noviembre 08, 2010

Celibato y pederastia

Rubén Aguilar (@RubenAguilar)
Consultor y profesor de la Universidad Iberoamericana
raguilar@eleconomista.com.mx
El Economista

El celibato sacerdotal es una medida disciplinar, no pertenece al contenido del dogma, que debe ser revisada para volver a ser opcional como ocurrió en los primeros siglos del cristianismo y aún se mantiene así en la tradición de las iglesias ortodoxas, greco-católicas y en la iglesia maronita y siro-malabar.

La medida se hizo obligatoria a partir del siglo XI-XII y tiene sus antecedentes en el Concilio de Elvira (hoy Granada, España) en el 306. Recientemente el obispo de Viena, el cardenal Christoph Schoenborn, pidió un “cambio de visión” frente al celibato. El Vaticano de inmediato reaccionó en contra, pero el tema de la discusión está abierto.

Entre otras voces que piden el fin del celibato obligatorio de los sacerdotes están las del teólogo suizo Hans Küng y el escritor alemán Günter Grass, hijo de una familia católica. No hay una relación directa entre pederastia y celibato. El tema trasciende, con mucho, ese crimen que siempre debe condenarse.

Es un problema, como bien lo plantea Küng y también la UNICEF, que ocurre mayoritariamente en las familias donde se concentra 95% de los casos. El perfil “normal” de los abusadores son hombres casados y padres de familia. Sucede también como lo afirma el teólogo suizo en “asociaciones religiosas, iglesias y religiones en las cuales no rige la ley del celibato para los ministros”.

El historiador Jean Meyer ha planteado, a partir de la evidencia, que la pederastia, que en 90% de los casos se concentra en niños, no se va a terminar si se aprueba el celibato voluntario en la Iglesia porque ahí, entre otras cosas, no está el mayor de los problemas. La gran cantidad de los abusos sexuales no es, como lo dice Küng, un problema sólo clerical.

Estudios citados por Meyer revelan que en Estados Unidos, por ejemplo, uno de cada 10 hombres, 10% de la población masculina, ha sufrido algún abuso sexual. En su gran mayoría por miembros y amigos de la familia. En menor medida por maestros y clérigos de todas las confesiones donde algunos son casados.

El celibato, por otras muchas y válidas razones, debe ser una opción voluntaria, como lo es en otras iglesias cristianas. En la primitiva Iglesia, la más cercana a los tiempos de Jesús, el celibato no fue un tema y en todo caso era opcional. La mayoría de los primeros apóstoles era hombre casado.

La supresión del celibato obligatorio no resolverá el problema de los curas pederastas. Al interior de la Iglesia lo único que lo puede solucionar, como lo plantea Meyer, es abolir para siempre la hipocresía, la cultura del secreto y la protección de los delincuentes supuestamente para evitar el escándalo que en realidad siempre lo hace mayor.

Avalancha republicana

Andrés Oppenheimer
El país

El resultado electoral en EE UU afectará a la ayuda a Latinoamérica

El triunfo republicano en las elecciones intermedias del martes probablemente produzca recortes presupuestarios que afectarán a la ayuda externa estadounidense a Latinoamérica y el Caribe, y también generará posturas antiinmigratorias más duras en el nuevo Congreso. Eso no va a cosechar muchos aplausos en América Latina.

Pero en el aspecto positivo, el triunfo republicano aumentará significativamente las posibilidades de que el Congreso apruebe los acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá, cuya ratificación está pendiente desde hace años.

Veamos cada uno de estos y otros temas:

En lo relacionado con la ayuda externa, el impacto regional más inmediato de la avalancha republicana -que le dará el control de la Cámara de Representantes y una mayor presencia en el Senado al Partido Republicano- será un mayor apoyo a reducir la ayuda externa.

