septiembre 21, 2010

'IVA 15 %' por Paco Calderón



Se unen productores de cannabis





Publimetro

Los trabajadores gozan de seguro médico, pensión y vacaciones.

Uno de los sindicatos más poderosos de Estados Unidos afilió a 40 nuevos miembros que aglutina al primer grupo de cultivadores de marihuana sindicalizados.

Los nuevos agremiados trabajan como jardineros y cultivadores de Marjyn Investments en Oakland. La empresa mantiene contratos con los pacientes que utilizan la marihuana como tratamiento medicinal.

"Yo no tenía planeado esto cuando me sindicalicé hace 34 años", dijo Lou Marchetti, quien fungió como enlace entre los productores y los teamsters en Oakland.

Junto con el nuevo contrato de dos años viene una pensión, vacaciones pagadas y seguro médico. Los salarios también serán los actuales de 18 dólares la hora a 25.75 la hora, dentro de 15 meses.

Marchetti aseguró que el sindicato no estaría involucrado con los productores de la hierba, si no creyeran que su actividad es legítima y cumple con las leyes.

Peña Nieto se regresó a 1990

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

Los olores de la contrarreforma electoral en el Estado de México nos remiten a una historia pasada que ahora regresa al escenario político. La lógica de adecuar el sistema electoral a la conveniencia de uno de los actores en detrimento de otros, se llama simple y sencillamente una regresión autoritaria. Las reformas electorales a modo, ya sea a nivel federal o en los estados, fueron un recurso del viejo régimen. Lo que se aprobó el pasado 14 de septiembre es un acto de este sistema que no se ha ido —estaba adormilado— y ahora regresa con fuertes impulsos restauradores.

Al terminar la conflictiva sucesión presidencial de 1988, el PRI, que había sido vapuleado por la candidatura común de Cuauhtémoc Cárdenas que sostuvieron 4 partidos políticos, se dio a la tarea de arreglar las reglas de competencia. La pluralidad, que ya era una realidad para ese momento, no tenía canales adecuados para expresarse libremente. En la lógica gubernamental había que generar nueva legitimidad para los instrumentos electorales, para lo cual se creó el IFE y se hicieron otras modificaciones en la dinámica de organizar comicios; no se perdió el control de los organismos electorales, pero se estrenó un nuevo marco institucional. Lo que se tenía claro en el salinismo era que la amenaza que produjo la candidatura de Cárdenas no se repitiera. Para ello, en la reforma de 1990 se establecieron candados y obstáculos en la formación de alianzas y coaliciones y, además, se estableció un artificial sistema de mayorías para que el partido dominante, en ese momento el PRI, no tuviera problemas para formar una mayoría.

La historia de las reformas electorales de los últimos 30 años está repleta de esta lógica: abrir algunas partes del sistema, pero mantener el control; controlar los daños, es decir, la caída del voto priísta, por la vía del ajuste a las reglas del juego para mantener las ventajas. Exactamente en eso piensa Peña Nieto al impulsar los cambios al Código Electoral del Estado de México, que ya se ganó el apodo del Góber Miedoso. La defensa del PRI dice que la misma reforma la han tenido más de 20 estados, como en Guanajuato, en donde el PAN hizo una operación similar. Mal de muchos...

El 2012, para el PRI y su posible candidato, pasan por el triunfo de las elecciones locales en el Edomex el 3 de julio de 2011. La experiencia exitosa de las alianzas este año entre PRD y PAN en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, fue como una pesadilla para los priístas. La posibilidad de que se repitan estas experiencias en 2011 ha llevado a elaborar una estrategia que se inició con la descalificación en el Quinto Informe de Peña Nieto, luego, en la contrarreforma electoral que desapareció las candidaturas comunes y redujo el tiempo de campaña, entre otras modificaciones que benefician al partido gobernante en la entidad más poblada del país. Con estos movimientos y los que sigan, queda establecido que el PRI está dispuesto a regresarnos en el tiempo de las contrarreformas para volver a Los Pinos en el 2012. Ya Beatriz Paredes dijo que promoverán la “Ley Peña” a nivel federal.

