay éxitos, aplausos y compromisos cumplidos por un político de cartón.

El miedo que Peña Nieto ha intentado ocultar puede tener efectos paradójicos. El temor no sólo anticipa la mala fortuna; puede precipitarla. Al obstaculizar las candidaturas comunes, el mexiquense le está abriendo la puerta a la única opción que le queda tanto al PAN como al PRD. Una coalición con una plataforma común. Una candidatura fortalecida por metas compartidas y objetivos preestablecidos. Una alianza más fuerte incluso que las forjadas en Puebla, Oaxaca y Sinaloa. Si el objetivo en esas entidades fue remover cacicazgos, en el estado de México el imperativo se vuelve evitar que ocupen la silla presidencial. Parar al político Potemkin y evidenciarlo. Frenar al candidato de cartulina y revelar cuán frágil es. Recordarle que su carrera política es una creación de Arturo Montiel y jamás perder la oportunidad de preguntarle a su progenitor: ¿qué tal durmió?

Confundiendo el IVA

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Pocas cosas pueden enredar tanto las decisiones políticas de un país como confundir los principios con los instrumentos.

Confundir, por ejemplo, la educación con el presupuesto destinado a financiarla. O el salario remunerador de los trabajadores con los sindicatos que lo litigan. O el patrimonio petrolero de México con Pemex.

La educación, el salario remunerador, el patrimonio petrolero son aspiraciones y necesidades del país, principios de política pública a los que no puede renunciarse.

El presupuesto educativo, los sindicatos de trabajadores o Pemex son instrumentos que deberían estar sujetos a permanente revisión y cambio, según sus resultados.

Sucede igual con los impuestos. Lo fundamental es que el Estado tenga ingresos suficientes para cumplir sus obligaciones públicas: educación, salud, infraestructura, seguridad. Y que cumpla.

No hay que confundir esta necesidad de recursos y este principio de eficacia con los instrumentos para obtenerlos: el impuesto sobre la renta, los impuestos sobre derechos especiales o el impuesto al valor agregado.

Llevamos años combatiendo el IVA como un asunto de principios. Y el IVA generalizado como cosa del demonio.

Apenas puede pensarse en una renuncia más ciega y de mayores consecuencias para la salud fiscal de la República.

En una economía en la que más de la mitad de los trabajadores son informales, es decir, no pagan impuestos en su lugar de trabajo, renunciar como cuestión de principio a los impuestos al consumo es pegarse un tiro en el pie.

El único lugar donde se cumple el supuesto constitucional de que los impuestos deben ser universales, es decir: el único lugar donde todos los mexicanos pagan impuestos es cuando consumen: cuando pagan el IVA.

Pero el IVA está lleno de excepciones: a medicinas y alimentos, a periódicos y revistas, a instituciones educativas, a inversiones inmobiliarias. Los muchos agujeros al impuesto hacen que carezca de universalidad y permiten muchas fugas legales del pago.

La tendencia debería ser a generalizarlo, a quitarle excepciones y buscar mecanismos que compensen sus efectos regresivos, mediante devoluciones en efectivo a los niveles de ingreso más afectados.

La tendencia, sin embargo, es a seguir satanizando el instrumento, y el batallón de vanguardia en esto, hoy por hoy, es la bancada del PRI en la Cámara de Diputados.

Se confunde, creo, el principio con el instrumento, y los priistas serruchan el piso en el que quieren estar parados a partir de 2012.