El congresista Eliot L. Engel, presidente del subcomité del Hemisferio Occidental de la Cámara, me dijo en una entrevista que "cuando se tiene un Congreso republicano que habla de recortar el 25% del presupuesto, habrá una enorme presión para recortar la ayuda externa", que podría incluir los programas antidroga como el Plan Mérida destinado a México y Centroamérica, el Plan Colombia y la ayuda a Haití.

"Eso me pone nervioso", dijo Engel. "Sería un gran error, porque en un momento en el que países como Brasil y Venezuela están aumentando su influencia regional, lo peor que podemos hacer es cortar la ayuda externa y dar la impresión de que nos estamos desentendiendo de la región".

Una fuente cercana al liderazgo del Partido Republicano en el Congreso me admitió: "Vamos a hacer recortes generalizados tanto en lo doméstico como en lo internacional, y no va a haber excepciones ni vacas sagradas". Y agregó: "Yo esperaría recortes incluso en el Plan Mérida".

En materia de inmigración, no hay dudas de que el nuevo Congreso tendrá una postura más antiinmigrante que el actual. Las posibilidades de que se apruebe una reforma migratoria integral que incluya una vía a la legalización de los más de 11 millones de indocumentados, se verán ahora muy reducidas.

"Creo que no ha habido ningún Congreso desde 1924 -y por cierto, ninguno en los últimos 50 años- compuesto por legisladores más dispuestos a reducir la inmigración legal e ilegal que los que fueron electos", dice Roy Beck, director de Numbers USA, un grupo que se define "a favor de niveles más bajos de inmigración".

Los congresistas republicanos Lamar Smith, de Tejas, y Steve King, de Iowa -ambos entusiastas partidarios de la Ley de Arizona y de otras drásticas medidas antiinmigratorias-, se convertirán en presidente del Comité Judicial de la Cámara y de su subcomité de inmigración.

Alrededor de 36 legisladores que apoyaban la legalización de indocumentados han perdido sus escaños. El nuevo Congreso solo tendrá 170 miembros que apoyan una vía condicionada a la legalización de los inmigrantes ilegales, un número muy inferior a la mayoría de 218 votos que requeriría aprobar esa medida, según Numbers USA.

Los acuerdos comerciales pendientes con Colombia y Panamá tienen mayores opciones de ser aprobados, entre otras cosas porque el probable nuevo presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John A. Boehner de Ohio, es un firme partidario de esos acuerdos comerciales.

Con respecto a Venezuela y Cuba, el nuevo Congreso será más crítico con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y la dictadura militar cubana. Pero, a menos que haya sorpresas, es improbable que apruebe nuevas sanciones contra cualquiera de los dos países.

Mi opinión: los legisladores republicanos que ganaron el martes no son un grupo homogéneo, y muchas de sus propuestas más radicales encontrarán frenos dentro de su propio partido.

Legionarios: operación guillotina

Otto Granados
og1956@gmail.com
Heterodoxias
La Razón

Durante estos días de visita a España, más de alguno le habrá recordado al papa Benedicto XVI que el sacerdote Santiago Oriol, miembro de una de las familias más conservadoras de la aristocracia franquista, y de las que acogieron y patrocinaron más activa y generosamente la fundación de la Legión de Cristo en España, decidió abandonar recientemente la congregación en probable respuesta a la operación con que El Vaticano pareciera estar encubriendo a los altos directivos que Marcial Maciel impuso en el control de esa organización.

El asunto no es menor para el futuro de la institucionalidad eclesiástica, ni se trata solo de un doloroso conflicto de conciencia. Tiene otras vertientes, en cierto modo contradictorias entre sí, sobre las que es importante reflexionar.

La primera es la posibilidad de que la crisis derivada de los abusos cometidos por numerosos sacerdotes tenga una dimensión muchísimo más profunda que los escándalos conocidos hasta ahora, y amenace no solo con un problema, más grave aún, de integridad y de credibilidad a la iglesia, sino que pueda tener otras repercusiones inmanejables en el terreno legal y, sobre todo, financiero.

