octubre 19, 2010

Godoy, La Tuta y Hillary

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Racimos.- El fracaso del operativo conocido como el Michoacanazo caló hondo en dependencias del gabinete de Seguridad que están en la primera fila de combate a la delincuencia organizada en esa entidad: agentes federales y soldados. No puede olvidarse que el grupo denominado La Familia ha perpetrado matanzas de agentes de Estado que estaban en Michoacán cumpliendo con el deber de protegernos y que fueron abatidos, por racimos, por los pistoleros de esa cruel banda delictiva que controla en ese estado todas las actividades ilegales, desde el trasiego de drogas hasta la venta de discos piratas en los tianguis.

¿La Familia Michoacana habría acumulado tal cantidad de poder sin protección política? La respuesta es no, no habría podido sin la ayuda o complicidad de servidores públicos, reclutados bajo la irresistible fórmula de “plata o plomo”. Por eso, cuando sobrevino el Michoacanazo algunos pensaron, de manera por demás ingenua, que podría ser el inicio del fin de la cobertura política a La Familia.

Cuando casi todos los acusados quedaron en libertad preguntamos: “¿Si todos los detenidos son inocentes, entonces dónde están funcionarios responsables de proteger a La Familia, porque de que los hay, los hay?” Por un momento pareció que el gobierno federal, por cierto presidido por un michoacano, había aceptado pagar el costo político de la liberación colectiva, dentro de estrategia política bizarra de que el PAN y un sector del PRD pudieran ir juntos, con candidatos comunes, en ciertas elecciones.

Pero algo pasó y el gobierno tuvo que corregir sobre la marcha. Se dice que emanaron de la SSP, la Sedena y la Marina señales claras, inequívocas, de que, en recuerdo de los compañeros de armas caídos en Michoacán, no se permitiría que todos los implicados se salieran con la suya, como si nada. Por eso se resolvió filtrar la grabación de las charlas del diputado y el capo, para advertir que las fuerzas federales están decididas a que el despiadado mafioso que tiene el apodo de La Tuta caiga en su poder o sea liquidado.

¿El diputado Godoy es una blanca palomita preocupado por la salud de la autora de sus días? No lo sé, tal vez sí. Lo que avergüenza es el complot de sus colegas diputados para meterlo al Congreso y hacernos pasar la pena de que rindiera protesta como representante popular ¿Por qué la clase política, incluidos aquí los señores Calderón y Encinas, que uno pensaría conservan ciertos valores, pero no, se presta a estas jugarretas? Si tanta gente sabía de la estrecha relación entre el diputado y su padrino mafioso, ¿por qué llegaron al extremo de profanar la que debería ser la Tribuna Más Alta de la Nación y que termina siendo una guarida de delincuentes trajeados, a quienes, en el colmo de la humillación, les pagamos sueldos estratosféricos?

La Tía Hillary

Lo bueno con la señora Hillary Clinton es que sabemos a qué atenernos con ella; lo malo con su jefe, el señor Obama, es que nos toma el pelo con su tonito de redentor de la humanidad, que todavía embauca a muchos. Lo vimos con claridad meridiana hace unas semanas cuando la secretaria de Estado dijo que los narcos en México estaban asumiendo actitudes que recordaban lo ocurrido en Colombia hace dos décadas. Al otro día, Obama la corrigió diciendo a un periódico para hispanos que no pasaba nada grave, que México es la quinta maravilla del mundo ¿Hillary se sintió corregida? Por su puesto que no, porque ella interpreta de manera fiel el interés del estabishment gringo que está más allá de lo que diga o piense Obama, que es: pavimentar los caminos para que, más temprano que tarde, elementos de la US Army crucen la frontera para implementar en México un Plan Colombia. Hillay está construyendo el discurso que se requiere para implementar esa acción. Ni siquiera se toma la molestia en camuflagearlo. Es clara y reiterativa. Sobra decir que acá le ayudamos. Alimentamos sus apetitos, le echamos gasolina a la hoguera. Gente como La Tuta y Godoy abonan al discurso de que no tenemos remedio, de que no podemos solos con el paquete, de que los necesitamos para salir de la barranca.

