diciembre 01, 2010

¿Una década de panismo?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

(Primera de dos partes)

Hoy se cumplen diez años del PAN en el poder, en el Poder Ejecutivo federal, que no es todo el poder gubernamental. Esto permite afirmar, poniendo el punto sobre la i, que los panistas no llevan diez años en EL poder, mucho menos si el Poder Legislativo federal no ha estado integrado por mayoría panista. Esta mayoría no panista no pocas ocasiones ha sido antipanista, no por diferencias irreconciliables en materia de principios y doctrina, sino por cálculo electorero, en el mejor de los casos, o simplemente por mezquindad, en el peor, sin pasar por alto que poco puede haber más mezquino en política que el cálculo electorero como único criterio de conducta.

(Por ejemplo: el PRI, que hoy, con 39 por ciento de los escaños, tiene la mayoría relativa en la Cámara de Diputados, de haber detentando el Poder Ejecutivo federal, ¿habría planteado, en materia económica, algo esencialmente distinto de lo planteado por el PAN, comenzando por las siempre pendientes reformas estructurales? Lo dudo: podrían haber habido diferencias accidentales, pero sustanciales no lo creo).

Hoy gobernar no es responsabilidad exclusiva del Poder Ejecutivo federal, pues la responsabilidad la comparte con los legisladores federales, que provienen de otros partidos políticos distintos del PAN, lo cual, como de hecho ha sucedido, puede dificultar que el Ejecutivo saque adelante sus proyectos por la razón ya expresada: ese gobierno ya no es su gobierno, como lo fue en los tiempos del presidencialismo priista, en los cuales el Legislativo federal, integrado mayoritariamente por priistas, era uno de los brazos políticos del Presidente de la República, que servía para guardar las apariencias de un sistema de gobierno que, republicano nominalmente, realmente no lo era.

Dado el reciente evento de los panistas para festejar los diez años del PAN en el poder, me pregunto si el mismo no es muestra de que, al final de cuentas, se sigue creyendo que el poder gubernamental es el Poder Ejecutivo federal, siendo que no es así y, en última instancia, siendo que no debe ser así: si lo propio del ser humano es ser gobernado por leyes, y las leyes las redacta y promulga el Poder Legislativo; así pues, quienes gobiernan realmente son los legisladores, no los “ejecutivos”.

Partiendo del papel que desde hace diez años juega el Poder Legislativo federal, y sin olvidar la manera en la que votaron los electores, no entregándole todo el poder gubernamental a los panistas, ¿es correcto afirmar que el PAN cumple diez años en el poder, y que tanto los logros, como los pendientes, sin olvidar los fracasos, son su responsabilidad? ¿Cuáles son las reglas del juego con las que se encontró, por ejemplo, en materia de economía? De considerarlas inadecuadas, ¿cuántas propuso cambiar? De las que propuso cambiar, ¿cuántas logró cambiar? De las que propuso cambiar, y no logró cambiar, ¿a qué se debió? ¿A que al final de cuentas no tiene EL poder, sino sólo parte del poder?

¿A qué se debe el protagonismo que todavía tiene el Ejecutivo federal?

Renovación en los partidos

Lorenzo Córdova Vianello
Investigador y profesor de la UNAM
El Universal

A la entrañable memoria de Fallo Cordera

A partir del próximo fin de semana, y a lo largo de los próximos meses, los tres principales partidos políticos renovarán sus dirigencias nacionales. El PAN lo hará este fin de semana y, en los primeros meses del año que viene, PRI y PRD harán lo propio de cara al arranque de un delicado periodo de definiciones internas que culminará con sus procesos internos para determinar a sus respectivos prospectos presidenciales.

