noviembre 01, 2010

SME: la farsa continúa

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Durante el llamado Festival de la Resistencia —donde miles de electricistas festejaron un año de lucha, luego de la extinción de la compañía de Luz y Fuerza—, el dueño del SME, Martín Esparza, confirmó ambiciones y deseos políticos largamente acariciados; tener su propio partido político.

Anunció que el Sindicato Mexicano de Electricistas —o el grupo del que se adueñó Esparza— buscará crear un partido político que en 2012 “dispute el poder a la oligarquía”. La iniciativa de Esparza sin duda es digna de mucho más que un aplauso. En realidad vale toda una ovación. Pero debe saber que de buenas intenciones y bien intencionados están llenos los panteones —a propósito del Día de Muertos—, ya que una cosa es soñar con un partido, y otra será tenerlo.

Sin embargo, lo que tampoco saben Esparza y sus leales —además de que la ley está hecha para impedir que cualquiera que lo desee, tenga su propio partido—, es que los ciudadanos están hasta la madre de vividores del poder y la política. Los ciudadanos están hartos de que a nombre del pueblo bueno, de los trabajadores, de la izquierda mexicana, o de las causas populares y hasta de la ecología, vividores de todos tamaños y colores se digan tocados de la mano divina para representar los intereses populares.

¿Quién es Martín Esparza, como para que ahora venga con el cuento de que una mano divina le confirió el mandato de salvar a la patria? ¿Quiénes se han creído esa camarilla mafiosa que se adueñó del SME, que engañó a miles de trabajadores, que se enriquecieron hasta el delirio, que le fastidian la vida a miles de capitalinos todos los días con sus bloqueos… y que ahora dicen haber entendido que su destino manifiesto es salvar a la patria?

Si Esparza y sus leales tuvieran un poco de vergüenza, ya habrían renunciado a la posesión del membrete del SME, y reconocido que justo por sus desmedidas ambiciones políticas y de poder —por una gestión mafiosa y corrupta— llevaron al SME y a la compañía de Luz a la quiebra. Más allá de su grupo mafioso, a Esparza y a sus leales nunca les importó ni el presente y menos el futuro de los 40 mil electricistas, a los que sólo vieron como votos para mantenerse en el poder… y a los que ahora quieren para seguir medrando. Luego de un año, se acabó el “gas” a la farsa de que era ilegal la extinción de Luz y Fuerza. Todas las instancias legales probaron que la razón nunca estuvo del lado de Esparza y menos del SME.

Esparza y los suyos mintieron las 24 horas del día, los 365 días del año. Y hoy, agotada la ruta de engaños, la nueva zanahoria es la de un partido político. La farsa sigue… y los farsantes también. Lo que no saben es que no engañan a todos todo el tiempo. Al tiempo.

La pesadilla de la reversión

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

En la ceremonia que los panistas organizaron para recordar a Carlos Castillo Peraza, el presidente del PAN esbozó con brevedad pero con contundencia una pesadilla probable: el retorno del PRI a Los Pinos. Ya lo había dicho antes pero hasta ahora, quizá por la asociación con el político yucateco, las palabras de Nava cobraron en mi imaginación el peso que merecen. El retorno del PRI nos conduciría de nuevo a los tiempos de la arbitrariedad y del despotismo, de las camarillas, la opacidad, la corrupción y el corporativismo. La advertencia de Nava me transportó a un México de pesadilla. Habrá que hacer todo lo posible por impedirlo, pensé. Hay que tener muy claro de lo que son capaces los priistas.

Si el PRI regresa al poder podrían pasar cosas horribles. Pienso que si ese espantoso escenario fuera realidad, el amiguismo y no el mérito serían los criterios de reclutamiento del gobierno federal. ¡Qué terrible sería que el equipo presidencial volviera a estar conformado por asociaciones de camarilla y no por el mérito o la experiencia. Los amigos del Presidente, por el hecho de ser amigos del Presidente, en el gabinete del Presidente. El cuadro que apareció en mi imaginación fue volviéndose cada vez más preocupante. Si los priistas regresan, se restauraría la lealtad como el requisito básico de reclutamiento, dando paso a una improvisación costosísima para el país. Todo lo que el país ha avanzado en términos de profesionalización administrativa podría venirse abajo. Empecé entonces a imaginar que, quien nada sabe de telecomunicaciones podría llegar, de pronto, a dirigir la política de telecomunicaciones, o que quien no ha tenido contacto con la legislación laboral, estuviera súbitamente a cargo de aplicarla. A esa irresponsabilidad nos llevaría el retorno del PRI. Tiene razón César Nava: esa reversión sería terrible.