En ese sentido, como bien lo sugiere el elevado costo de los distintos arreglos pecuniarios extrajudiciales en Estados Unidos o Irlanda, sostener en el gobierno legionario a quienes durante años conocieron y administraron los abundantes recursos que Maciel recaudaba —en especial Alvaro Corcuera y Luis Garza Medina— parecería ser una decisión racional por un tiempo porque sólo ellos saben, además de las intimidades del fundador, cómo se hizo la ingeniería financiera y cómo es factible, desde el punto de vista legal y fiscal, desmontarla y, eventualmente, disponer de ese fondo valuado en miles de millones de euros.

Defenestrar a ambos en este momento, en que hay una enorme tensión interna por este tema, le impediría al Vaticano operar una intervención detallada, efectiva y completa de las finanzas de la congregación.

Pero esta misma lógica, en segundo lugar, pone en contradicción el discurso de el Papa en torno al hecho de los abusos. Hace cinco años fue el propio Ratzinger quien denunció alarmado la “suciedad en la iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar entregados al Redentor”.

Hoy, en cambio, una vez abierta la caja de Pandora, el papa se enfrenta a un complicado dilema en el que, por un lado, hay una necesidad de congruencia moral pero por otro existe el imperativo de que esa “suciedad” permanezca bajo la alfombra para evitar una crisis mayor como la que, de algún modo, simboliza la separación del padre Oriol.

Es desde luego difícil prever cómo terminará esta disputa política, financiera e institucional, pero tomar el control pleno de la congregación exigirá al Vaticano guillotinar, sin escarnio y en silencio, a quienes cohonestaron, por comisión u omisión, los delitos de Maciel.

La batalla de Matamoros

Raymundo Riva Palacio (@rivapa)
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
Eje Central

El viernes pasado en Matamoros, ciudad gemela de Brownsville, en la frontera tamaulipeca con Estados Unidos, sucedió el suceso más paradigmático en los 47 meses de lucha contra las drogas.

Fue la operación donde murió Ezequiel Cárdenas Guillén, conocido en el cártel del Golfo como Tony Tormenta, en la cual se dio la primera batalla formal que muestra cómo ésta, que ahora define el gobierno de Felipe Calderón como "lucha contra la delincuencia", es una guerra real.

Empezó hacia las diez y media de la mañana del viernes en el centro de Matamoros, en una operación quirúrgica de comandos especiales de la Marina contra Cárdenas Guillén, hermano de Osiel, quien reclutó a 33 desertores del Ejército Mexicano y creó su brazo armado Los Zetas. Tony Tormenta nunca pudo reclamar el título de jefe de ese cártel cuando su hermano fue detenido en 2003, y siempre fue relegado a un segundo nivel de mando en la organización criminal tamaulipeca.

Buscado en México y Estados Unidos -donde había una recompensa de cinco millones de dólares por su captura-, los marinos, que reciben su información de inteligencia de la DEA, tenían tres días acosando a Cárdenas Guillén y cerrando el círculo para conseguir su caída. Como sucede generalmente con los comandos de la Marina, no hubo sobrevivientes. Cuando llegaron a la bodega donde se encontraba escondido, los recibieron con fuego. Respondieron con fusiles de asalto y granadas, con lo que abrieron un boquete de casi dos metros de diámetro, y lo mataron a él y al menos a otras cuatro personas en su interior.

La guerra real no muestra esa acción punitiva sino la operación en su conjunto. La descripción de los reporteros en el lugar habló de enfrentamientos en diversas partes de Matamoros, con cientos de militares y policías federales actuando en acción simultánea, helicópteros sobrevolando zonas específicas de la ciudad, y con un número de muertos que oficialmente se ubica en diez, incluidos un editor y un reportero de policía del periódico Expreso de Matamoros.