Las condiciones en las que cada partido enfrenta este proceso de renovación, son totalmente diversas. En el PAN, estamos ante una evidente división en lo que se anticipa sea, quizá, una reñida contienda entre dos grupos antagónicos cada vez más definidos dentro del así llamado "calderonismo". La disputa parece centrarse en dos candidatos, el senador Pablo Emilio Madero y el diputado Roberto Gil, y aunque ambos presumen su cercanía con el Presidente, los consensos que cada uno ha logrado aglutinar en torno a su candidatura, nos hablan de que el otrora compacto grupo gobernante, evidencia fisuras cuya profundidad aún no puede medirse, pero que sí permiten evidenciar que la futura determinación del aspirante presidencial panista no será ni tersa ni tranquila. En todo caso, es evidente que el Presidente se "comió" al partido y que los espacios para la disidencia interna son cada vez menores y aislados.

En el caso del PRI, las recientes demostraciones de fuerza hechas por las multitudinarias y exitosas convocatorias públicas del aún gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, así como los apoyos abiertos o velados de varios de los notables del partido lo perfilan como el virtual próximo presidente nacional. De cualquier forma, como lo enseña la historia reciente del PRI, las decisiones en torno a sus dirigentes y a sus candidatos son siempre de pronóstico reservado y los pactos de no agresión o los pactos entre caballeros no suelen formar parte del código político que rige las conductas en ese partido.

Finalmente, en el PRD, las diferencias y luchas entre sus corrientes internas nos tienen acostumbrados a que los procesos de renovación de dirigencias son momentos de gran conflictividad y de alto riesgo de fracturas. No resulta extraño que, como pasó en la última elección interna para elegir a su presidencia, sean procesos que terminen por resolverse ante los tribunales electorales. Es cierto que hace unos días, en una entrevista en el noticiero de Carmen Aristegui, López Obrador hizo pública su aceptación a la posibilidad de que Lázaro Cárdenas pudiera ser el futuro dirigente nacional siempre y cuando se pronunciara en contra de las alianzas con el PAN, y eso abre una posibilidad a que las "tribus" encuentren a un candidato de consenso. De cualquier forma, cualquier previsión en el caso del PRD es azarosa e impredecible.

Pero más allá de sus diferencias algo acomuna e identifica a los procesos de estos partidos: la ausencia de una discusión ideológica y programática en esta etapa de contiendas internas que convierten a sus procesos en meros episodios pragmáticos en los que sólo está en juego el poder y control de las dirigencias, cuando podrían convertirse en un espacio privilegiado para redefinir las orientaciones políticas de cada uno de ellos. Esa carencia es, precisamente, una de las características que lamentablemente atraviesan a todos los partidos y que con mayor claridad evidencian la llamada crisis del sistema de partidos. Ante esa falta de empaque ideológico en el debate público, ha venido cobrando carta de naturalización, la personalización de la política y la mera competencia entre candidatos, y no entre proyectos ideológicos y políticos.

Además, ello ocurre en un complicado momento en el que el país atraviesa un sinnúmero de crisis (de seguridad, confianza en las instituciones, legalidad, bajísimo crecimiento económico, educativa, etcétera), lo que debería significar una oportunidad para el resurgimiento de un debate político centrado ante todo en los diagnósticos de los grandes problemas nacionales y de las mejores maneras de enfrentarlos de cara a la decisión sobre quienes tendrán la misión de dirigir a sus partidos de cara a la crucial elección de 2012. En cambio, la orfandad ideológica y el pragmatismo cortoplacista, de nuevo, permean y obnubilan la vida política del país.