La reversión autoritaria regresaría el poder a las corporaciones mafiosas que crecieron al amparo del priismo. Sin duda, todo lo que hemos ganado en la limpieza del sindicalismo sería revertido. Los mimos a las jerarquías sindicales retornarían. Me espantó una imagen producto de mi malsano pesimismo: el horror de que el sindicato de maestros se pudiera adueñar de la política educativa. Eso sería gravísimo, pensé. En un grado extremo de cinismo, los priistas podrían llegar a un pacto electoral con esa organización y les entregarían posiciones políticas, a cambio de los votos. La desvergüenza de los priistas es tal que podrían colocar a un pariente de la cacique sindical en una alta posición administrativa. El corporativismo se incrustaría en el corazón de una política vital para nuestro futuro. Todo lo que ha luchado el PAN para librar a México de las garras del corporativismo, todo lo que lucharon los panistas para combatir los chantajes de un sindicalismo que impide el cambio, se vendría abajo si gana el PRI la Presidencia. En honor a Carlos Castillo Peraza que denunció con elocuencia la siniestra imbricación del sindicato magisterial en la política pública, hay que impedir esa tragedia. Cuánta razón tiene Nava: sería un horror esa reversión histórica.

Si algo hemos ganado en los últimos años es el avance en materia de transparencia y lucha contra la corrupción. Pero si llegan los priistas al poder, no tengo la menor duda de que le declararían la guerra al proyecto. Imagino que, si recuperan la Presidencia, los priistas tratarían de estrangular presupuestalmente al IFAI. Me imagino que, en lugar de recibir respaldo del gobierno para profundizar su acción, los priistas se dedicarían a combatirlo. Llego a imaginar una administración priista en donde los colaboradores del Presidente demandarían judicialmente al IFAI, para restaurar la opacidad y echar abajo sus resoluciones. Y tal vez tengan éxito. Podrían invocar el argumento típico de las autocracias: la emergencia y la seguridad nacional. Sería una desgracia histórica tener un gobierno que actúa en contra de la transparencia. De llegar el PRI a la Presidencia, no me cabe la menor duda de que las consecuencias serían terribles para la lucha contra la corrupción. Imagino que, de recuperar el Ejecutivo federal, los priistas provocarían que México retrocediera en los índices internacionales que miden la corrupción. Con los priistas podríamos llegar a retroceder una década y veríamos cómo Guatemala nos supera en la tabla. Que no nos quede duda de lo costoso que sería el retorno del PRI.

¿La política exterior de los dinosaurios? Otro retorno lamentable. La diplomacia de los priistas se dedicaría a congraciarse con dictadores y olvidaría la agenda de los derechos humanos. Los organismos internacionales de derechos humanos nos tendrían en la mira, mientras nosotros cerramos los ojos a las dictaduras del vecindario. Sería tan costosa la llegada del PRI al poder en el 2012 que podríamos llegar a perder la paz. Dios no lo quiera.

Kirchner y México

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Habrá que ver qué decisiones toma Cristina Fernández desde el poder y cómo se reconstruye la clase política argentina.

Hace algunos días, una amiga, escritora argentina, que vive desde hace tiempo en España, me decía que había visitado Buenos Aires y que había sentido la ciudad con un aire de los años setenta, previo, por supuesto a la dictadura que asoló a ese país desde 1976. Le contesté que no sabía si eso era bueno o malo, porque la izquierda de los años 70, de la que de alguna forma habíamos participado ambos, tenía idealismo, convicciones y principios pero también un desprecio por la democracia y una tendencia al autoritarismo demasiado marcados. Mi amiga tenía en buena medida razón: Néstor Kirchner, quien falleció la semana pasada a los 60 años de edad, venía de esas corrientes y representó, tres, cuatro décadas después de aquellas historias, esa izquierda que parece haber regresado al continente habiendo aprendido poco de su pasado. Más sofisticados (o con mayores límites políticos por una sociedad compleja como la argentina) que un Chávez o un Evo Morales, los esposos Kirchner han tenido luces y sombras muy marcadas: fue notable su acierto de haber reestablecido el juicio a los criminales de la dictadura militar y el de haber ayudado a esclarecer innumerables casos de personas desaparecidas, sin embargo, lo firme que fueron con el pasado no lo han sido con el presente. Pudieron reconstruir, por ejemplo, el sistema de pensiones y otorgar una serie de beneficios, pero no lograron reflotar completamente la economía, entre otras razones por su afán de controlar todos los organismos supuestamente autónomos que ellos mismos habían impulsado desde cuando Néstor asumió el poder en 2003, comenzando por el Banco Central. La transparencia nunca fue lo suyo y sus adversarios eran considerados enemigos y así eran, son, tratados. Argentina en ese sentido no es Venezuela, mas está lejos de tener una economía sustentada en bases firmes como las que construyeron las izquierdas modernas de Brasil, Chile y Uruguay. Demasiado nacionalismo, demasiado discurso antiimperialista de banqueta, demasiado Estado queriendo controlar desde los medios hasta las oposiciones, todo en el marco de una recuperación del país, aunque con tintes autoritarios, que le permitió a la gente respirar luego de la asfixia económica, política, social, del principio del siglo para Argentina.