A partir de la información pública y la oficial se puede reconstruir lo que sucedió. Un total de 150 marinos participaron en el operativo dentro de lo que llama la Secretaría de Marina "el primer círculo". Es decir, son quienes fueron eliminando al perímetro de seguridad de Cárdenas Guillén y fueron abriéndose paso hasta llegar a la bodega. Al menos otros 450 marinos participaron en un segundo círculo, con el propósito de ir neutralizando al perímetro de seguridad externo de Tony Tormenta, y evitar que pudieran acercarse al núcleo del enfrentamiento. Una breve introspección de lo que sucedió en las calles de Matamoros quedó registrada en los videos caseros de ese día.

Las crónicas de los periodistas y los mapas que al día siguiente publicaron algunos periódicos de los puntos donde se dieron enfrentamientos, muestran que ninguno de ellos estuvo cerca de la bodega donde murió Cárdenas Guillén, a donde llegaron los marinos a las 15:30 horas -varias horas después de haber iniciado la batalla de Matamoros-. Esto se explica porque hubo un tercer círculo a cargo del Ejército, que estableció una especie de cordón sanitario alrededor del primer plano de operaciones de la Marina.

De acuerdo con información pública y la escasa información oficial al respecto, el Ejército sirvió como muro de contención para los refuerzos que el cártel del Golfo intentó desplazar hacia la bodega en la que se encontraba Tony Tormenta. El enfrentamiento en el punto neurálgico de la batalla se prolongó durante 125 minutos, según el recuento oficial, lo que explica por qué hubo tantos bloqueos y choques armados en otros puntos periféricos del centro de Matamoros.

Los refuerzos del cártel del Golfo no pudieron acercarse al centro de la ciudad al ser contenidos por el Ejército. En uno de esos enfrentamientos es donde cayó abatido en un fuego cruzado el periodista del Expreso, Carlos Alberto Guajardo, quien estaba alejándose del foco de la batalla en busca de mayor información en las dependencias oficiales. Su muerte dibuja cómo fueron moviéndose militares y narcotraficantes, donde periodistas sin experiencias en guerras, como Guajardo, y la ciudadanía en general, están en alto riesgo.

Guajardo, reportero de policía, hizo lo que tenía que hacer, de acuerdo con la mecánica de su trabajo: acudió a donde se enfrentaban policías y ladrones -ésta es la cobertura convencional que predomina en la prensa- y una vez visto lo que sucedía y recopilada la información de campo posible, fue por más datos. Lo que nunca supo, porque pocos se han tomado en serio que esto es una guerra, es que en el momento que se da una operación militar del tipo de la de Matamoros, toda la ciudad entra en movimiento.

Al iniciarse la operación contra Tony Tormenta, los militares asumieron que habría batallas en toda la ciudad, lo que explica los diferentes perímetros de seguridad que establecieron los militares, que fueron reubicándose en la medida en que iban rechazando a los enemigos o establecían nuevos frentes de batalla. Guajardo no sabía que en esos momentos la ciudad era totalmente insegura, por lo que no pudo descifrar lo que se veía en las calles -una situación extremadamente volátil- como se aprecia en los videos caseros, y extremar su seguridad.

Durante unas seis horas y media Matamoros se convirtió en una verdadera zona de combate, que en términos militares se le denomina "teatro de operaciones bélicas". No hay duda alguna de que eso es lo que sucedió el viernes pasado, acéptelo o no el gobierno del presidente Calderón. La negación, sin embargo, es relevante. No es lo mismo preparar a una ciudadanía para la guerra y trabajar sociopolíticamente en ello -hay naciones que aceptan esa realidad y actúan en consecuencia-, que decirle que está luchando meramente contra la inseguridad pública, y dejarla inerme ante situaciones como las que llevaron a Guajardo a la muerte.

La batalla de Matamoros es un modelo clásico de guerra irregular. Aceptarlo tiene costos y consecuencias políticas. Pero no admitirlo eleva las probabilidades de que los daños colaterales sigan subiendo en la medida en que la mentira oficial les ofrece una narrativa maniquea e irresponsable. El costo de largo plazo de esta mentira será mayor que el encubrimiento de esta realidad en la cual los únicos que están sin herramientas para protegerse, mediante medidas precautorias, son los ciudadanos.

