septiembre 25, 2010

'Hoy por hoy' por Paco Calderón



Las llamadas de Godoy

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Las grabaciones fueron obtenidas por el equipo de inteligencia de la Secretaría de Seguridad Pública, a cargo de Genaro García Luna, y fueron aportadas por éste a la averiguación previa iniciada por la PGR, con el número PGR/SIEDO/UEYDCS/205/2009

¿Qué negoció el PRD con el PRI, para que este partido ayudara a que Julio César Godoy tomara protesta como diputado federal?

En el expediente judicial que la PGR tiene abierto en contra de Julio César Godoy Toscano, obran varias conversaciones telefónicas entre el ahora diputado federal y Servando Gómez, La Tuta, presunto líder del cártel de La Familia Michoacana. En esas grabaciones, obtenidas mediante espionaje telefónico, se escucha al flamante legislador hablar con gran familiaridad con el capo, al que se refiere en varias ocasiones como Tío, y al que le pide apoyos, lo mismo para financiar una campaña que para “poner quieto” a un periodista local de Michoacán.

Las grabaciones fueron obtenidas por el equipo de inteligencia de la Secretaría de Seguridad Pública, a cargo de Genaro García Luna, y fueron aportadas por éste a la averiguación previa iniciada por la PGR, con el número PGR/SIEDO/UEYDCS/205/2009. Según la SSP, Godoy hablaba con cierta regularidad con La Tuta y tenía con él tratos que tenían que ver con su proyecto político en Michoacán. Es en esas llamadas en las que se fincan las acusaciones por vínculos con la delincuencia organizada que se atribuyen al hermano del gobernador michoacano, Leonel Godoy.

En los audios se escucha la voz de quienes, según García Luna, son Godoy y Servando Gómez sosteniendo varias pláticas. En una de ellas, Julio César le reporta al líder de La Familia cómo van las campañas políticas de varios candidatos a alcaldes de municipios michoacanos, y se habla lo mismo de políticos del PRD que del Partido Verde. Se escucha al presunto narcotraficante comentarle a Godoy que le pida al gobernador que interceda en el ámbito federal para que “nos deje de estar chingando la Policía Federal”.

En otro fragmento de llamadas, escuchadas por este columnista, se oye a Godoy Toscano comentarle a La Tuta de un periodista michoacano “que nos está chingando mucho. A ver si nos lo puede arreglar Tío porque, sabemos que él trabaja con usted pero no nos hace caso”. “No te preocupes —le dice Servando a Godoy— yo hablo con ese cabrón y lo arreglo”.

Todas esas llamadas forman parte de la investigación contra el diputado Godoy Toscano y son la base de la orden de aprehensión girada en su contra y que no pudo cumplimentar en casi un año la PGR. También obran en el expediente, declaraciones de un testigo protegido, que bajo el nombre de “Emilio”, afirmó que en una conversación que tuvo con un tal Santiago, a quien se refiere como yerno de Servando Gómez La Tuta, quien además es policía de Caminos, éste le dijo: “Mi suegro se codea con políticos chingones; tiene muy buen paro con Julio Godoy, medio hermano del gobernador. Le resuelve cualquier problema que tenga...”

La duda que surge es ¿por qué entonces, con todos esos elementos en contra, la PGR no pudo detener en varios meses a Godoy Toscano y prácticamente le dio el tiempo y la libertad de obtener el amparo que le permitió tomar protesta como diputado? ¿No lo ubicaron o no lo quisieron ubicar?

También sería interesante saber qué negoció el PRI con el PRD para apoyar la protesta de Godoy Toscano. Porque, conociendo el modo de operar de los priístas, que dirán que avalaron la protesta y el encubrimiento al nuevo diputado por ser un “asunto de legalidad”, lo más seguro es que hayan pactado algo con los perredistas a cambio de ayudar a que se diera la protesta del perredista. Ya hay quien señala que detrás de esa negociación, que podría hacerse extensiva al juicio de procedencia que ya anuncia el gobierno federal pedirá en contra del diputado Julio César, está una petición muy concreta de los priístas al PRD: que no vaya en alianza con el PAN en los comicios locales del Estado de México el próximo año. ¿Será posible tanto pragmatismo para permitir que un hombre acusado y con una averiguación penal abierta se convierta en legislador federal y obtenga la cuestionada protección del fuero constitucional?

