noviembre 04, 2010

Crónicas malditas

Purificación Carpinteyro
pcarpinteyro@gmail.com
Reforma

2 de septiembre de 2010: en su discurso con motivo del IV Informe de Gobierno, el presidente Calderón anunció la publicación de un decreto que anticipa la transición de la televisión analógica a la digital, con el propósito de hacer "posible la participación de un mayor número de proveedores de señal de televisión". En palabras llanas, la decisión ejecutiva de abrir a la competencia la televisión abierta.

7 de octubre de 2010: la Cámara de Diputados aprobó promover una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que se reconozca que el decreto de transición digital está fuera de las competencias del Ejecutivo federal. Igual decisión fue adoptada por el Senado.

8 de octubre de 2010: en entrevista radiofónica, Alfonso Navarrete Prida, diputado priista del grupo cercano del gobernador Peña Nieto, defendió con firmeza que el Congreso no está en contra de la digitalización, pero es la "legítima sospecha" de que el decreto tiene fines electoreros, lo que hizo necesario impugnar su validez.

¿Será sospecha la razón por la que los representantes del PRI, PRD, Convergencia, Nueva Alianza y Verde Ecologista decidieron impedir que Televisa y TV Azteca enfrenten competencia? O ¿será que los poderosos grupos televisivos usaron a sus fieles escuderos para impedir que su poder se vea afectado y tenga que ser compartido con nuevos jugadores? Es pregunta.

20 de octubre de 2010: la ministra Olga Sánchez Cordero admitió las controversias constitucionales presentadas por los diputados y senadores en contra del decreto de TV digital y otorgó la suspensión provisional, fundada en el argumento de que con esa suspensión no se dañará a la sociedad, ni se afectará la economía ni la seguridad nacional.

Explicó que "la salvaguarda del interés social está garantizada en la medida que podrá seguir teniendo acceso a las señales que emitan los concesionarios y permisionarios de televisión, en la modalidad analógica". Es decir, podremos seguir disfrutando del elevado nivel cultural e informativo transmitido o por Televisa o por TV Azteca.

Noche a noche, los monitores de las televisiones de decenas de millones de hogares mexicanos permanecen conectados a la transmisión del canal en el que recién terminó un capítulo de la telenovela del momento. La inercia de la curva de audiencia simplemente garantiza el rating, y el noticiario oficial de las cadenas de televisión -de chile o de manteca, a su elección- se escucha de fondo entre las actividades previas al sueño, casi como un mantra.

Sus verdades y la propaganda de las campañas pseudofilantrópicas se insertan en el inconsciente colectivo que no cuestiona. A la mañana siguiente los mexicanos tenemos claro quiénes son los gobernantes que están haciendo algo por el país, cuáles deben ser crucificados y quién es quién para ser considerado en las encuestas para futuras candidaturas.

No hay nada de qué preocuparse, nuestros representantes en el Congreso estarán siempre alertas para garantizar que podamos conocer el último parte oficial de las noticias relevantes del día, en boca de los voceros de la verdad absoluta, según la televisión.

3 de febrero de 2006: Felipe Calderón Hinojosa, candidato a la Presidencia de la República por el PAN, acudió a la convocatoria de Emilio Azcárraga Jean y se reunió con los integrantes del consejo de administración de Televisa, en Valle de Bravo. El día anterior había tocado el turno de Andrés Manuel López Obrador y Roberto Madrazo Pintado, candidatos por la coalición Por el Bien de Todos y la Alianza por México, respectivamente, que tampoco dudaron en asistir.

Todos los candidatos rechazaron haber abordado en estas reuniones el tema de la Ley Televisa, que estaba siendo ventilado en el Congreso.

30 de marzo de 2006: las modificaciones conocidas como Ley Televisa son aprobadas por el Congreso. En apenas siete minutos el pleno de la Cámara de Diputados vota a favor, y pasa sin modificaciones por el Senado.

Tiempo después, los senadores Pablo Gómez del PRD, Santiago Creel Miranda del PAN, entre otros, declararon haber aprobado la ley "bajo presión" y en el contexto de las elecciones presidenciales.

Esta crónica macabra, que dista de ser exhaustiva, da lugar a más que la legítima sospecha de que el Estado mexicano está supeditado al omnipresente poder de los grupos televisivos, herederos del "dedazo". Ésta es la realidad que los legisladores no quieren cambiar, y que según la ministra Sánchez Cordero puede esperar, hasta que se decida si el Ejecutivo puede hacer algo por recuperar la supremacía del Estado.

Drogas: la ruta larga y la ruta corta

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Al votar contra la legalización de la mariguana, los ciudadanos de California han dicho no a la vía corta para un debate mundial de nuevo tipo sobre el tema.

Para países como México es una mala noticia. Quiere decir que no hay en el país consumidor por excelencia disposición ciudadana a revisar el statu quo del mercado de drogas, ese en el que aquí son los muertos y allá el consumo tolerado.