Tony Tormenta y las contradicciones de esta guerra

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

Murió Tony Tormenta. ¡Qué bueno que hayan detenido su trayectoria criminal, pero qué miedo!

Han pasado ya varios años de que el gobierno de Felipe Calderón declaró la guerra contra el narcotráfico para que no sepamos todos lo que significa la muerte o la detención de un capo. Pregúntele a los habitantes de Morelos lo que pasó cuando mataron a Arturo Beltrán Leyva. Y qué decir de la detención y luego extradición de Osiel Cárdenas, que acabó generando la lucha fratricida entre Los Zetas y el cártel del Golfo, y que tiene sumidos en el pánico, por lo menos desde hace dos años, a buena parte de Tamaulipas, norte de Veracruz y municipios fronterizos de Nuevo León.

Hasta el momento, esa es la paradoja: los triunfos del gobierno se traducen en mayor violencia para los ciudadanos. Lo explica y documenta Eduardo Guerrero en su artículo Cómo reducir la violencia en México en la revista Nexos de este mes: “La estrategia actual del gobierno mexicano para debilitar a las organizaciones criminales está dirigida a fragmentarlas. Una acción recurrente para lograr tal división es el arresto de sus jefes. Tales arrestos […] desencadenan crisis internas de sucesión y propician la conducta oportunista de sus adversarios que aprovechan la crisis momentánea para atacarla”. El resultado: cada vez más violencia.

El 11 de diciembre de 2006, cuando los secretarios del nuevo gobierno citaron a conferencia de prensa para anunciar el Operativo Conjunto Michoacán, Francisco Ramírez Acuña, entonces secretario de Gobernación, dijo: “una de las tres prioridades del presidente Calderón es fortalecer la seguridad de los mexicanos y sus familias, para traer la paz a los espacios públicos que la delincuencia organizada ha arrebatado”. Eso no sólo no se ha logrado, sino que cada vez son más los espacios públicos que nos están vedados.

No criticamos que se detenga o combata a los líderes de los cárteles, pero sí que se haga en detrimento de la ciudadanía. En una democracia no se puede luchar contra un grupo criminal sin tener en cuenta las consecuencias que una determinada estrategia tiene sobre la vida de los ciudadanos, de lo contrario se corre el riesgo de que entre la población se confundan estrategia y objetivos, y se quede el Estado sin apoyo ni legitimidad para hacer frente a la amenaza real que significan estos grupos.

En Tijuana tiemblan cuando se hacen grandes decomisos de droga porque anticipan una ola de secuestros y extorsiones de parte de los grupos criminales afectados. Los sinaloenses ya saben que después de una detención siguen los reacomodos y las venganzas, producto de las sospechas de traición.

Porque es indispensable para que sobrevivamos como comunidad que los grupos criminales no se apoderen de las estructuras de gobierno, policiacas y de justicia el gobierno tiene, cuanto antes, que redefinir la forma en que pelea esta guerra, anteponiendo a cualquier otro objetivo la disminución de la violencia que pesa sobre muchos mexicanos.

Retoños

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Tolvanera
Reforma

El mensaje es inequívoco. Los capos no vivirán para contarlo. Así les fue a Arturo Beltrán o Nacho Coronel; Tony Tormenta o cualquiera de los nombres de los más buscados.

Quienes queden vivos podrán optar por la renegada negociación. El Grande o La Barbie; El Conejo o cualquier otro candidato a declarante.

La fase es diferente: plomo o salvoconducto. Muertes a sangre y fuego o negociaciones embozadas de "duros arraigos" para los detenidos, donde "confiesan" sus crímenes y la autoridad detiene a los ex funcionarios (a los que están fuera del poder) que fueron sus cómplices.

Y en ese descabezamiento a sangre y fuego o pactado no parece haber las acciones integrales que eviten el retoño de nuevas cabezas y propicien en cambio un nuevo entramado institucional que impida la reproducción o por lo menos amaine los fenómenos delincuenciales.