CUCHILLOS LARGOS EN PRI Y PRD

Los ajustes que dejaron las elecciones locales del pasado 9 de julio todavía no terminan, y en los casos concretos del PRI y el PRD, las derrotas de aquellos comicios provocarán expulsiones y rupturas de militantes de alto nivel, acusados de “traición” a sus partidos, por haber apoyado a candidatos de otras fuerzas políticas.

Hoy podría estallar el primer caso de expulsión en el PRD, cuyas comisiones internas ya emitieron un dictamen para retirar su militancia a los senadores Tomás Torres y Raymundo Cárdenas, además de a los políticos zacatecanos Juan José Quirino y Eleazar Camerino. A todos ellos los acusan de haber “traicionado” al perredismo y haber violado los estatutos internos que prohiben a militantes de ese partido promover o hacer campaña por candidatos de otras fuerzas políticas.

Anoche el dictamen fue enviado a los cuatro políticos involucrados en ese juicio interno promovido por la ex gobernadora de Zacatecas, Amalia García y por su corriente Foro Nuevo Sol, de la que es integrante la secretaria general del PRD, Hortensia Aragón. En el documento se les comunica a esos perredistas la decisión de expulsarlos con base en la normatividad.

En el caso del senador Tomás Torres, éste analiza la posibilidad de acudir al Tribunal Electoral federal para pedir que se revise el juicio. El último de esos juicios sonados en el PRD fue el del senador Ricardo Monreal, quien logró que los magistrados federales rechazaran el dictamen con el que fue expulsado de la militancia perredista, sólo para después renunciar él mismo y sumarse al PT.

En el PRI hay también un caso de expulsión en marcha en contra del diputado José Murat, a quien un supuesto consejero político, cuya identidad es difusa, acusó ante la Comisión de Honor y Justicia del CEN priísta de haber apoyado al candidato aliancista en Oaxaca y hoy gobernador electo, Gabino Cué. A diferencia de los perredistas, Murat no esperó a que el proceso avanzara y en cuanto supo de la denuncia en su contra presentó una denuncia ante el Tribunal Electoral, al que pide proteger sus derechos políticos. Murat niega los señalamientos de apoyo a Gabino.

En ambos casos, el de los perredistas y el del priísta Murat, es muy posible que el Tribunal Electoral federal y sus magistrados terminen dando la razón a los militantes, como ha sucedido en la mayoría de los juicios de ese tipo, y que lo que resulte sea un revés para las dirigencias partidistas que aplican las expulsiones de manera selectiva.

Punteros

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

Una encuesta es una foto que contiene información relevante. Quién adelanta en las preferencias, cuáles son los puntos fuertes y vulnerables de cada uno de los candidatos y hacia dónde se orientan

Ya se sabe. Una encuesta es como una foto. No constituye una tendencia. Ni tampoco es un libreto de lo que ocurrirá fatalmente. Los ánimos y las condiciones cambian.

Pero la instantánea contiene también información relevante. Quién adelanta en las preferencias, cuáles son los puntos fuertes y vulnerables de cada uno de los candidatos y hacia dónde se orientan.

Las buenas noticias de la última encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica -sobre preferencias electorales- son para Peña, Ebrard y Creel.

Si las elecciones fueran hoy, el candidato del PRI obtendría 50 por ciento, contra 14 por ciento de Santiago Creel y 10.3 por ciento de Marcelo Ebrard. Ellos son, por el momento, los punteros.

Pero además, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México se sitúa como un candidato más competitivo que López Obrador (que sólo obtendría 9.8 por ciento) y con mayores simpatías (40 contra 30 por ciento) para ser el candidato del PRD a la Presidencia de la República.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. A la siniestra los dados están echados. La fuerza de López Obrador es enorme y desde ahora se pue- de vaticinar que será el candidato de la coalición de izquierda en el 2012.

El poder de AMLO reside en su popularidad y en una ventaja estratégica. La gente lo conoce desde antes de la campaña del 2006 y la persistencia con que enfrentó la derrota no tiene precedente. En los últimos años ha recorrido todo el país, municipio por municipio, y ya está de nuevo al frente de su movimiento.

Pero es sólo la mitad de la ecuación. El as bajo la manga está en su terquedad o persistencia, como se quiera. Su resolución es a prueba de razonamientos y encuestas. Poco importa que confirme un pacto de caballeros con Ebrard o que reitere que el candidato de la izquierda unida será el que resulte mejor posicionado.

