noviembre 30, 2010

Más calientes

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"El calentamiento global es demasiado serio para que el mundo continúe ignorando su peligro o dividiéndose en facciones opuestas sobre el tema". Tony Blair

Alguna vez un amigo periodista me decía que los columnistas escribimos sobre el cambio climático cuando no hay ninguna otra noticia importante. Quizá. Pero esto suele ocurrir con los temas de mayor importancia para la humanidad. A los periodistas nos es más fácil tratar lo urgente, o lo escandaloso, que lo importante.

Ahora bien, ¿cuáles son los hechos en este fenómeno? En el siglo XX hubo un aumento de la temperatura promedio en el planeta de 0.7 grados Celsius. ¿Es esto realmente peligroso? Sí, el proceso está acentuando las sequías en zonas áridas y está incrementando la intensidad y destructividad de las lluvias y huracanes en otras áreas. Los glaciares se están derritiendo con rapidez, lo cual sube el nivel del mar y aumenta las inundaciones en zonas marítimas bajas, como Tabasco.

Lo peor de todo es que el proceso continúa y en el siglo XXI se están rompiendo los récords de temperatura. De continuar la actual tendencia la temperatura del planeta en el 2100 estará 3.5 grados superior al que había a fines del siglo XIX.

¿Es realmente este calentamiento producto de la actividad humana? Todo parece indicar que sí. Aunque ha habido otros periodos de calentamiento, incluso mayores al actual, nunca se había registrado uno con esta velocidad. Los científicos consideran altamente probable que la actual acumulación de bióxido de carbono a niveles de 390 partes por millón, 40 por ciento más que antes de la revolución industrial, ha sido la responsable de la actual alza de temperatura.

Entre la última era glacial y los tiempos preindustriales hubo un aumento de 6 grados en la temperatura del planeta. ¿Por qué habría pues de preocuparnos una de 3.5 grados? La última era glacial tuvo lugar hace 10 mil años. Hoy estamos sufriendo un aumento de más de la mitad en apenas 200 años.

¿Podríamos adaptarnos al cambio de temperatura como lo han hecho otras especies en el pasado? Es posible. Al contrario de otras especies que desaparecieron en tiempos de cambio climático, los seres humanos estamos conscientes de lo que hemos provocado y podemos tomar medidas para contrarrestarlo. En el proceso habría perdedores y ganadores. Pero Tabasco y el norte árido de México estarían entre los perdedores.

Aun si detuviéramos hoy toda emisión de carbono, el proceso de calentamiento global continuaría durante años o décadas. Esto se debe a que se mantendrían en la atmósfera grandes concentraciones de carbono que seguirían impidiendo el escape de calor. En la cumbre de Copenhague de hace un año se tomó la decisión de impulsar medidas para limitar el aumento de temperatura en este siglo XXI a sólo dos grados Celsius. Nadie sabe, sin embargo, exactamente qué tipo de medidas se requerirían para eso.

Algunos científicos políticamente incorrectos, entre ellos el danés Bjorn Lomborg, autor de El ambientalista escéptico, reconocen el problema del calentamiento global y su vínculo con las emisiones de carbono a la atmósfera; pero plantean que la humanidad sufriría más con algunas de las medidas que se están proponiendo para combatir el calentamiento, por la mayor pobreza que generarían. La solución, dice Lomborg, radica en tomar medidas sensatas y no dogmáticas y sobre todo en aprovechar las nuevas tecnologías que pueden reducir las emisiones de contaminantes sin tener un impacto negativo en la economía.

Multas de diputados

Ahora los contribuyentes pagaremos las multas de los diputados. Una nota de La Jornada señala que el comité de administración de la Cámara de Diputados ha aprobado cubrir adeudos por 34 mil pesos de multas acumuladas por diputados de legislaturas pasadas que cometieron infracciones con vehículos de la Cámara. No sólo nos damos cuenta de que los diputados usan su fuero para violar las reglas de tránsito, sino que además nos dejan las multas a los contribuyentes.

Lo que queda de la izquierda

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Gracias a personajes como Lula da Silva o Michelle Bachelet dejó de verse como una ideología peleada a muerte con el libre comercio.

Los últimos años hemos visto desde las gradas los triunfos de políticos latinoamericanos identificados con corrientes de izquierda y que, pensando en utopías, le han significado a esta parte del continente y, sobre todo, a su respectivo país, una mejoría en su calidad de vida y dentro del estatus político mundial. Chile y Brasil son los mejores ejemplos de ello, los que han logrado cambios importantísimos en percepción de esta idea no internacionalista que se les atribuye a los gobiernos de izquierda.