En su libro Amexica. Una guerra a lo largo de la línea fronteriza, el periodista británico Ed Vulliamy reproduce testimonios de habitantes de los distintos municipios fronterizos mexicanos envueltos en la batalla del narcotráfico; resaltan los fatalismos de aquellos que hablan con gran familiaridad de los capos y los jefes criminales que van y vienen. Por ejemplo, en Nuevo Laredo, considerado el punto central de introducción de drogas a Estados Unidos.

"El Ejército está aquí pero eso no afecta el tráfico de drogas. Uno sabe de la guerra del Presidente Calderón contra los narcotraficantes pero no contra el tráfico de la droga", le comenta un entrevistado a Vulliamy, en el libro de reciente aparición. El tráfico de drogas sigue, con la misma intensidad.

Así con lo demás: el tráfico de gasolina robada, las extorsiones, la parálisis de la producción agrícola, las exigencias de dinero a pescadores y, desde luego, el control de los aparatos de seguridad del gobierno estatal y municipales en todo Tamaulipas.

En noviembre de 2008 fue capturado El Hummer, líder del cártel tamaulipeco; en abril del 2009, El Goyo, uno de sus sucesores; en julio pasado fue apresado El Apache. Eso no disminuyó la violencia sino la extendió. Desbordó Tamaulipas y dominó a Nuevo León. Vinieron fenómenos desconocidos: en mayo pasado la ejecución de un candidato a alcalde, en junio el asesinato de un candidato a gobernador, en agosto el homicidio de un alcalde en funciones. Así como el descubrimiento de 72 cadáveres de migrantes en San Fernando.

La ejecución de Tony Tormenta en una fiera batalla sucedida en el Centro Histórico de Matamoros, augura que la Guerra no se acaba sino se agrava.

Lo que sucede en Tamaulipas es emblemático. Guadalupe Correa-Cabrera, investigadora de la Universidad de Texas en Brownsville, en su trabajo "La Frontera 'Olvidada' El Caso Tamaulipas: Clave para Entender la Nueva Configuración del Crimen Organizado en México", describe cómo ha crecido y bifurcado el Cártel del Golfo hasta convertirse en el poder paralelo y dominante en distintos puntos tamaulipecos.

La investigadora advierte cómo a diferencia de otros fenómenos de crimen organizado en México, el CDG pudo establecer comandos descentralizados y formalizar la paramilitarización con cuerpos armados al servicio de las organizaciones criminales incluso con operaciones de contrainsurgencia.

El sicariato, concluye, se profesionalizó con una disciplina castrense.

El CDG domina las plazas estratégicas: Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, mientras que en Tampico sostiene una dura batalla por el control contra Los Zetas, grupo escindido del Golfo, que tiene influencia en la denominada Frontera chica y los municipios colindantes con Nuevo León. San Fernando está controlado por el CDG pero en las rancherías operan Los Zetas. El CDG se apoya en ex policías y policías aún en activo y usa sicarios a los que llama Lobos y escoltas personales a los que denomina Escorpiones, describe la investigadora.

Tony Tormenta reprodujo en su vida criminal los típicos esquemas de operación de los criminales del narco. Acaso con sus rasgos propios como el hacer una "polla" donde ofrecía 3 mil dólares a cada desertor o civil que le auxiliara en la introducción de droga a Estados Unidos (Reforma, 07/11/10).

Después entró al negocio de tráfico de indocumentados para lo cual se asoció con Boris del Valle, un cubano que trabajó como asesor de seguridad de Greg Sánchez, el ex alcalde perredista en Cancún, preso en el penal de alta seguridad en Tepic.

Tras Tormenta vendrán nuevos traficantes e inventores de "pollas" y contratantes de "polleros". Habrá otros políticos ligados a los criminales que les acompañen en compartir el territorio en el que gobiernan y delinquen.