AMLO, el aliado de Peña Nieto

Manuel López San Martín (@MLopezSanMartin)
Analísta político y periodista
El Universal

Si algo trae nervioso a Enrique Peña Nieto, es la alianza que PRD y PAN cocinan en el Estado de México. El puntero en la todavía joven carrera por la Presidencia está preocupado porque sabe que la coalición tiene posibilidades reales de arrebatarle al PRI el control de un feudo que por más de 80 años ha tenido en su poder. Pero lo que verdaderamente alarma al mediático mandatario es que, de perder aquella gubernatura en 2011, se estaría despidiendo de su aspiración de llegar a Los Pinos.

Por eso no sorprende que Peña intente vapulear, a la menor provocación, las coaliciones, ni que defienda la regresiva reforma que elimina la figura de candidaturas comunes en aquella entidad. Pero el mexiquense no está sólo en su ofensiva. En su camino ha encontrado a un inmejorable aliado para hacerle frente a las alianzas: López Obrador. El tabasqueño, que ya ha demostrado su eficiencia como operador político para favorecer al PRI, ahora parece dispuesto a allanarle el camino a Peña Nieto de cara a 2012.

Visceral, como es, López Obrador ya mandó “al carajo” la alianza en el Edomex. Y no sólo eso. Se dijo dispuesto a hacer campaña respaldando al candidato del membrete que lo sigue a ciegas, el PT —y Convergencia, si termina sumándose— para contrarrestar una eventual unión entre PRD y PAN. Con ello, el ex candidato presidencial le estaría dejando la mesa puesta a Peña Nieto de cara a la contienda presidencial.

La ambición política ha logrado mezclar el agua y el aceite. Y es que López Obrador, que hasta hace unos días no bajaba de “títere” de Televisa a Peña Nieto y lo acusaba de ser la creación más acabada de Carlos Salinas, ahora le hace el trabajo sucio al gobernador del Edomex. El tabasqueño, que desde el año pasado ha lanzado una ola de descalificaciones contra quienes deciden sumarse o respaldar las uniones, ahora busca dinamitar la alianza en el Estado de México.

El ex candidato presidencial ya ha demostrado tener talento para dividir el voto. Basta recordar la más reciente contienda local en Guerrero, donde el PRD perdió la joya de la corona de la entidad: Acapulco. El entonces Frente Amplio Progresista se fracturó. Convergencia y PT presentaron a su candidato y el PRD hizo lo propio. El convergente Luis Walton contó con el respaldo del perredista López Obrador. Gloria Sierra, del sol azteca, tuvo el apoyo de “los chuchos”.

Al final del día, los resultados fueron contundentes. Separados perdieron. La soberbia les ganó. Y no sólo eso, la fractura hizo que, como en los viejos tiempos, el priísmo se llevara carro completo. No ganó el PRI, perdió el PRD. AMLO hizo un excelente trabajo para el tricolor. Obrador fue eficaz como pocos: dividió el voto de la izquierda.

Viene a cuento lo anterior, porque lo que el ex candidato presidencial estaría logrando al romper o ir en contra de la alianza electoral mexiquense, es dividir el voto de la oposición y hacerle el juego al PRI, y con ello, garantizarle el triunfo y catapultar a Peña Nieto a Los Pinos.

La contienda del próximo año, en el Estado de México, será la madre de todas las batallas. En 2011 se jugará la sucesión presidencial. Por eso no sorprende que Peña Nieto satanice las coaliciones entre PAN y PRD. Sobre todo porque tras los éxitos electorales que éstas se apuntaron el pasado 4 de julio, quedó demostrado que no hay gobernadores invencibles, y que aun con todo el aparato del estado y la utilización grosera de recursos públicos, los caciques pueden ser derrotados.

Lo que llama la atención es que López Obrador se preste al juego y sirva de tapete para que el gobernador mexiquense avance en su camino a la Presidencia.

El tabasqueño parece decidido a continuar con su andanada de descalificaciones contra la alianza PRD-PAN. En el fondo ya ha demostrado que en realidad no le importa frenar a Peña. Mucho menos le interesa su partido, el PRD. A López Obrador le preocupa él y su futuro político. Nada más. Le tiene sin cuidado pavimentarle el camino al gobernador del Edomex. Cegado por la ambición le importa él y sólo él. Y es que parece no darse cuenta de que si el PRI gana 2011, ya no habrá 2012; si Peña Nieto gana el Estado de México, prácticamente se estaría sentando en Los Pinos.

