noviembre 10, 2010

La nueva triquiñuela de Peña Nieto

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
Historias de un reportero
El Universal

El gobernador del Estado de México pidió cita con la dirigente nacional de su partido. Estaba en una encrucijada: se había vencido el periodo de Ricardo Aguilar Castillo como presidente del PRI en su entidad, y abrir un proceso de sucesión interna acarrearía una división entre los aspirantes a ser gobernador, pues todos los grupos querrían meter las manos y dejar como nuevo dirigente, como árbitro de la contienda priísta, a alguno de sus leales.

Fuentes muy bien informadas revelaron a este reportero que llegó Enrique Peña Nieto a la cita con Beatriz Paredes Rangel y le hizo un planteamiento que fue a la vez solicitud: para evadir la elección de dirigente estatal, y dado que el gobernador había operado pidiéndole la renuncia a todo aquel que pudiera por estatutos sustituir a Aguilar Castillo a nivel local, sólo quedaba que el Comité Ejecutivo Nacional (o sea, Beatriz Paredes) nombrara un delegado para hacerse cargo del PRI mexiquense.

Cuando Paredes preguntó si se le ocurría algún nombre para ocupar la delegación, Peña lo tuvo a la mano y lo ofreció de inmediato: ¡Ricardo Aguilar Castillo! ¡Oh, sorpresa, el mismo al que se le había terminado el periodo! Los estatutos, las formas políticas, el espíritu democrático quedaron de lado y se consiguió una reelección disfrazada de interinato (este reportero no recuerda otro caso en donde el interino es justamente ¡el que está dejando el cargo!).

Tras remozar de esta singular forma el déficit de dirigente priísta en el Estado de México, los precandidatos de este partido a la presidencia de México en 2012 están en la ruta de lograr consensos para un nuevo dirigente nacional, en sucesión de Beatriz Paredes. Los caballos van corriendo en este orden: Humberto Moreira, Jesús Murillo Karam y Emilio Gamboa Patrón.

Moreira gusta a Peña Nieto y a Beltrones, pero resulta casi inaceptable para Beatriz Paredes, quien originalmente quería en el puesto al saliente gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, pues de Humberto Moreira rechaza sus orígenes vinculados a la maestra y ex priísta Elba Esther Gordillo, cuya vuelta al tricolor resulta indeseable para buena parte de la militancia y liderazgos. Jesús Murillo Karam es el segundo mejor nombre para los tres precandidatos. Y Emilio Gamboa queda en tercer sitio fundamentalmente porque Beatriz Paredes lo tiene prácticamente “vetado”.

El Quinto Informe de Gobierno de Humberto Moreira la semana pasada en Coahuila sirvió como el mejor respaldo a su propio destape: la convocatoria fue tan contundente que lució casi como un “habemus dirigente” y su activismo ya tuvo como primer logro que Beatriz Paredes, quien coqueteaba con permanecer un rato más en el cargo, tuviera que salir a declarar públicamente que está por lanzar la convocatoria para la elección de nueva cúpula del partido tricolor para sucederla. Y no hay marcha atrás en ello.

SACIAMORBOS

Quedó solamente para el registro el berrinche de Fidel Herrera, a semanas de dejar el gobierno de Veracruz y deseoso de aterrizar en cualquier candidatura (presidencial, de dirigencia, de sector, de Congreso), quien envió a su líder local de partido a lanzarse contra Peña Nieto (le dijo inmaduro, improvisado y soberbio), rompiendo la tregua interna priísta y dando apenas una muestra de lo rudo que se puede poner y lo débil que ha sido siempre la proclamada unidad priísta.

¿Blindaje ante la narcopolítica?

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Políticos sospechosos de proteger los intereses del crimen organizado los hay en todos los partidos.

Escuchaba ayer a un funcionario electoral hablar de que se construirá un "blindaje electoral de tercera generación" (lo que eso quiera decir) para evitar la infiltración del crimen organizado en las contiendas comiciales. Casi al mismo tiempo, el presidente Calderón, en la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa, en Mérida, hacía un llamado a todos los partidos a evitar esa penetración que, decía, y en eso tenía razón, ya se da y afecta a todos los partidos.

No sé cuál es el blindaje ante un desafío de ese tipo, pero es evidente que no se puede impedir la penetración de un cuerpo que ya está infectado por un virus. El caso del diputado Julio César Godoy es paradigmático: tendrá que ser la justicia la que defina si es parte o no de las estructuras del cártel de La Familia Michoacana. Con la suma de testimonios con los que se cuenta, desde las grabaciones telefónicas hasta los aportes por más de 25 millones de pesos a sus cuentas bancarias que nadie sabe de dónde salieron, resulta evidente que esas relaciones existían. Si alcanzan para establecer una condena penal es otra historia. Pero lo grave de esto es que los partidos lo sabían y lo ignoraron.

Las relaciones de Godoy con los grupos criminales eran del conocimiento de la dirigencia del PRD desde antes de las elecciones del año pasado y no hicieron nada. Terminó siendo diputado electo y se toleró que no se presentara ante la justicia aunque ya contaba con una orden de aprehensión. Más tarde se le introdujo a escondidas a San Lázaro, se le tuvo dos días durmiendo en las oficinas de Alejandro Encinas, mientras se acordaba con los otros partidos su toma de protesta. Por las razones que fuera, el PAN y el PRI aceptaron esa posibilidad, que le permitió a este hombre convertirse en diputado, afrontar con fuero legislativo los procesos en su contra y dejar en las manos de la Sección Instructora, que encabeza César Augusto Santiago, la decisión sobre si podrá ser juzgado o no antes de que concluya esta Legislatura.