Nadie duda que la batalla es cruenta y dura. Pero el mero descabezamiento no está abriendo las vías de dominio institucional. Menos de la pacificación.

Tony Tormenta y el Conejo

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Todos los grupos que participan en esta guerra fueron golpeados en los últimos días, con detenciones, enfrentamientos y muertes.

La caída de Ezequiel Cárdenas Guillén, Tony Tormenta, es una golpe demoledor para el cártel del Golfo. Si bien esa organización continuará bajo el mando de Eduardo Costilla, apodado El Coss, lo cierto es que se encontrará seriamente debilitada en su lucha contra Los Zetas, en un contexto que parece llevar a un equilibrio precario de poder entre las distintas organizaciones.

Lo sucedido en los últimos días es una demostración de que sí pueden darse golpes simultáneos en distintos frentes y a distintos grupos. La caída luego de una brutal batalla de horas en Matamoros de Tony Tormenta debilita a esa organización y también su alianza con el cártel del Pacífico de Joaquín El Chapo Guzmán. Los golpes contra miembros de La Familia michoacana en el fin de semana en ese estado, también le pegan a esa alianza. La detención de varios integrantes de los restos del cártel de los Beltrán Leyva, por su parte, debilita aún más a ese grupo aliado con Los Zetas y el cártel de Juárez. Y la detención de Harold Poveda, el Conejo, deja sin su principal proveedor colombiano a esa organización. No deja de ser significativo que con él fue detenida una mujer que ya había sido asegurada en aquella fiesta en una casa del camino al Desierto de los Leones, de los Beltrán Leyva, de la que habían escapado tanto los hermanos como el propio Conejo. Cómo recuperó esa mujer la libertad y qué hacía nuevamente en el narcotráfico, nadie lo ha explicado.

Tony Tormenta como lo reflejaba su apodo era un hombre de acción, no un estratega. Estuvo a cargo del cártel, mientras su hermano Osiel Cárdenas estuvo preso en cárceles mexicanas, pero en cuanto fue enviado a Estados Unidos, allí se convirtió luego de una larga negociación, en un testigo protegido, y las cosas cambiaron. Los Zetas, que habían compartido el poder del grupo con los sucesores de Osiel, se separaron y comenzaron una durísima guerra contra sus antiguos aliados que, inclusive cambiaron de bando, aliándose a su vez con el cártel de Sinaloa para tratar de aniquilar a Los Zetas. En el enfrentamiento ha habido miles de muertos en Tamaulipas y en distintas zonas del país y, si parecía que el cártel del Golfo estaba dando pasos para recuperar la frontera respecto a Los Zetas, todo indica que la caída de Tony Tormenta, alterará una vez más esa relación y vendrá una etapa, sin duda muy violenta en la frontera, porque les querrán arrebatar el control a los del Golfo sobre todo de Matamoros.

El caso de Harold Poveda, el Conejo, es muy peculiar. Este hombre había sido enviado hace años por el cártel del Valle del Norte, Colombia, y era el encargado de coordinar la ruta del Pacífico, la que sale del puerto colombiano de Buenaventura y, desde allí, coloca los cargamentos de cocaína en distintos puntos de Centroamérica o México, para los cárteles locales. Poveda trabajaba directamente con los Beltrán Leyva, y cuando se da la ruptura de éstos con la gente del Chapo Guzmán se queda con los Beltrán. Con el deterioro y fragmentación de ese grupo comienzan sus propios problemas y empiezan a caer cargamentos de los que era responsable; se habla que quedó debiendo millones de dólares a sus proveedores en Sudamérica. Poveda declaró tras ser detenido que, el último cargamento de cocaína que introdujo al país fue para Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, "quien me quedó debiendo aproximadamente 40 millones de dólares por ese cargamento". También dijo que debía unos 28 millones a sus proveedores colombianos.