Por la vía de los hechos

María Amparo Casar
Reforma

Hay ocasiones en que una postura arrojada tiene buenos dividendos. Es lo que ocurrió cuando en noviembre de 2004 el presidente Fox vetó el Presupuesto argumentando que los diputados se habían extralimitado en las modificaciones que hicieron a su iniciativa.

Hasta ese momento la comunidad académica llevaba décadas discutiendo si el Ejecutivo tenía o no la facultad para hacer observaciones al presupuesto y la clase política declarando la imperiosa necesidad de hacer una reforma para aclarar las potestades tributarias de cada uno de los poderes.

Pasaron los años y ni la discusión se zanjó ni la reforma se concretó. La realidad nos alcanzó en 2004. La mayoría opositora en la Cámara hizo modificaciones sustanciales a la iniciativa de presupuesto, al Presidente no le pareció y amparado en el artículo 72 de la Constitución interpuso el veto sin saber si al final del camino tendría que recular. Se desató una tremenda discusión, los poderes se acusaron mutuamente de invadir sus respectivas esferas de acción, hubo amenazas y recriminaciones y se recurrió a la controversia constitucional. Al final intervino la Suprema Corte y a través de su resolución quedó asentado que el Presidente sí tenía la facultad de vetar el presupuesto. Así, por la vía de los hechos, gracias a una acción del Ejecutivo, quedó resuelto un asunto que por años rondó los pasillos de la academia y de la política sin más resultado que permanecer en el limbo.

Ahora pasa lo mismo con otra disposición constitucional -el fuero legislativo- cuyos alcances son materia de interminables discusiones jurídicas y de un debate político en el que todos los actores aceptan la necesidad y urgencia de una reforma que nunca llega.

La Constitución señala dos cosas que suelen confundirse. Primero, que los diputados y senadores son inviolables por las opiniones que manifiesten en el desempeño de sus cargos y que jamás podrán ser reconvenidos por ellas (art. 61). Segundo, que gozan de inmunidad procesal, esto es, que no se puede proceder penalmente contra ellos, sin que la Cámara de Diputados declare si se puede proceder contra el inculpado (art. 111).

Más allá de la confusión que generan estos preceptos, en la práctica se han prestado para la comisión de abusos y delitos que quedan impunes.

Para acabar con esta situación se antojan posibles tres vías. La primera -la más deseable pero improbable- es que los legisladores honren su palabra y se den a la tarea de hacer una reforma para "acotar el fuero" y hacer expedito el proceso mediante el cual se retira la inmunidad parlamentaria para poder procesar a un legislador por la presunción fundada de haber cometido un delito.

La segunda -también improbable- sería que los legisladores dejaran de acogerse o de interpretar el fuero como vía para evadir la ley. Los presuntos culpables entregándose a la justicia para ser procesados y el resto dejando a un lado un mal entendido espíritu de cuerpo -que a ratos parece más complicidad- y allanando el camino para no hacer del proceso de desafuero el único obstáculo para juzgar a quien se presume culpable de un delito. En la Cámara de Diputados permanecen sin atender al menos 19 solicitudes de declaratorias de procedencia para poder juzgar a funcionarios que presumiblemente han cometido delitos.

Se hizo en Colombia en circunstancias parecidas a las que hoy atraviesa México como parte del compromiso para contribuir a la lucha contra el narcotráfico. Al muy temido narcotraficante Pablo Escobar, senador de Colombia, le fue retirada la inmunidad parlamentaria. Algo similar ocurrió a más de 30 legisladores acusados por nexos con paramilitares y narcotraficantes y al propio senador y ex presidente del Congreso colombiano a quien la Corte Suprema giró orden de captura.

La tercera, sin duda más radical, es la vía de los hechos. La que usó Fox para el presupuesto. Si como dice el artículo 111 de la Constitución la inmunidad procesal se restringe a "la comisión de delitos durante el tiempo de su encargo", no haría falta desaforar a un diputado para hacer efectiva una orden de aprehensión y juzgarlo por un delito -delincuencia organizada y lavado de dinero- cometido con anterioridad a ocupar el cargo como es el caso de Julio César Godoy.

No cabe duda que si se optara por esta vía se generaría una gran polémica por no decir una situación explosiva y que al final la Suprema Corte tendría que pronunciarse sobre la constitucionalidad de la medida. Pero dada la morosidad de los legisladores para hacer una reforma necesaria quizá la vía de los hechos sea la única que proporcione una solución.