Su convicción real es doble. La elección le fue robada en 2006. La reivindicación en 2012 es una cuestión de honor. Además, está convencido de que sólo él puede encabezar un gobierno de purificación nacional que rescate al país de la mafia que lo mantiene secuestrado.

De ahí la responsabilidad y mandato histórico -con tintes divinos- que lo obliga y que no puede romper sin traicionarse a sí mismo. Y de ahí, también, que no escuche advertencias ni razonamientos. Para él es todo o nada. Así de simple.

Por eso, al final del día, será candidato a la Presidencia de la República. Su ultimátum a Marcelo Ebrard y a las fracciones que lo apoyan ya está escrito: yo seré candidato llueva o truene, decidan ustedes si la izquierda irá dividida o unida bajo mi liderazgo a la elección presidencial.

Y en ese momento, como las murallas de Jericó bajo el sonido de las trompetas, todas las corrientes perredistas se derrumbarán y se alinearán bajo el manto del rayito de esperanza.

A menos, claro está, que Ebrard, Camacho y "Los Chuchos" decidan jugarse el todo por el todo y producir un cisma mayor que el de la Iglesia Ortodoxa de Alejandría -cosa que se antoja imposible-.

El otro que recibió un espaldarazo fue, sin duda alguna, Santiago Creel. Con él ocurre, toda proporción guardada, un fenómeno parecido al de López Obrador. La gente lo conoce desde la precampaña del 2006 y a partir de su derrota empezó a reconstruir su imagen hacia el 2012. Tiene, por lo tanto, una fuerte presencia entre los militantes de Acción Nacional.

La ventaja que lleva en el interior del PAN sobre el resto de los precandidatos es enorme: Creel, 42 por ciento; Manuel Espino, 7 por ciento; Josefina Vázquez Mota, 7 por ciento; Ernesto Cordero, 4 por ciento. Sería absurdo, sin embargo, concluir que el ex secretario de Gobernación ya ganó la contienda.

El talón de Aquiles de Creel está expuesto en la misma encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica. Es, por una parte, el precandidato mejor posicionado en el interior de Acción Nacional, pero, por la otra, la diferencia que lo separa de Peña Nieto es enorme (36 puntos).

Por eso sus adversarios repetirán y sembrarán a diestra y siniestra una advertencia: Creel es un candidato fuerte al interior del PAN, pero jamás ganaría la elección constitucional.

Algo parecido se decía de Madrazo en 2005 y el pronóstico se cumplió cabalmente. El obstáculo no es, pues, menor. Y menos aún en un partido como Acción Nacional donde los debates y los cambios de humor son fuertes.

Así que, a diferencia de lo que ocurre en el PRD, en Acción Nacional el pronóstico es reservado. Faltan muchas cosas por ocurrir. Entre otras que se definan con claridad los contendientes por la candidatura y qué efectos tendrán sus aspiraciones dentro y fuera de Acción Nacional.

Por otra parte, la situación del PAN -como partido- es extremadamente complicada. El desgaste en estos 10 años ha sido enorme. Las derrotas en el 2009 y 2010 fueron apabullantes. El PRI gobierna en 19 de las 32 entidades de la República y es puntero hacia el 2012.

El tercer y mayor espaldarazo lo recibió Peña Nieto. No sólo lleva amplia ventaja en la elección abierta, sino que en el interior del PRI parece imbatible (Peña, 68 por ciento; Paredes, 11 por ciento; Fidel Herrera, 5 por ciento, y Beltrones, 2.5 por ciento).

En política, sin embargo, no se puede decir este arroz ya se coció hasta que se cuece. No hay que adelantar vísperas. Pero la verdad es que Peña Nieto, a menos que ocurra algo extraordinario, parece imparable.

Con una apostilla: el gobernador del estado de México ya alcanzó el punto máximo tanto dentro como fuera del PRI, y será durante el próximo año el blanco perfecto para panistas, perredistas y... priistas. Así que tarde o temprano las tendencias se ajustarán a la baja.

Bicentenario latinoamericano

Andrés Pascoe Rippey (@Andrespascoe)
apascoe@cronica.com.mx
Invasión retrofutura
La Crónica de Hoy

Enamorados, como somos, de nuestro pesimismo crónico, los mexicanos estamos en la cruda del Bicentenario independentista totalmente bajoneados. No es para menos: los últimos años han acumulado más decepciones, divisiones y violencia de lo que jamás imaginamos. Todo comenzó al cumplirse el año 2000, iniciando la transición democrática, cuando México se sentía listo para empezar a caminar hacia un país mejor.

