octubre 13, 2010

Juego "los 33": El rescate de los mineros



El 'Moralazo'

Miguel Ángel Bastenier
Licenciado en Historia, Derecho, Literatura Inglesa y graduado en Periodismo
El País

Foto:David Campuzano¿Dan los votos derecho a gobernar sin limitaciones? ¿Empieza y acaba la democracia con el sufragio? Los tres gobernantes latinoamericanos que se identifican como izquierda radical parecen haber llegado a la conclusión de que el tipo de renovación/revolución que propugnan no es posible con los instrumentos propios de la democracia occidental, y, notablemente, desconfían de la libertad de expresión. El venezolano Hugo Chávez prohibió la publicación o emisión de imágenes que califica, sin entrar en detalles, de truculentas, mientras la criminalidad se dispara en su país; el ecuatoriano Rafael Correa masajea una ley de comunicación de la que la prensa no espera nada bueno; y el boliviano Evo Morales promulga una ley contra el racismo de interpretación tan libre como su soberana voluntad. Los tres, sin embargo, han sido elegidos democráticamente y gozan de mayorías que les han permitido hacer de su capa un sayo.

La ley boliviana, promulgada el pasado viernes, contiene dos artículos que pueden servir tanto para un barrido como para un fregado. El 16 establece que los medios que divulguen ideas racistas y discriminatorias sufrirán sanciones económicas o suspensión de funcionamiento; y el 23 castiga a penas de uno a cinco años de cárcel por restringir, anular, menoscabar o impedir el ejercicio de derechos individuales por motivos de raza, origen, color y ascendencia, mencionando como sujetos de esa discriminación a los pueblos originarios -indígenas- y afrobolivianos, y contemplándolos en situaciones como el uso de la vestimenta tradicional o de su idioma particular. Por eso existe un Ministerio de Culturas, en plural, y el país ha sido rebautizado como Estado plurinacional de Bolivia. Es innegable que los indígenas han sido objeto de una discriminación de hecho, si no siempre de derecho, durante los 500 años que van de la conquista española, pasando por los primeros 184 años de independencia, hasta la elección de Evo Morales a la presidencia en 2005, y, al parecer, no se concibe por ello que blancos o criollos puedan ser objeto de discriminación, porque no se los menciona como ciudadanos cuyos derechos haya que proteger.

El poder asegura que los temores que ha suscitado la ley -de casi todos los empresarios de prensa y la práctica totalidad de los periodistas- se disiparán con la aprobación en el plazo de 90 días de los reglamentos para su aplicación, y que su redacción se debatirá en consulta con los profesionales. Pero cuesta imaginar a qué extremos debería llegar la casuística para delimitar todos los casos en que haya discriminación o racismo, al tiempo que la sola existencia de esa espada de Damocles puede inducir a los medios a una grave autocensura. La oposición, que anima la sucinta minoría criolla, pero en la que tampoco faltan indígenas y mestizos occidentalizados, ha iniciado por ello la recogida de 303.567 firmas, equivalentes al 6% de un padrón electoral de algo más de cinco millones de votantes, para celebrar un referéndum con que derogar la norma entregándose, así, a las mismas pasiones excluyentes que el Gobierno: la fuerza irrestricta del voto.

Morales, elegido en 2005 con un 54% de sufragios, fue reelegido en diciembre pasado con una cuota que se aupaba al 64%. En febrero de este año se aprobaba una ley transitoria por la que en 2011 los miembros del poder judicial serán elegidos popularmente, de forma que mientras el presidente mantenga esos altísimos índices de aprobación podrá inflar la judicatura con magistrados afines. En junio se aprobaba la ley de la justicia indígena, que establecía un ordenamiento paralelo al occidental, cuyos límites y competencias están, como en el caso de la ley contra el racismo, a la espera de otro texto que deslinde lo que hoy es una inextricable maraña legal. Todas esas normas constituyen un auténtico obús legislativo con el que Morales cuenta para reinventar el país.

La ley promulgada el pasado día 8 no puede ser más teóricamente inatacable. ¿Quién osaría defender el racismo? El problema consiste en definir cuándo se pasa de pensamiento -que no delinque- a obra. Por eso, el reglamento abriga la posibilidad de que no haya conculcación de un ordenamiento jurídico, no ya occidental, sino universal. Por llamar "indio de mierda" o "blanco de mierda" nadie va a la cárcel en un país democrático, pero haría bien la sociedad en aislar y afear prácticamente la conducta de quienes así se comportan. El voto no puede servir para limitar por razones políticas la libertad de expresión. Por muchas que sean las injusticias a corregir.