PRD: asomados al precipicio

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Nunca ha quedado tan claro el enfrentamiento entre AMLO y Marcelo Ebrard como este fin de semana en el Estado de México.

El PRD se acerca peligrosamente a un precipicio político: ayer no participaron sus coordinadores parlamentarios del Senado en el encuentro con el Presidente en Palacio Nacional y, en los hechos, quedarán fuera de los acuerdos legislativos que puedan salir de allí. El PRI, y en este caso Manlio Fabio Beltrones, les ganó la partida. En la Cámara de Diputados, la defensa de Julio César Godoy Toscano se ha convertido en un lastre inmanejable que les costará muy caro, tanto en imagen pública como en la elección, el año próximo, en Michoacán. Todos los que se exhibieron con Godoy, incluidos los que lo ayudaron a entrar subrepticiamente a San Lázaro para que tomara protesta, están pagando costos y ahora lo único que les queda es que el Godoy Toscano no vuelva a desaparecer.

Pero pocas cosas le hacen más daño al PRD como su división interna. Nunca ha quedado tan claro el enfrentamiento entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard como este fin de semana en el Estado de México. Ambos encabezaron actos en esa entidad y su discurso lisa y llanamente no tuvo un solo punto de contacto: Andrés Manuel considera que es una traición hacer una alianza con el PAN en los comicios de 2011 para enfrentar al PRI en el Estado de México, mientras que para Ebrard ese es el instrumento idóneo para ganar esas elecciones y acabar con la candidatura presidencal de Peña Nieto. Y si bien ambos tuvieron en el gobernador mexiquense a su adversario definido (en los dos actos incluso utilizaron la figura de Peña y lo dejaron, paradójicamente, como el rival a vencer y quizá fortaleciéndolo más que debilitándolo), lo cierto es que la posición de López Obrador robustece algo que aquí ya hemos dicho: el tabasqueño quiere que Peña sea candidato del PRI porque es la única manera en que él mismo pueda serlo. Si la estrategia de Ebrard prospera, su antecesor en el DF se quedaría sin posibilidades. Y Ebrard ha demostrado que ha comenzado a organizar un movimiento que tiene posibilidades serias de quitarle la candidatura presidencial del PRD a López Obrador (que de todas formas seguirá en esa lid desde las siglas del PT).

Mientras los dos precandidatos hacen campaña para 2012 con la excusa de los comicios para el Estado de México, la lucha se ha centrado en el control de las bancadas en el Congreso y luego en la disputa por la dirección del partido. En las cámaras, la división parece estar ya anunciada: en el Senado se integró un grupo con legisladores del PRD y el PT, simpatizantes de López Obrador, encabezados por Pablo Gómez, que buscan quedarse con el control de la bancada y ya propiciaron, por lo pronto, que Carlos Navarrete no estuviera ayer en Palacio Nacional con el Presidente y los otros coordinadores. Y en San Lázaro la defensa o no de Godoy será un problema mayor porque, mientras fue Guadalupe Acosta Naranjo, dirigente de Los Chuchos, el que organizó la toma de protesta de Godoy que lo convirtió en candidato y le dio fuero, ahora, luego de la divulgación de la grabación con La Tuta, ya no saben cómo deshacerse de él, mientras que la bancada se divide por el tema.

Lo cierto es que ninguno parece dispuesto a aceptar un acuerdo, todos van hacia una suerte de demostración de fuerza y sobre todo López Obrador está decidido a una ruptura si no se imponen sus condiciones políticas. Para el PRD, paradójicamente, la única opción de salvación en el futuro inmediato es una alianza con el PAN.

El IVA del PRI

Se equivocaron en el PRI cuando decidieron que impulsarían la reducción del IVA de 16 a 15 por ciento. No sólo sería una mala señal económica, sino una medida que terminaría afectando, sobre todo, a sus gobiernos estatales. Ahora tienen que echar para atrás la medida, con la oposición de los legisladores de los estados que no gobiernan y, más, con la de quienes perdieron sus comicios este año. Pero no habrá reducción y con ello el PRI deberá mandar una señal de que sí se está preparando realmente para regresar a Los Pinos, no sólo a ser oposición.