Como sabemos ahora, haber escogido a Vicente Fox como primer presidente no priista en 70 años fue una decisión desastrosa. Con él y su frívolo gobierno comenzó a establecerse esa sensación de fracaso social, político y económico que hoy vivimos con tanta nitidez.

No son pocas ni irrelevantes las voces que nos llaman a sacudirnos el pesimismo y ver al menos con equilibrio lo que ha hecho México en los últimos doscientos años. Dicen que México está mejor que nunca, y que hubo épocas infinitamente peores. No les falta razón, pero también está claro que México no es, ni por asomo, el país que podría haber sido.

Tenemos en nuestro haber al menos dos décadas perdidas, décadas en las que hubo nulo desarrollo económico y social. Son las décadas en las que se gesta dentro de la sociedad el germen del crimen organizado, fertilizado por la frustración ante las dificultades para salir adelante y regado por la irritación con la corrupción gubernamental.

La violencia que vivimos hoy no empezó ni con este gobierno ni con la guerra de Felipe Calderón: comenzó con décadas de oportunidades perdidas y de abandono social.

Pero nuestra tragedia no es ni única ni debe ser analizada desde una perspectiva aislada, como si fuéramos una isla. Muy al contrario: debemos entendernos como parte de un proceso histórico continental, en el que las múltiples y diversas sociedades latinoamericanas han también encontrado enormes dificultades para encontrar el camino del progreso, entendido desde la perspectiva pequeño burguesa dominante.

Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Venezuela y Chile también iniciaron sus independencias ese emblemático 1810, y todos los países han enfrentado una reflexión similar: ¿hemos logrado ser realmente independientes?

Cada país tiene enormes matices bicentenarios, pero todos somos parte de un mismo esfuerzo de identidad y progreso. Además de nuestro Bicentenario, hay dos que me llaman mucho la atención y merecen ser comentados: Argentina y Chile.

El argentino es interesante porque se da en medio de un momento de extrema polarización política. Cristina Fernández, presidenta de ese país, ha sido poco tímida para enfrentarse con los poderes que considera nocivos, muy en particular los oligopolios del riquísimo campo argentino y el poderoso grupo multimedios Clarín.

Confieso que, con todas las muy válidas críticas que recibe Fernández por su manejo del gobierno, hay cosas que ha hecho que son históricas. Su voluntad de enfrentar el control mediático que hay en Argentina, a pesar de la virulentísima campaña contra ella —sólo comparable con lo que TV Azteca y Televisa hicieron contra Cuauhtémoc Cárdenas cuando estaba en el GDF o El Mercurio contra Salvador Allende— ha permitido construir una de las legislaciones más avanzadas y democráticas sobre medios en América Latina. Sé que mucha gente no lo ve así, y entiendo por qué: El Clarín ha creado la imagen de mártir en medio de una ofensiva gubernamental. La verdad es otra: un monopolio informativo encamado con los poderes fácticos perdió influencia, y eso siempre es bueno.

En medio de esa cruenta pelea política y social, los argentinos llegaron al bicentenario y se redescubrieron hermanos. El ambiente de unidad nacional, de fraternidad y de integración se sintió en todo el país, según muchos testimonios distintos que he escuchado.

Pocos días después, en Chile, la historia fue distinta. El presidente Sebastián Piñera enfrenta una oposición tan leal que casi podría llamarse sumisa. La concertación está todavía tratando de encontrarse a sí misma, mientras la Democracia Cristiana trata de amigarse con el presidente y el resto de la oposición busca definirse, siempre temerosa de enojar a los poderosos. En ese ambiente óptimo, Chile vivió un bicentenario algo desangelado, como todo lo que hace Piñera. Bien organizado, sin incidentes, pero también sin alma, sin emoción. Y sobre todo, contaminado por una huelga de hambre que puede llevar a varios mapuches a morir en los próximos días, mientras el gobierno se muestra asombrosamente incapaz de asumir su responsabilidad y hacer su trabajo.

Vemos lo siguiente: hay división y mezquindad política en otros países, pero encontraron en su bicentenario razones para unirse. Hay paz y orden en algunas naciones, pero siguen divididos y desconfiados.