Salinas, el papá de los pollitos

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Como si vieran al mismísimo diablo, muchos se escandalizan por las apariciones del Villano Favorito. Más aún, la mitología de Carlos Salinas es estandarte de ex priístas como Andrés Manuel López Obrador, quien, a modo de “tilma de Juan Diego”, exhibe por el país la gráfica reveladora del saludo del ex presidente y “su ahijado”, Enrique Peña Nieto, la nueva obsesión de azules y amarillos.

Para bien o para mal, Carlos Salinas sigue siendo emblema de las calamidades que aquejan a los mexicanos, versión vernácula del demoniaco Nicolás Maquiavelo, encarnación de maldad a la mexicana y de lo que son capaces los poderosos en estas tierras. En corto, Salinas es lo más cercano al “diablo”. Pero, claro, un diablo de juguete.

Y es que, salvo los engañabobos, nadie en su sano juicio puede creer el cuento de que Salinas es el todopoderoso que está detrás de todos los negocios y perversidades que tienen postrado a México; titiritero capaz de mover todos los hilos de transas del poder, de poner y quitar posiciones de alto rango. Más allá de un pillo que engañó a millones y que robó a manos llenas, Carlos Salinas hoy no es más que arqueología del poder autoritario del viejo PRI. Un poder que, en efecto, pretende regresar.

Pero acaso lo más interesante del salinato no sea su mito, tanto como su herencia. ¿Cuántos hombres forjados por la familia Salinas, la carrera de Carlos Salinas, los intereses de Salinas, están hoy en posiciones de poder, disputan hoy el poder y hasta “les da asquito” reconocer que en su tiempo prendieron veladoras a Salinas? Empezando por AMLO y su escudero Ricardo Monreal, sin olvidar que Raúl y Carlos Salinas son padres de esa grosera empresa familiar llamada Partido del Trabajo, cueva de pillos que sólo ha servido para enriquecer a unos cuantos.

El IFE cumplió 20 años, y al festejo acudieron, además de Salinas, los salinistas Jorge Carpizo, Arturo Núñez, Emilio Chuayffet… pero en la adelantada contienda presidencial de 2012, será candidato presidencial el salinista Marcelo Ebrard, hijo político del supersalinista, Manuel Camacho.

Más, serán determinantes en esa elección partidos políticos creados a la sombra del salinismo, como Convergencia, cuyo dueño es el salinista-zedillista en desgracia, Dante Delgado, hoy prohombre de la izquierda; el partido Nueva Alianza, de la salinista profesora Gordillo, y el Partido Verde, de los salinistas pillos parientes del Niño Verde. ¿Cuántos críticos de Salinas son hijos de Salinas? Les guste o no, Salinas es “el papá de los pollitos”. ¿O no?

EN EL CAMINO

Otra de “La Tremenda Corte”. ¿A qué renunció el ministro Cossío? No, no le alcanzaron los votos. Y ahora quiere vender el favor. Lo demás es digno de “Tres Patines”.

AMLO quiere a Enrique en 2012

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

La tensión entre el lopezobradorismo y el PRD no ha hecho más que crecer y parece estar viviéndose una situación insostenible.

En el PRD la ruptura parece inevitable. López Obrador ha llevado al límite sus descalificaciones en contra de las alianzas entre el PRD y el PAN, exigió a los líderes de su partido que "se quiten las máscaras" y que expliquen cuáles son los acuerdos y compromisos que contrajeron con el presidente Calderón; también les reprochó que el PRD se creó para transformar a México y "no para ser palero de la mafia de la política, como lo son sus dirigentes".

Mayor distancia no es posible tener dentro de un partido. O quizá sí, porque López Obrador confirmó que solicitará licencia como militante del PRD luego de que se avale la alianza PAN-PRD, para lanzar una candidatura propia con el PT y Convergencia. Y en ese mismo mitin, en Nezahualcóyotl, López Obrador reiteró "que los que se deben ir (del partido) son ellos", en referencia a Jesús Ortega y a los dirigentes perredistas que apoyan las alianzas.

En realidad la ruptura ya está planteada desde mucho tiempo atrás. Las alianzas lo único que han hecho es catalizarlas. Y López Obrador está apostando al fracaso de las mismas. Sabe que si lanza una candidatura alterna de sus corrientes en el Estado de México no tendrá ninguna posibilidad electoral, pero también sabe que de esa forma le resta enormes posibilidades a la alianza antiPeña Nieto que plantean panistas y perredistas. Lo que sucede es que, como ya hemos dicho en muchas oportunidades, López Obrador quiere enfrentarse con Peña Nieto, pero en 2012. Podrá señalarlo como su enemigo pero sabe que, si llegara a triunfar una hipotética alianza, no sólo podría quedar Peña Nieto fuera de la jugada para 2012, sino también, en su caso, sin duda, López Obrador.