El PRD ha dicho que, con el fin de evitar problemas como el de Godoy, presentará ante las autoridades las listas de todos sus candidatos para 2012 con miras a que se verifique que no tienen relación con el crimen organizado. Qué bueno que lo anuncien, pero eso en la práctica ya lo hacen tanto el PRD como los otros partidos. El problema es que no se atienen a la respuesta de las autoridades. Ahí está, además del caso de Godoy Toscano, el del ex alcalde de Cancún, y ex candidato a gobernador de Quintana Roo, Greg Sánchez, actualmente preso en un penal de alta seguridad. La dirigencia del PRD, una vez más, conocía el caso de Greg y la acusación que estaban preparando las autoridades. Las conocía Sánchez y, en vez de aclarar la situación legal y hacer frente a las acusaciones ante la justicia, el partido y el candidato desecharon las mismas y buscaron evitar el proceso y aprovecharlo en su favor, presentándose como víctimas de las autoridades. ¿De qué servirá, entonces, que las autoridades les adviertan a los partidos que sus candidatos andan en malos pasos o con relaciones dudosas, si éstos simplemente las ignoran?

El tema abarca a todos los partidos, aunque el PRD se ha significado por ser el que menos atención parece ponerle de cara al futuro, quizás porque desde el punto de vista netamente político es el que más apuesta al pragmatismo (ahí está la candidatura de "izquierda" de Ángel Heladio Aguirre en Guerrero), pero los trasciende a todos. Políticos sospechosos de estar involucrados o de proteger los intereses del crimen organizado los hay en todos los partidos. Pero lo que falta, antes de hablar de cualquier tipo de blindaje, es voluntad política para evitarlo. Y hoy esa voluntad parece estar ausente, a pesar de que el crimen organizado sigue asesinando a políticos y funcionarios, sin distinción de partidos.

La chamba de Marcelo

El jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, está en lo suyo. Mientras el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, dice que no se podrán realizar las obras anunciadas para el centenario de la Revolución, Ebrard asegura que las suyas sí estarán terminadas y las inaugurará junto con Cuauhtémoc Cárdenas. Mientras se subejerce el presupuesto en obras federales, el GDF hace todas las posibles, aunque la ciudad se encuentre de cabeza. Mientras muchos hablan de seguridad y colaboración, Ebrard le ofrece en privado, y la oferta es aceptada, apoyo al gobierno de Nuevo León, para reestructurar sus policías. Se puede estar de acuerdo o no con Ebrard, pero hace su trabajo de cara a 2012 y lo está haciendo bien.

Los terribles gatos, 3

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me lo ha contado Luis González de Alba: los animales no sólo matan por necesidad, porque tienen hambre, para comer. También matan por el gusto de hacerlo. El reino de la naturaleza es el de la violencia continua. Los gatos son ejemplos cabales de la violencia gratuita de la naturaleza. Se complacen matando a sus víctimas, con lentitud y premeditación.

Yo vi a un gato poniendo su pata de uñas como cuchillas sobre un gorrión vivo. El gorrión estaba lisiado del primer ataque del gato y el gato se entretenía haciéndoselo saber con el toque pausado de sus garras.

Me pregunto: ¿premeditan sádicamente sus torturas o sólo los miramos con ojos que saben lo que es torturar? El hecho es que animales como los gatos no matan sólo porque quieren comer o por defenderse o por defender a los suyos de un ataque, sino que matan lentamente como verdugos sádicos. Lo había cazado en el momento en que el gorrión se disponía a volar.

Así cazan los gatos. Se acercan a sus víctimas con pies de gato y las cazan con saltos de tigre y contundencia de leones. El prestigio literario de los gatos es invencible, universal. Nadie ha dejado de escribir algo sobre gatos, y entre los más altos Lope de Vega, con su Gatomaquia, y T.S. Elliot con los poemas que dieron paso al inolvidable musical Cats (Old Possum’s Book of Practical Cats).

Siendo un adolescente siniestro escribí un cuento donde un grupo de adolescentes siniestros le echaba gasolina a un gato y le prendían fuego para que corriera por las rampas de un estacionamiento subterráneo. Turbia imaginería de mis años.

Supe luego por Carlos Marín que esta oscura fantasía había sido cumplida al menos una vez y había testificado el hecho la escritora María Luisa Mendoza, nuestra querida China, en la penumbra de un cine de dos pisos, como los de antes.

A media función, alguien echó un gato en llamas desde los asientos del primer balcón al butaquerío de la planta baja. No tengo una descripción cabal de los sonidos del gato en llamas, ni sé a cuántos cortó en su rabia de fuego antes de morir.

Los gatos son apacibles aunque sean engendrados en batallas terribles y aunque vengan después de matar. Un gato puede matar en un rapto de velocidad y furia, y al segundo siguiente volver a ser un gato.

Los gatos son los animales más representativos de la verdad indomable de la naturaleza que los hombres han podido acercar a sus vidas, aparte de ellos mismos. Porque los hombres son más mortíferos que los gatos y que cualquier otra especie del mundo animal.