El no a la legalización no debe ocultar a nadie que, para todo efecto práctico, la mariguana es de uso tolerado y legal al menos en 13 estados de la Unión Americana, y en el mismísimo Distrito de Columbia, sede de la capital americana.

Los votantes de California se han negado sólo a legalizar la realidad. Su decisión tampoco debería ocultar a nadie el hecho de que el consumo de drogas ilegales, no sólo de la mariguana, es un negocio bien establecido, con sus debidas cadenas de corrupción y reglas de mercado negro, en las ciudades de Estados Unidos.

Pueden hacer sin mayores costos de inseguridad o violencia lo que ostensiblemente nosotros no podemos hacer aquí: mantener constante el tráfico y el consumo de drogas ilícitas. Sus narcotraficantes están bajo un control razonable y llevan su negocio en razonable paz. Los nuestros, no.

Su guerra contra las drogas tiene consecuencias aberrantes, pero tolerables para su sistema penal: hay 500 mil presos en cárceles estadunidenses por delitos vinculados al tráfico de drogas, la mayoría de ellos negros o hispanos.

Nuestra guerra contra las drogas tiene consecuencias que apenas pueden tolerarse por la visibilidad de la violencia que la caracteriza: cerca de 30 mil muertos en tres años, aparte de los 237 mil detenidos por delitos contra la salud en los tres últimos gobiernos.

En el mediano y largo plazos a México le urge un nuevo planteamiento mundial del problema de las drogas, un cambio del consenso punitivo de cuya observancia sólo salen para nuestro país costos y muertos. México tiene calidad moral para hacer ese planteamiento, pero su voz tardará en oírse mucho más que la de los votantes de California. Será una ruta larga.

En el corto plazo a México le urge un cambio de estrategia en su guerra contra las drogas, un viraje orientado a disminuir la violencia. Tiene que haber en esto una ruta corta, porque la larga, con estos costos, será, ya es, simplemente intolerable.

Véase un camino a la ruta corta sugerido por Eduardo Guerrero, en la revista Nexos de noviembre que empezó a circular ayer: “Cómo reducir la violencia” (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo &Article=1197808).

Periodistas, volver al futuro

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Sin nostalgia.- Hace algunas décadas, incluso antes del boom de las escuelas de Comunicación en universidades del país, allá por la década de los años 70, la misión del periodismo era informar, con el mayor rigor profesional posible, de los acontecimientos que en su momento marcaron la vida de nuestros padres y abuelos. Pauta a seguir, según los colegas más experimentados, era diferenciar información de opinión y respetar el lenguaje, nuestra herramienta de trabajo. También se pedía dar servicio óptimo a los anunciantes y apapachar a la comunidad de lectores que se conseguía congregar.

La forma de elaboración de los diarios, desde la formación de los textos hasta la impresión en rotativas gigantescas, era diferente a los métodos computarizados de nuestros días. Hay cosas que cambian y principios que permanecen. La tecnología y los modelos de negocio del oficio se ajustan sin cesar, pero todavía, cada jornada, en las redacciones un grupo de profesionales trata de informar con el mayor rigor posible de los acontecimientos que marcan nuestras vidas y se esmera por conservar la lealtad de la comunidad de lectores que ha logrado congregar.

Los periodistas digitalizados del futuro, muchos de los cuales están en las escuelas y otros ya hacen sus pininos en las redacciones, tendrán responsabilidades idénticas. Los nuevos se identifican con facilidad: pueden escribir a la velocidad de la luz en teclados minúsculos, inadecuados para la yema de un dedo, al mismo tiempo de que platican de otro tema. ¿Cómo le hacen? Imposible emularlos. Plataformas técnicas distintas irrumpen en el corazón del oficio a manera de tsunami. La forma de apropiarse de la información es otra. Reportear y seleccionar se están volviendo sinónimos. Antes conseguir información era la chamba, hoy día lo es discernir la información relevante, de calidad, entre la multitud de mensajes que circulan por la red. Los emisores se multiplicaron exponencialmente. Sin embargo, al final del día, la misión sigue siendo informar con el mayor rigor profesional posible. No ha encontrado sustituto digital para la reflexión crítica.

Periodistas sin periódico.- El contenido hizo, hace y hará la diferencia. Una buena pieza periodística cabe en cualquier formato. Periódico y periodismo son dos cosas distintas. Así como habrá cirujanos sin quirófano; habrá periodistas sin periódico. La materia primera de los periódicos, el papel, tiende a convertirse en una joya preciosa, pero se pueden crear docenas de alternativas. Lo mismo, pero más barato, como dice el conocido lema publicitario. En los albores de la civilización, cuando todavía éramos nómadas, había en la tribu alguien que curaba, que no se titulaba de médico; y personas que informaban, a las que no se les decía periodistas.

Contestemos este planteamiento: ¿un buen periodista de hace cincuenta años, podría destacar en nuestros días? Mi respuesta es que sí. Tendría, claro está, que recibir capacitación sobre los aparatos que hoy utilizamos, como grabadoras y ordenadores, pero una vez dominándolos seguiría siendo un buen periodista. De la misma manera, un buen periodista de nuestra generación podría sobresalir si viajara al futuro, cuando los periódicos de papel sean piezas de museo y la información se transmita en ingeniosos dispositivos que no han sido inventados.