Esta contrarreforma, que restringe derechos y posibilidades para beneficiar al partido gobernante y a los intereses de Peña Nieto, fue aprobada además del PRI, por el PVEM (que la promovió), Nueva Alianza y Convergencia, y votaron en contra el PRD, el PT y el PAN. La siguiente fase de esta historia tiene que ver con el litigio que se dará en el espacio jurisdiccional. Los opositores a la reforma han señalado que la impugnarán ante la SCJN.

En estos momentos la posible alianza es sólo una idea que todavía no se concreta. Hay que señalar que las alianzas PRD-PAN tienen no sólo a los priístas en contra, sino también a grupos internos dentro de cada uno de los partidos. El panorama más complicado parece estar en el PRD, en donde varios grupos y corrientes abiertamente se han opuesto a la posibilidad de una alianza con el panismo. En el blanquiazul también hay algunas voces en contra de las alianzas con el perredismo. En caso de que la contrarreforma siga vigente, la polémica alianza opositora tendría que hacerse mediante una coalición, figura que obliga a un programa común y restringe el número de representantes, así como el financiamiento, pero al mismo tiempo, abre el reto de hacer un programa de gobierno que supere la fase electoral y establezca un proyecto para gobernar el estado de México.

La historia de la elección en el Estado de México sólo está en la etapa de preparación; ya se modificaron las reglas, pero falta casi todo por definirse…

Legislando a modo

María Amparo Casar
Reforma

El estado de México acaba de prohibir las candidaturas comunes para las elecciones: un candidato no podrá ser postulado por más de un partido si sus institutos políticos no hacen una coalición electoral.

La medida ni es ilegal ni es para rasgarse las vestiduras. Más allá de nuestras preferencias, es exagerado considerarla una regresión. La Corte ha resuelto que tal medida no atenta contra la libertad de asociación y 20 estados más -gobernados por distintos partidos- contemplan esta prohibición.

Lo preocupante es la ausencia de convicciones. El PRI ha defendido y hecho uso extenso de la figura de candidatura común según las circunstancias por las que atraviesa en cada momento, sin reparar como se repara hoy en el hecho de que "confunden al electorado" o "introducen inequidad en la contienda" o son una amenaza equivalente al crimen organizado.

Lo alarmante es lo que esta reforma revela de la conducta de los políticos -no sólo del PRI- y de la desesperanza de algún día tener un marco institucional estable y que no responda a la posición política que cada partido ocupa al momento de la reforma. Un marco que revele la convicción de que ganes o pierdas, de que estés o no en el poder, de que tengas o no la mayoría, es un marco institucional respetable, confiable y eficaz.

Ejemplos de reformas hechas a modo sobran. Somos de memoria corta pero no hace mucho tiempo (1999) se redujo la edad para acceder al Senado -de 30 a 25 años- con el único objeto de que el hijo del entonces líder del Partido Verde pudiera ser senador. Entonces, se legisló ad hominen: hacían falta los votos del Verde y se cedió a un capricho. La mayoría panista en Guanajuato hace un par de años también prohibió las candidaturas comunes porque así les convenía en el momento. En el Distrito Federal, el PRD sigue sosteniendo la cláusula de gobernabilidad. El año pasado el PRI aceptó elevar un punto en el IVA a cambio de que no hubiera alianzas electorales en las elecciones estatales.

No hay duda de que con excepciones notables los líderes políticos mexicanos tienden a comportarse pensando en sus intereses políticos inmediatos, atendiendo a lo que les conviene en el momento y sin reparar en las consecuencias futuras de sus actos.

Ahora ocurre lo mismo. No sé si Peña Nieto tenga miedo de que un candidato común -como ocurrió en Oaxaca, Puebla y Sinaloa- pueda derrotar a quienquiera que vaya a ser su delfín a la gubernatura del Edomex, pero sus recientes iniciativas y declaraciones apuntan a ello. Revelan al típico político mexicano que guía sus acciones por el interés individual inmediato, en particular, por su condición de precandidato a la Presidencia.