Gracias a personajes como Lula da Silva o Michelle Bachelet dejó de verse a la izquierda como una ideología peleada a muerte con el libre comercio o el “imperialismo estadunidense”, dejó, pues, el discurso nacionalista como único argumento. Lo mismo sucedió en Uruguay, aunque con menos intensidad la luz del reflector.

Y lo hemos visto desde las gradas, el triunfo de Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales de Brasil y cuya intención es darle continuidad a la política ejercida por Lula, hace pensar más sobre lo que el resto de Latinoamérica necesita para repuntar al mundo. Lo que, obviamente, nos gustaría ver en México: el triunfo de una política progresista, cualquiera que sea el color que la represente, pero que vaya más allá del rigor con que se manejan los partidos y que los vuelve enemigos de causas y temas que, dicen, además, no caben en su agenda.

Pensemos en esos otros países latinoamericanos, donde está una izquierda retrógrada, que ejercita a diario esas líneas nacionalistas como vía de progreso; pensemos en Bolivia y, por supuesto, en Venezuela. La izquierda se disfrazó de democracia y terminó en dictaduras, en regímenes que, de tan cerrados, se codean con ese lado que tanto dicen odiar, el del conservadurismo, porque de progresistas no tienen un pelo. Legado de un Daniel Ortega, pionero en la perpetuidad en el poder, sin importar lo que diga la Constitución de su país y del equívoco de confundir ideas de progreso con neoliberalismo.

Me viene esto a la mente con la publicación del libro Lo que queda de la izquierda, escrito por Jorge G. Castañeda y Marco Morales, una revisión de este fenómeno, de esta polarización política que, al menos en nuestro país, ha tenido costos altísimos. En el imaginario colectivo (y en los archivos de una historia no tan lejana), en México, la izquierda pasó, de ser una esperanza, a grupos que arroparon a los exiliados del partido al poder. Pocos han sido quienes lograron mantenerse en objetivos, muchos quienes terminaron acomodándose a los tiempos y las oportunidades, apenas para seguir figurando en la política nacional.

Y es que pareciera que en México lo que queda de la izquierda es un puñado de ideas que se cambian por permanencia, una izquierda hecha utopía, que cambia de color, casi al mojarse. La izquierda mexicana, presa también de la aspiración y la consecuencia de ser espectadora, siempre sentada en las gradas, aprendiendo poco de lo que se ve en el escenario.

¿Calderón sólo tiene defectos?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

¿Conocen ustedes a alguna persona que sea toda defectos, que no tenga absolutamente ninguna virtud? Pues, tal vez los aterradores rasgos de los individuos antisociales —ya saben, los que no tienen ningún sentimiento de culpa cuando perpetran monstruosas atrocidades— no te permitan reconocerles ninguna otra probable cualidad —ni ganas de hacerlo, encima— pero la gente normal, por más odiosa que te pueda resultar, tiene sus luces y sus sombras. Bueno, pero escuchen ustedes las diatribas de Rayito y verán que cuando Felipe Calderón se le atraviesa en el camino —lo tiene bien atravesado, según parece— no es capaz de concederle siquiera una mínima bondad. Su tarea, de tiempo completo, es denostar, vilipendiar, calumniar, descalificar, difamar, desacreditar, injuriar, ensuciar, menoscabar, en fin, la cantidad de adjetivos es limitada pero la insidia de Obrador es inacabable. Esto sería casi cómico si el personaje no significara, a mi entender, una amenaza para las instituciones (porque, con perdón, poner en tela de juicio los resultados de las elecciones de 2006 —organizadas y supervisadas por los ciudadanos— es una auténtica estrategia de acoso y derribo del IFE, ejemplar organismo de la República ahí donde los pueda haber aunque la posterior arremetida de los zafios congresistas haya desfigurado un tanto su perfil). En todo caso, ahora tenemos a una sociedad polarizada entre fanáticos intolerantes de izquierda y derechistas cavernarios que, de no ser por la crispación fomentada por Rayito, serían todavía mucho más impresentables de lo que son.

Hablando, justamente, de reconocer virtudes ¿se le puede conceder a López alguna? Desde luego que sí: su papel de aguafiestas viene siendo un recordatorio permanente a los que detentan el poder: están siempre en la mira y bajo sospecha. Esto, en democracia, es fundamental: los contrapesos garantizan la salud del sistema.

Por cierto, Ebrard acaba de admitir que Calderón, al lanzar su ofensiva contra el crimen organizado, hizo lo que tenía que hacer. Buen tipo. Cada vez me cae mejor.