Monstruo digital.- Es importante que el asunto de la evolución de la tecnología no impida que nos concentremos en los retos que nos impactan hoy y lo harán mañana, no dentro de un par de décadas. Desafíos que tocan a la puerta, imposibles de eludir. Antes de encarar a los nietos del monstruo digital de nuestros días, hay tareas inaplazables. Hacia el interior de las instalaciones, el anquilosado modelo de negocios de nuestras empresas, o la débil lealtad de los lectores. En la sociedad en la que operamos está la violencia sin control, la democracia estancada en la pubertad y, sobre todo, la desigualdad social que es nuestra asignatura pendiente desde que el cura Hidalgo despachaba en el pueblo de Dolores.

El manejo de la información es la médula del oficio, la forma de presentar el resultado es algo que está en constante evolución. Si realizamos nuestro trabajo diario con el mayor rigor profesional posible, los periodistas seremos parte del cambio tecnológico que padecemos; si no lo hacemos, ni siquiera tendremos que preocuparnos por el futuro. No llegaremos.

Los vientos de la mariguana

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Finalmente la mayoría del electorado californiano rechazó la Propuesta 19 que legalizaría la mariguana para fines recreativos en el estado más poblado de Estados Unidos. Es una lástima para todos aquellos que creemos que las drogas deben legalizarse para combatirlas como un problema de salud pública y no de seguridad pública. Sin embargo, diversos datos demuestran que este tema de la legalización ha llegado para quedarse y que los vientos soplan a favor de revertir la política prohibicionista, por lo menos de la mariguana.

La Propuesta 19, conocida oficialmente como Iniciativa para regular, controlar y gravar la cannabis, le permitía a los mayores de 21 años poseer hasta una onza (28.5 gramos) de la hierba para consumo personal en lugares privados o públicos autorizados para tal efecto. Asimismo, autorizaba el cultivo de mariguana para uso personal en un espacio de 2.3 metros cuadrados o la venta en establecimientos especiales. La propuesta contemplaba la prohibición en la comercialización y el consumo de la droga a menores de 21 años, su uso en las escuelas y el castigo severo a los conductores que la utilizaran. Además regulaba el transporte, la producción y venta gravando el consumo con impuestos locales que se utilizarían para financiar la regulación y adicción de esta droga. Este último asunto, el fiscal, era central para California, un estado que tiene problemas serios en sus finanzas públicas. Se calculaba que si cobraban un impuesto de 50 dólares por onza, el estado recaudaría 1.4 mil millones de dólares al año.

Sigo pensando que se trataba de una propuesta audaz digna de ser aprobada. La realidad es que la política prohibicionista para combatir el consumo de drogas ha fracasado. En la práctica, el consumo de la mariguana ya está tolerado en California. Sólo faltaba dar el último pasito para hacer de jure lo que existe de facto.

Pero 54% de los votantes californianos no se atrevieron. No obstante este resultado, vale la pena destacar que hubo 46% del electorado que sí votó a favor de la legalización. Se trata, nada menos, de tres millones 412 mil californianos que estuvieron dispuestos a dar el paso.

¿Quiénes son? De acuerdo con la encuesta de salida de CNN, el sesgo sociodemográfico más claro es la edad. Los jóvenes estuvieron a favor de la Propuesta 19, los viejos no: 59% de la población entre 18 y 29 años votó por la legalización, lo mismo que 51% de los electores entre 30 y 44 años. En cambio, 55% de los adultos entre 45 y 64 años rechazaron la medida y 66% de aquellos con una edad de 65 o más.

Esta estadística puede tener una doble lectura. Puede pensarse, por un lado, que una iniciativa similar eventualmente va a ser aprobada en el futuro en la medida en que los viejos conservadores vayan saliendo de la escena. Sin embargo, también puede ser cierto, por otro lado, que los jóvenes cambien de opinión, se vuelvan conservadores, conforme crezcan.

El hecho es que, hoy, la mariguana ya es legal con fines medicinales en 14 estados de la Unión Americana y en la capital Washington, D C. El martes se votó en tres estados más esta medida: Arizona, Dakota del Sur y Oregón. En las tres entidades el electorado rechazó permitir el consumo de cannabis para efectos médicos (en Arizona resultó ser una elección cerradísima donde el "no" ganó por un margen de 0.005% equivalente a seis mil 703 votos).

Otro dato más que vale la pena reportar: de acuerdo a una encuesta realizada por Gallup en octubre de este año, 46% de los estadunidenses dijeron estar en favor de la legalización completa de la mariguana. Y esta variable, año con año, crece. No hay duda de que los valores en el vecino del norte están cambiando con respecto a la cannabis.

En suma, creo que los vientos soplan cada vez más a favor de la legalización de las drogas, comenzando por la mariguana, en el mercado más grande del mundo que es el de Estados Unidos. Los mexicanos debemos aceptar esta realidad y adaptarnos a ella.