Resultados y no sólo valores

Luis F. Aguilar
Reforma

Diez años de PAN a la cabeza del gobierno federal y cuatro años de la segunda Presidencia panista han dado pie a una celebración política que despertó emociones entre los blanquiazules, críticas entre los militantes de otros partidos y seguramente más preguntas que sentimientos, marinadas con un sano escepticismo, entre los que son ciudadanos pero no hombres de partido. "México no se merece...la tragedia de regresar a lo antiguo, a lo autoritario, a lo irresponsable, porque eso significa pobreza, corrupción, negación o simulación de la libertad y el derecho" (Presidente F. Calderón). "Se ha avanzado como nunca en estos diez años". Son "ciegos y necios" los que no aprecien tan extraordinario avance "no sólo en materia democrática, de libertades, de respeto a derechos humanos, sino en materia económica... en todos los frentes" (V. Fox). Cuando hablan los políticos emocionados no deja de sorprender su olvido de la lógica, la tranquilidad con la que niegan la realidad, la conversión de sus deseos en hechos y sus muchos autogoles. Ahora resulta que partir del 2000 y/o del 2006 vivimos un cabal Estado de Derecho, no hay atropellos a las libertades ni parcialidades en la justicia ni corrupción, sólo funcionarios y autoridades que brillan por su responsabilidad, hemos dejado atrás la pobreza, hay pleno empleo, el crecimiento es explosivo y nuestras vidas se despliegan sin temor. La emotividad de los políticos, por convicción o por teatralidad obligada, los vuelve inverosímiles y encima se imaginan que la sociedad es crédula.

En este momento, criticar a los partidos es lo más fácil y también lo más intelectualmente aburrido y políticamente ineficaz. Todos están en la liguilla para obtener el campeonato de la impopularidad por desconfianza y desprestigio social. Sobran evidencias para cuestionar al PAN, al PRI, al PRD, al "movimiento" y a los demás. Sin embargo, en el clima de entusiasmo por los 10 años de PAN en el gobierno, de Alternancia (en mayúscula), de la llegada de los buenos y modernos al poder, de democracia (sic), del cambio (¡claro que sí!), procede ir más allá de la crítica fácil y reflexionar sobre las cuestiones que en democracia importan a los que no somos blanquiazules, tricolores, amarillos del sol naciente, verdes, convergentes, etcétera.

La democracia ha ganado la batalla en el terreno de los valores políticos, pero aún no en el terreno de la causalidad social, de la eficacia. La cuestión de la superioridad de la democracia respecto de autoritarismos, comunismos, desarrollismos populistas está bien resuelta y ganada en el terreno axiológico, en razón de los valores políticos en que se sustenta y que afirma: iguales y universales derechos humanos, políticos y civiles, gobiernos elegidos, representativos, de leyes, transparentes, que rinden cuentas, abiertos a la participación ciudadana... Pero, la cuestión de su superioridad no está sin más resuelta en el terreno de su eficacia y rendimiento social, en el terreno del crecimiento económico y del desarrollo social. Aquí su victoria es contingente, hay gobiernos democráticos potentes, productivos, y otros incompetentes. La cuestión de la superioridad democrática que hoy interesa es la que se plantea y resuelve en el terreno concreto del proceso de gobernar y de los resultados sociales de sus decisiones, políticas, servicios. La democracia ha ganado en política, pero no es siempre ganadora en políticas. Resolver esta cuestión es decisivo para el futuro de la democracia no sólo en este país. Es una cuestión desafiante que arrastra una larga historia de debates desde la aparición de los sistemas socialistas.

Frente al pragmatismo de nuestro sistema político del siglo XX, que fue indiferente a los valores esenciales de la política con excepción del nacionalismo y algunos tonos de justicia social, la carta ganadora del PAN fue la doctrinaria, su reivindicación de los valores republicanos, liberales, democráticos y también los de la subsidiariedad y la solidaridad social. El PAN ganó en el terreno de los valores, tal como ganó la democracia a los absolutismos y los autoritarismos. Pero no ha ganado en el terreno de la acción, de las políticas, programas, servicios, inversiones. Ha ganado la batalla de un gobierno elegido y representativo pero no la del gobierno efectivo, la batalla discursiva de un gobierno de leyes pero no la real de un gobierno de prácticas políticas y normas técnicas apropiadas para efectuar los fines sociales exigibles. En suma, ha ganado la batalla del gobierno pero no la del gobernar, aunque administre. Aquí se encuentra el talón de Aquiles del panismo.

La política valorativa está tan arraigada en la clase dirigente del PAN que los entrevistados al salir de la celebración en el Auditorio Nacional hicieron declaraciones sobre democracia, leyes, libertades, transparencia, responsabilidad pública, humanismo, y de esos logros se enorgullecieron. Sólo uno (por lo leído en la prensa) mencionó la eficacia del proceso de gobernar, el dar resultados e informarlos (probarlos).