A la prohibición de las candidaturas comunes, que además se hizo a iniciativa del PVEM como para taparle el ojo al macho, se une la propuesta de establecer, no como se ha dicho la cláusula de gobernabilidad, pero sí una que eleve el tope de sobrerrepresentación al 16%. Otra vez, siendo que el estado de México cuenta actualmente con uno de los sistemas más proporcionales, sorprende que se busque disminuir la pluralidad lograda, aunque habría que aceptar que de esta manera se evitaría recurrir a medidas más burdas como aquellas a las que recurrieron sus correligionarios en Oaxaca, Puebla y Coahuila, quienes contaban con cómodas mayorías en sus Congresos locales: adelantar el juicio político, mover la fecha para la revisión de la cuenta pública o nombrar a un auditor superior a modo para un periodo transexenal. Todas ellas para proteger la impunidad de los gobiernos salientes.

También se propone la reducción del tiempo de campañas a sabiendas de que el PRI es el partido mejor posicionado y necesita menos tiempo que resto de los partidos para posicionarse ante el electorado.

Preocupa que el puntero en todas las encuestas, el más conocido y popular de los políticos para ser el próximo Presidente, aquel que ha tejido con gran eficacia los apoyos del dinero, los medios y los electores, y quien se ha querido posicionar como audaz y modernizador en lo económico, se deje ver como temeroso y conservador en lo político. Contrastan estas iniciativas con el carácter, aquí sí modernizador, de su agenda bicentenario en materia económica, que incluye propuestas importantes como la reconducción presidencial, la Ley de Fomento Económico, la de derechos humanos, la del sistema de planeación, la de reglamentación de servicios de seguridad privada o la de ciencia y tecnología.

¿Apertura económica y cerrazón política? ¿Perestoika sin Glasnost?

La receta de Tony Blair

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

El político de la alguna vez glamorosa “tercera vía”, Tony Blair, ha publicado un libro de memorias, A Journey (Un viaje), que la crítica ha recibido a palos.

Tanto por lo que calla como por lo que dice, el voluminoso ejercicio de “memoria interesada” de Blair ha merecido severos juicios literarios y morales, entre ellos el de Carlos Fuentes.

No he leído el libro ni lo leeré, pero sí la crítica de John Lanchester en The New Yorker (sept. 13, 2010) que juega desde la cabeza título con una alusión crítica: The Which Blair Project (“El cuál proyecto de Blair”) en referencia a un clásico reciente del horror fílmico: The Blair Witch Project (“El proyecto de (filmar) la bruja Blair”)

Las citas textuales en que incurre Lanchester son, sin embargo, extraordinarias y dan cuenta de un político de habilidades muy superiores a las que su libro de memorias, según el propio Lanchester, alcanza a revelar.

Por ejemplo, el comentario de Blair, helado y al punto, sobre la línea de identidad profunda que lo unía con Lady D y que le permitió entender el significado y la importancia de su muerte:

“Los dos éramos a nuestra manera gente manipuladora, capaces de percibir con rapidez las emociones de los otros y de jugar instintivamente con ellas.”

Así retrata Blair los dones y carencias de Gordon Brown, su Caín y sucesor: “Cálculo político, sí. Sentimientos políticos, no. Inteligencia analítica, toda. Inteligencia emocional, cero”.

Nada tan penetrante y rico, sin embargo, como la descripción que el propio Blair hace en el libro sobre el corazón de la estrategia política, que le permitió derrotar uno tras otro a los grandes líderes del Partido Conservador. El párrafo vale por una consultoría para el 2012 mexicano.

Escribe Blair:

Después de mucho pensarlo, desarrollé para cada líder conservador una sola línea de ataque. Así, definí a Major como débil; a Hague como chistoso pero sin sustancia; a Howard como oportunista; a Cameron como una veleta que no sabía adónde ir... Dichos así estos ataques parecen planos, casi triviales y no muy inspiradores, pero esa es su fuerza. Cada uno de esos cargos, si llega a ser creído, es fatal de necesidad. Claro, no es como decirle a tu adversario mentiroso, o fraudulento, o malvado o hipócrita, pero el votante medio suele alzarse de hombros ante estos reclamos. No timbran. Están demasiado arriba, son muy pesados y representan un insulto, no un argumento. En cambio, el cargo menor, porque es más preciso y justamente porque es de menor potencia, puede pegar. Y si pega, ya estuvo. Porque en cada caso significa que el acusado no es un buen líder. Fin del juego.