No busco minimizar nuestros problemas ni decir que, dado que hay dificultades en todos lados, estamos bien. Lo que quiero que recordemos es que somos una nación latinoamericana como muchas otras, llena de retos y angustias, con un potencial asombroso y una asombrosa incapacidad de aprovecharlo. Nuestros problemas son inmensos y los años perdidos nadie nos los devolverá. Pero, carajo, sí somos dueños de nuestro destino y somos parte de algo más grande: un continente que también está, como nosotros, buscando su futuro.

Sé que no hay palabras de aliento para lo que sufre la gente. Sin embargo, quiero pensar que en medio de los días oscuros que vivimos, tenemos hermanos en toda la región que también sufren y que también aspiran a más.

Y quizá juntos tengamos una mejor oportunidad.

Dos en un día

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

En los últimos cuatro años 15 alcaldes han sido ejecutados y de ellos diez se perpetraron en lo que va de 2010.

Sigo analizando lo ocurrido con Julio César Godoy. Inconcebible, como lo escribió ayer Jorge Fernández Menéndez, que hoy aquel esté protegido y facultado para votar las próximas leyes de nuestro país. Qué grave. Cuando el país está en punto máximo en enfrentamiento con el narcotráfico, que un sospechoso de tener nexos con el crimen organizado goce de privilegios legales, peor, cuando esas mismas organizaciones gozan ya de un poder de facto en algunos territorios.

Ayer amanecimos con la noticia del asesinato del presidente municipal de Doctor González, Prisciliano Rodríguez Salinas, uno más de 15 alcaldes que han sido ejecutados en los últimos cuatro años, diez de ellos en los últimos nueve meses. Ramón Mendívil Sotelo, alcalde de Guadalupe, Chihuahua, fue asesinado el 17 de febrero, con él, se abrió el expediente de este año en cuanto a muertes de esta categoría. Le siguieron alcaldes de Hidalgo, Guerrero, Oaxaca, Nuevo León y Tamaulipas. En el transcurso de la tarde de ayer, nos enteramos que Armando Silva Ruiz, alcalde electo de Gran Morelos, Chihuahua, y que tomaría posesión de su cargo el 9 de octubre, también fue atacado ayer por la tarde. Está en coma. Así que la suma va (casi) en 16.

Estas muertes se traducen como un mensaje de las organizaciones del crimen, donde deciden quién debe estar al frente de un gobierno local que, para su mala suerte, está dentro del perímetro de las plazas que tanto pelean. Ahí está su poder, que presumen en cuanta oportunidad tienen, que aterra a la gente y que rebasa a las autoridades. Hablar de las muertes y de cómo éstas han ido incrementando su incidencia, sobra, porque lo sabemos todos, lo leemos, lo escuchamos, lo sentimos. Cuántas personas afectadas por esas 28 mil muertes en cuatro años. Cuánto se han debilitado las instituciones encargadas de impartir justicia. Una ola de violencia que ha llevado a dos estados del país, Chihuahua y Durango, a ser considerados como dos de los territorios más peligrosos del mundo, con una incidencia de 74 asesinatos por cada cien mil habitantes.

El jueves, la cereza del pastel la puso Julio César Godoy Toscano y todos aquellos que permitieron que tomara posesión como diputado federal. ¿A cuántos agentes federales tuvo que librar para llegar al estrado? Si es inocente como asegura, ¿cuál era la necesidad de darse a la fuga, durante nueve meses, y hoy escudarse en el fuero político que le otorga su curul?

Qué mensaje tan peligroso el que se está dando, mientras por un lado las organizaciones criminales ejecutan civiles y funcionarios, por el otro, el que debería estar limpio de dudas y lleno de confianza, le permite a un sospechoso refugiarse en la ley para, irónicamente, no enfrentarla. Con la atenuante de que hablamos de quien se piensa fue operador político de La Familia, aunque lo niegue. La duda, estará ahí el resto de su carrera política y pudo haber sido borrada si hubiera aceptado enfrentar los cargos por la vía legal y no desde el refugio. Lo que sucedió lo entendemos, tristemente, como que hay una probabilidad de que el narcofuero sea también un narcopoder, uno decidido a disparar y facultado para votar en el Congreso.

Y por eso el narcotráfico se siente también habilitado para disparar contra los presidentes municipales que no le acomodan. Contra los periodistas. Y muy pronto, lo hará contra la sociedad civil sin motivos aparentes...