La carrera del 12

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Imagine usted una carrera donde compitiera el mejor piloto del mundo conduciendo el mejor automóvil del planeta. Sebastian Vettel, ganador de la Fórmula Uno este año, al volante de un Red Bull con motor Renault RS27, el mejor automóvil de esta misma competencia. Eso es lo que demuestra la última encuesta de Consulta-Mitofsky sobre cómo va la carrera presidencial de 2012: el PRI como mejor partido y Peña Nieto como mejor candidato.

Cuando se le pregunta a la gente por qué partido votaría en la elección presidencial independientemente de quién sea el candidato, 40% expresa que por el PRI, 16% por el PAN y 11% por el PRD. Cuando se le cuestiona acerca de quién le gustaría que fuera el siguiente Presidente, 29% responde de manera espontánea que Enrique Peña Nieto, 10% que López Obrador y 4% que Marcelo Ebrard. No hay duda: como partido, el PRI es el más fuerte; como candidato, Peña Nieto. Suban ese piloto a ese coche y resulta, como lo demuestra esta última encuesta de noviembre de Consulta-Mitofsky, que la combinación tendría 52% de las preferencias frente a 16% de López Obrador (hoy candidato favorito del PRD) y 13% de Santiago Creel (favorito del PAN).

El PRI está hoy en los cuernos de la luna. Peña Nieto, también. Combinados parecen una pareja indestructible. Eso es lo que revelan las encuestas. Huelga decir que todavía falta mucho para la elección presidencial de julio de 2012. Mucho puede pasar y cambiar. Pero, en la actualidad, hay una combinación poderosa del mejor coche conducido por el mejor piloto.

Esto es diferente a lo que ocurría hace seis años. En ese entonces el mejor piloto era indiscutiblemente López Obrador. Pero no iba tripulando el mejor coche ya que, sin candidato, el PRD era un partido débil que se encontraba por detrás del PRI y del PAN. Esto, sin duda, le costó al tabasqueño en la elección de 2006: le faltó estructura para movilizar voto.

En las preferencias ciudadanas, el PRI, con Peña Nieto, van muy adelantados en la carrera del 12. Sume usted que, a diferencia del PRD y del PAN, el tricolor parece hoy un partido unido. Todo indica que su próximo dirigente nacional será el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, con la bendición de Peña Nieto. Mientras tanto, las divisiones son evidentes en el PAN (incluso dentro del grupo calderonista) en la elección del próximo presidente de ese partido. Y en el PRD no acaban de ponerse de acuerdo, aunque ya apareció el nombre de Lázaro Cárdenas Batel como posible sustituto de Jesús Ortega y potencial elemento aglutinador de las múltiples tribus perredistas.

¿Cómo parar al PRI y a Peña Nieto? Esa es la pregunta que se hacen los estrategas perredistas y los panistas. Desde luego que la elección de gobernador en el Estado de México es una oportunidad que van a tratar de aprovechar. La idea es ganarle al PRI en esa entidad para que los bonos de Peña Nieto bajen dentro y fuera de su partido. Es lo que sucede con un gobernador que no deja en el poder a un correligionario suyo en su estado.

Pero, quizá más importante aún, si el PAN, el PRD o una alianza PAN-PRD le ganan al PRI el Estado de México pues tendrían el control de las cuentas públicas de Peña Nieto. Me imagino que sucedería algo similar a lo que está ocurriendo en Zacatecas. El nuevo contralor del nuevo gobierno emergido de la oposición buscaría todos y cada uno de los excesos, abusos y corruptelas de la administración pasada. Y saldrían a publicitarlos con bombo y platillos para golpear al ex gobernador.

Lo sabe bien el presidente Calderón: cuando un candidato no sube, lo que queda es bajar al que va arriba. Y ese candidato es hoy Enrique Peña Nieto que conduce la poderosa maquinaria del Partido Revolucionario Institucional.