Poveda proporcionaba enormes cantidades de droga a los Beltrán. Según el parte policial el Conejo introducía mensualmente a territorio mexicano alrededor de dos toneladas de cocaína, a través de lanchas rápidas o submarinos. La droga ingresaba por vía marítima procedente de las costas del Pacífico colombiano, arribaba a Costa Rica y a las costas de los estados mexicanos de Chiapas y Guerrero. La infraestructura aérea del cártel del Pacífico que se encontró en Costa Rica era parte de ese andamiaje. Desde 2000, Poveda introdujo a México más de 20 toneladas al año, en cargamentos que iban de tres a cinco toneladas, convirtiéndose en el principal proveedor de los Beltrán Leyva. Eso quiere decir que Poveda logró ingresar en la última década más de 200 toneladas de cocaína pura al país.

En síntesis: Todos los grupos que participan en esta guerra fueron golpeados en los últimos días, con detenciones, enfrentamientos y muertes de sus integrantes. Este capítulo está bien encaminado, aunque se puede hacer mucho más si mejora la coordinación. Pero sigue faltando algo fundamental: Otorgarle mayor tranquilidad a la gente, romper con las redes que se dedican a la extorsión, el secuestro y el robo (aunque ha habido golpes interesantes también en los últimos días al respecto) y regresar a tener espacios, rutas y territorios seguros. Hoy ninguno parece serlo.

Los terribles gatos

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me inquietan los gatos. Miran con fijeza indiferente como si nos supieran de más. Alguien debería explicarles a los perros, dice Hugo Hiriart, que no deben profesarnos esa admiración perruna, pues son infinitamente superiores a nosotros. Alguien debería explicarles a los dueños de gatos que no son en realidad los dueños, sino la propiedad de sus gatos.

Hay gatomanía y hay gatofobia. No creo padecer ninguna de las dos, pero sé historias de gatos que me inclinan al horror más que a la adhesión.

No fui testigo, pero puedo imaginar con precisión el dominio de los gatos sobre los años finales de Elena Garro: un museo de olores imposibles y felinos ubicuos, absolutos dueños de su dueña.

Conocí los estadios iniciales del dominio de los gatos sobre la vida de Carlos Monsiváis, aquella entrega elegida de su cuarto y de su biblioteca a la proliferación de gatos sin otro pedigrí ni otro parecido que su voluntad indiferente y altiva de dominio.

Me entristece pensar que en tanto amor esclavo por sus gatos Carlos Monsiváis adquirió al menos parte de la fibrosis pulmonar que le acortó la vida. Sus pulmones, dijeron los médicos, estaban atrofiados al 70 por ciento por los miles de pelos de gato que había aspirado por años en su compañía.

Recordé al saber esto el diagnóstico de esterilidad hecho sobre una púber por su larga convivencia con los gatos. La convivencia con los gatos produce un porcentaje de esterilidad en niñas que se vuelven mujeres rodeadas de gatos.

Recuerdo de los primeros días de residencia en mi casa, hace 20 años, junto al bosque de Chapultepec, la persistencia de un camino de gatos que se habían hecho dueños de una caseta abandonada.

Una noche, mientras escribía con la puerta abierta al viejo patio de la vieja caseta, vuelta ahora una cochera, sentí más que escuché, pues los gatos son inaudibles, la mirada radiante de un gato midiéndome desde la oscuridad del patio, como si preguntara por el viejo refugio.

Fue como dar un salto a lo desconocido, la impresión de estar siendo mirado silenciosa pero cabalmente desde el más allá.

En uno de mis dos o tres intercambios telefónicos con Octavio Paz, recuerdo haberle comentado la historia de aquel gato y haber escuchado de él lo fundamental que sé sobre los gatos, a saber, que los gatos no son animales domésticos, sino pequeños tigres en acecho que no se domestican nunca. Conservan intactos bajo sus pelambres de terciopelo los mandatos salvajes de su naturaleza.

Paz debía saber mucho de gatos. Su viuda Marie Jo, bella y alegre mujer, vive rodeada de gatos, como si supliera con ellos la presencia indomada del poeta.