El Chapo, un hombre inteligente y calculador: periodista británico



CIUDAD DE MÉXICO (CNNMéxico) — El narcotraficante mexicano Joaquín El Chapo Guzmán tiene una gran capacidad para hacer negocios y tejer alianzas, al grado de que podría ser el director general de una empresa multinacional que manejara abogados en vez de sicarios, como lo hace su organización criminal.

Así describe el periodista británico-estadounidense Malcolm Beith al líder del cártel de Sinaloa, por quien el Departamento de Estado de Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares.

Beith, quien ha trabajado en medios como Newsweek, Foreign Policy y The News, publicó este mes su libro The Last Narco: Hunting 'El Chapo', The World's Most Wanted Drug Lord (El último narco: cazando a 'El Chapo', el capo más buscado del mundo), en el que hace un recuento de las actividades ilegales de Joaquín Guzmán y dibuja rasgos de su forma de ser.

"Quise hacer un perfil de El Chapo, plasmar un poco de su personalidad… es un hombre muy inteligente, muy calculador, que en otro universo podría haber sido el CEO (director general) de una empresa multinacional que usara abogados en vez de sicarios", comenta el autor en entrevista con CNNMéxico.

Vía telefónica desde Estados Unidos, afirma que en su investigación obtuvo testimonios de casos de corrupción, que incluyen a la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés).

"Encontré alegaciones de autoridades mexicanas que dicen que la DEA ayudó a El Chapo Guzmán a escapar de la cárcel", comenta.

El ex funcionario que hizo esas declaraciones fue Samuel González Ruiz, ex titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), aunque fuentes de la agencia estadounidense lo negaron.

El Chapo Guzmán, de 53 años, se fugó del penal de Puente Grande, en el estado de Jalisco, en enero de 2001. Para salir de la cárcel contó con la ayuda de un guardia, quien lo escondió en un carro de lavandería.

La fuga ocurrió durante del gobierno de Vicente Fox, que ocupó la Presidencia mexicana entre 2000 y 2006.

Beith asegura que actualmente "el narcotráfico en México está muy desorganizado" y que hay una ruptura y fuertes enfrentamientos entre los cárteles. Según el gobierno de Felipe Calderón, desde diciembre de 2006 a la fecha, más de 28,000 personas han muerto en acciones derivadas de la delincuencia.

Recientemente, uno de los antiguos aliados de Guzmán, Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, capturado en agosto, atribuyó a El Chapo la violencia que aqueja a México. Los cabecillas de los cárteles, aseguró La Barbie, hicieron un pacto de no agresión, pero El Chapo lo rompió.

Gracias a entrevistas con policías municipales, funcionarios y miembros del crimen organizado del más bajo perfil, el periodista confirmó una percepción común entre académicos, analistas y ciudadanos: que en México la corrupción permite el tráfico de droga y que el negocio se extienda a otros países.

¿Qué más descubrió Beith en dos años de investigación?

"El Chapo es un hombre muy inteligente", dice el autor. En 1993, cuando fue detenido, y en 2001, cuando escapó de prisión, era un capo más, pero hoy es "el narcotraficante más poderoso de México", considera.

También sostiene que los narcotraficantes mexicanos han logrado extenderse fuera del país gracias a contactos de varias nacionalidades en Estados Unidos u otras naciones.

Como corresponsal extranjero, considera que México y Colombia no han vivido escenarios similares en el fenómeno del narcotráfico.

"Creo que es equivocado comparar a México con Colombia. El Chapo, Ismael El Mayo Zambada son hombres de negocios, no quieren tomar el poder; mientras que Pablo Escobar (fallecido jefe del cártel de Medellín en la década de 1980) quería tener influencia en la política", agrega.

Beith dice amar su vida y disfrutar hacer reportajes sobre la liberación de tortugas por niños en las escuelas, pero en México un día se dio cuenta de que tenía que escribir acerca del narcotráfico.

Ahí se dedicó a investigar sobre El Chapo e incluso visitó Badiraguato, el municipio de Sinaloa donde nacieron Guzmán y otros capos como El Mayo Zambada y los hermanos Beltrán Leyva.

En Badiraguato platicó con narcotraficantes pequeños que dijeron trabajar para El Chapo. No son gente violenta, se ven como gente "normal", comenta.

¿Sintió amenazada su vida?

"No amenazas, pero una vez en Tamaulipas, algunos policías me encañonaron. No me arriesgo, soy muy cuidadoso", afirma Beith.

Por el momento, el autor no tiene pensado presentar en México The Last Narco, que puede conseguirse por Internet.