Por alguna razón, Néstor Kirchner nunca se llevó bien con Vicente Fox y aunque la relación de su sucesora, Cristina Fernández, con Felipe Calderón es mejor, tampoco alcanzó para establecer la relación que nunca han terminado de cuajar Argentina y México en lo económico y lo político (como sí lo han hecho en lo cultural y social e incluso en el turismo). Entre Kirchner y Fox hubo más de un encontronazo, derivado de la política y la ideología, aunque también de formas de ver y entender la política absolutamente diferentes. Los dos podrían haber llegado al poder como outsiders de la política del centro, pero sólo hasta allí llegarían las similitudes. Kirchner se sentía cómodo con Chávez, con Morales, con Correa y, por supuesto, con los Castro, un poco menos con Lula y muy poco con Bachelet (o antes con Ricardo Lagos) y mucho menos con el uruguayo Tabaré Vázquez. En ese esquema, presidentes como Álvaro Uribe no tenían interlocución con los Kirchner y tanto Fox como Calderón no les resultaban, o resultan, en esa lógica, amigos "confiables": demasiado ortodoxos en el manejo económico, con perfiles más conservadores, cercanos de una u otra manera a Estados Unidos y enfrentados precisamente a esa corriente bolivariana o como se la quiera llamar que inevitablemente choca con las posiciones que pueden tener México o Colombia e incluso Perú, Chile o Uruguay. La imagen del velatorio del ex presidente, con Cristina acompañada por Chávez, Morales y Maradona, refleja con claridad esa situación.

Habrá que ver qué rumbo toma Argentina sin Néstor Kirchner, que ya estaba apuntado para reemplazar a Cristina en las elecciones de 2011 y acumulaba enormes espacios de poder en la nación, espacios que se reflejaban, entre otras cosas, en la política exterior y en particular en las relaciones con los países de la región.

Habrá que ver qué decisiones toma Cristina Fernández desde el poder y cómo se reconstruye la clase política argentina, siempre increíblemente volátil y ansiosa de un líder.

Además, habrá que desear que las relaciones económicas y políticas entre México y Argentina finalmente alcancen, algún día, con o sin los Kirchner, el nivel que deberían tener y que nunca han alcanzado, más por cerrazones ideológicas o circunstancias coyunturales que por falta de complementaridad y destino.

Vuelo 484 de Delta: “¡Quiero a mi mamá!”

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Mediodía del jueves 28 de octubre, terminal 2 del aeropuerto de la Ciudad de México. Una mujer blanca, intranquila, regordeta, de unos 25 años, los párpados pintados de azul, al parecer estadunidense, hace cola en el mostrador de Delta. Carga a un niño de un año y medio aproximadamente y tira con impericia de una niña de tres: morenitos ambos, con ropa nueva. El niño berrea: “¡Quiero a mi mamá!”

La empleada de Delta le informa a la estadunidense que falta una firma, sin embargo extiende los pases de abordar. El niño no deja de llorar desconsoladamente. Frente a la puerta 59 de la sala de espera, de donde saldrá el vuelo 484 a Nueva York, la mujer se levanta con la niña y dice en inglés por su celular que sólo se llevará a la pequeña, porque algo se complicó con el niño.

En la sala de espera, una pasajera joven, guapa, al parecer profesional en el manejo de menores, se acerca para tratar de tranquilizar al niño que se ha quedado solo. La estadunidense se percata y aleja con la niña. La mujer guapa y una segunda pasajera que se ha acercado también al niño avisan a una mujer de la Policía Federal que algo extraño podría estar ocurriendo. La estadunidense suelta a la niña y trata de escapar. Dos policías federales la detienen a los pocos metros: insulta, amenaza, algo dice sobre un vuelo a Atlanta. Se la llevan con los dos niños. Hasta ahí la narración de los hechos. Bendito azar.

• Pregunta a Delta y a la Policía Federal: ¿por qué si la documentación estaba incompleta se entregaron los pases de abordar?

• Pregunta a la Policía Federal: ¿en dónde están los dos niños, quién es la estadunidense?

Vamos a preguntarles.