El problema para esa alianza en todo caso no es López Obrador, porque tanto las dirigencias del PRD como la del PAN están decididas a tratar de sacarla adelante, sino el candidato o candidata que pueda hacerla viable. No tienen, como dijo Marcelo Ebrard (que sería en el perredismo el gran beneficiario de esa alianza), un Gabino Cué para el Edomex. Y ese es el problema. Han tentado a varios de los principales precandidatos, pero ninguno parece estar dispuesto a dar ese paso. Los externos que aparecen siempre en estos listados (como el ex rector Juan Ramón de la Fuente) están pensando en otros desafíos; los que podrían romper, como Manuel Cadena, o los que provienen de otros aliados, por ejemplo Alejandro Gertz Manero, no parecen tener el peso para dar esa lucha. Y una candidata como Josefina Vázquez Mota difícilmente podría tener el apoyo del PRD pero, sobre todo y aunque lo tuviera, la coordinadora de los diputados del PAN está pensando más en 2012 que en el Estado de México. Y es la búsqueda del personaje lo que entonces encorseta la alianza.

Aunque, independientemente de ello, el PRD no puede seguir arrastrando esta situación. Desde hace años, la tensión entre el lopezobradorismo y el partido no ha hecho sino crecer y parece estar viviéndose una situación insostenible. Si, en el pasado, la mesura de Ebrard respecto a López Obrador mantenía un margen de operación entre los grupos más antagónicos, ahora resulta tan evidente que Marcelo sí se ha lanzado abiertamente a la búsqueda de la candidatura presidencial como que esa decisión ha ofuscado a López Obrador que ha hecho lo de siempre: radicalizar sus posiciones para "correr por la izquierda" a sus adversarios. Pero la situación ha llegado a un límite que el perredismo difícilmente podrá sobrellevar más allá de la elección de su nueva dirigencia a fines de año. Asumir el tramo final del sexenio con esa división interna a cuestas le puede costar mucho al perredismo, incluida la pérdida de su principal bastión político, el Distrito Federal.

Cossío, Sánchez y la Corte

El ministro José Ramón Cossío rechazó la posibilidad de buscar la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que deberá encontrar al sucesor de Guillermo Ortiz Mayagoitia en las próximas semanas. Creo que es una decisión acertada: Cossío más temprano que tarde presidirá la Corte, pero éste no era su periodo, probablemente lo será el próximo. Hay muchos y muy aceptables candidatos entre los ministros de la Suprema para suceder a Mayagoitia y, en lo personal, creo que podría ser la hora para una mujer: Olga Sánchez Cordero lo podría hacer en forma excelente aunque también allí está la ministra Margarita Luna. Es hora de tener una mujer al frente de la Suprema Corte.

¿Alguien le hace sombra a Peña Nieto?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Quiero ganar. Pero, no puedo solo. ¿Qué hago? Me busco un socio. Competimos los dos con fuerzas necesariamente duplicadas y, mira tú, ganamos. A esto, en política, se le llama coalición. O una alianza, si ustedes gustan. Una fuerza conformada por partidos de diverso pelaje gobernó en Chile luego de la dictadura de Pinochet y a nadie pareció disgustarle demasiado el maridaje. Aquí, con un remarcable sentido de la oportunidad, los perredistas legítimos se unieron a los panistas espurios y lograron lo que ninguno por separado hubiera conseguido: agenciarse los gobiernos de Oaxaca y Puebla, feudos del priismo más rancio, y colocar a Malova —candidato natural para cosechar los votos de la raza pero desechado por los tricolores (tienen, a veces, un impulso autodestructivo que simplemente no lo entiendes y que tal vez se explica por la estructura tan piramidal de un aparato donde mandan los de arriba y los de abajo se “alinean”)— en la silla más grande de Culiacán.

Bueno, pues si la receta funciona entonces hay que usarla cada vez que se pueda. Y eso, precisamente, es lo que van a hacer los cabecillas de la izquierda pragmática junto con los dirigentes de la derecha menos cerril de este país. Es más, yo diría que, juntos y revueltos, conforman una especie de “centro” político natural que, a su vez, suele estar confiscado por un PRI tan materialista como camaleónico. Naturalmente, los puristas se rasgan las vestiduras y la gente con principios sólidos se persigna. Pero, hay ventajas muy visibles en la transacción: de entrada, se puede constituir un grupo capaz de asegurar la mayoría necesaria para que México comience a moverse en vez de seguir paralizado por las pugnas partidistas. No es un tema menor. Por lo demás, lo único que falta es encontrar a los candidatos adecuados de la misma manera como a los equipos de nuestro futbol hace falta conseguirles delanteros. Pero, salvo Ebrard, no veo, con perdón, a nadie capaz de hacer sombra a Peña Nieto. Y ése sí que es un problema.