Dos para el IFE

Son cerca de 130 los aspirantes a ocupar las tres plazas que quedarán libres en el IFE. Dos candidatos tendrían que estar, sin duda, entre esos tres: Emilio Álvarez Icaza y María de los Ángeles Fromow. El Instituto debe tener, para 2012, consejeros de primer nivel y peso, más allá de las preferencias partidarias.

Hipocresía mexicana

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

Imaginemos lo siguiente. Un medio de comunicación decide dar a conocer una grabación que revela los evidentes nexos de un funcionario público con un criminal. Ambas voces son inconfundibles. La sociedad se indigna y exige que el funcionario enfrente a la justicia o, al menos, asuma la responsabilidad política que, en cualquier sociedad digna, implica una revelación de este calibre. Entonces, ocurre algo curioso. Los correligionarios del político en apuros tratan de desmarcarse y desmarcarlo. El funcionario argumenta que esa no es su voz. Se dice perseguido, víctima de un “linchamiento mediático”. Él y los suyos se quejan más de la forma que del fondo, de la grabación que de lo que la grabación revela. La oposición, en cambio, no pierde tiempo y denuncia lo que realmente importa: los vínculos del hombre exhibido con el crimen organizado. Uno de los líderes opositores dice que “hasta un niño” se daría cuenta de que la voz es, en efecto, del funcionario sospechoso. Los diputados de la oposición retan al político a un peritaje y comienzan a promover un juicio político en su contra. Otros le “sugieren” que se separe del cargo. Pero el político revira, desafiante: asegura que no pagará los platos rotos, incluso si se demostrara que esa es su voz, porque la grabación no vale nada legalmente. Aun así, la oposición no cede. Imbuida de un espíritu justiciero, intenta presionar a diestra y siniestra buscando algún tipo de rendición de cuentas políticas en un país poco acostumbrado a ello. La prensa afín a la oposición cumple su labor informativa y lleva la noticia a sus titulares durante semanas. Hay otra prensa que, por otras razones, hace lo contrario. Al final, sin embargo, el político exhibido no asume responsabilidad política alguna y logra permanecer en funciones. Triunfa el cinismo.

Cualquiera pensaría que esta reseña que comparto se refiere al escándalo del diputado Julio César Godoy, cuyos vínculos con La Familia michoacana han quedado pavorosamente expuestos en los últimos días. Pero la intención es otra. La crónica recuerda, paso a paso, el no menos deplorable proceso de Mario Marín, gobernador poblano. La comparación es pertinente. Los dos episodios revelan, primero, la imposibilidad de persuadir a un político en funciones de aceptar la responsabilidad de sus actos. En México es más fácil encontrar una aguja en un pajar que conseguir que un político exhibido suelte su hueso como muestra de la más elemental vergüenza. Pero hay algo peor. La comparación de los casos Marín y Godoy exhibe, con claridad prístina, la asombrosa hipocresía de la clase política mexicana.

En el caso Marín, el PRD jugó un papel admirable. Tal y como está escrito, varios protagonistas del perredismo —desde Andrés Manuel López Obrador hasta Pablo Gómez, Alejandro Encinas y otras voces— exigieron que Marín renunciara y enfrentara no sólo el oprobio sino la justicia. Tenían razón. Por eso duele examinar las reacciones de muchos de esos mismos (y otros) perredistas eminentes en los días posteriores a la revelación de la llamada telefónica entre Godoy y La Tuta. Los papeles se han invertido con precisión casi matemática. Los que en el caso Marín defendían el ejercicio de la justicia y exigían la rendición de cuentas políticas, hoy se escudan en los mismos argumentos que, entonces, usaban el góber precioso y los suyos. Lo que antes era una grabación contundente, hoy es un “linchamiento mediático”. Lo que antes era una pieza de inteligencia que ayuda a comprender mejor la amenaza que se cierne sobre México, hoy no es más que una artimaña de la PGR. Lo mismo, por supuesto, puede decirse del PRI y su reacción al escándalo Godoy y a otros similares (pero más cercanos a la causa priista) como el de Fidel Herrera. Ninguno de estos casos admite ambigüedad alguna. Que los partidos y los políticos mexicanos decidan acomodar su brújula moral dependiendo del perjuicio que un escándalo les ocasiona, no sólo revela su mezquindad, también confirma la llegada de tiempos cínicos e hipócritas, tiempos como los que pueden, si se les permite, acabar por completo con una nación.