diciembre 02, 2010

Lo mejor y lo peor de Felipe Calderón

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
Historias de un reportero
El Universal

LA MARCA DEL SEXENIO

No se puede escatimar un ápice de valor al Presidente por animarse a enfrentar al narco. Corre riesgos personales, y los correrá aun terminada su gestión. Se le puede reprochar, en cambio, que sin Estado Mayor Presidencial que les cuide, ha puesto en condición de fragilidad a cientos de miles de ciudadanos. La inseguridad está peor que nunca. La estrategia, que surgió como una vía de legitimación política e incluyó la mejora salarial a la tropa, se concentra en el enfrentamiento “buenos-malos”, sin hacer lo suficiente para desactivar las finanzas de los cárteles. La estrategia de seguridad de Felipe Calderón ha ido perdiendo popularidad entre la gente y se le puede complicar aún después del sexenio por los insensiblemente llamados “daños colaterales” (civiles inocentes muertos por errores oficiales), a quienes, además, se busca sistemáticamente minimizar. La “guerra”, en la mirada más optimista, está empatada, si no es que el marcador va en contra del gobierno, con el problema de que si fuera futbol, el segundo tiempo iría ya avanzado.

EL MEJOR CALDERÓN

Los expertos esperaban que la temida pandemia del milenio fuera una gripe aviar y brotara en Asia. Fue porcina y se detectó en México. Felipe Calderón no tuvo miedo e hizo lo que todos los especialistas habían diseñado como programa de contención: paralizó al país. Enfrentó con ello el costo político y económico de quienes, a la postre y con vacuna en mano, dijeron cómodamente que había sobrerreaccionado. En el momento del brote, nada se sabía del virulento adversario, y México siguió los dolorosos protocolos a los que se había comprometido. La humanidad lo reconoció.

EL PEOR CALDERÓN

Tras ser arrasado en las elecciones intermedias de 2009, el Presidente renunció a que gobernar para todos lo mexicanos fuera su prioridad. Puso a su partido, al PAN, por encima del gobierno. Y desde ese momento, las más importantes decisiones federales se han supeditado a los intereses blanquiazules. Entregó el gobierno con tal de intentar no perder el 2012.

LO MEJOR Y LO PEOR DEL EQUIPO CALDERONISTA

Lo mejor que tiene el Presidente en su entorno es su esposa, Margarita Zavala. Es casi un consenso nacional. Su prudencia, inteligencia, sencillez y tolerancia, constituyen siempre un buen consejo. Lo peor que ha tenido en su entorno el primer mandatario es Patricia Flores, quien ocupó la titularidad de la Oficina de la Presidencia. Envenenó el oído presidencial, peleó con casi todo el gabinete, los enfrentó, opera bajo sospecha de desvíos de recursos y dividió al grupo político del Presidente al grado de que los calderonistas están fracturados en la elección del nuevo dirigente nacional del PAN.

LA MEJOR GESTIÓN

Lo que no se atrevieron a hacer De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox lo hizo Calderón: extinguir la compañía de Luz y Fuerza del Centro. Lo había diagnosticado la Auditoría Superior de la Federación. Lo decían a la sorda perredistas, incluso de los más radicales, hoy aliados con el Sindicato Mexicano de Electricistas.

LA PEOR GESTIÓN

El “catarrito”. Así llamó el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, a la peor caída del PIB de la que exista registro en México y el mundo. El gobierno de Calderón minimizó el impacto —aun cuando los signos de desastre estaban a la vista— y luego trató de convencer de que el impacto era menor al que se estaba sintiendo. Un desastre que terminó por arrasar aquella promesa de ser el “presidente del empleo”. Fue lo contrario.

LAS INOLVIDABLES

Este reportero confiesa que sigue sin entender qué méritos realizó Juan Camilo Mouriño para ser considerado por esta administración un héroe nacional. La guardería ABC de Sonora inició una racha de impunidad que completaron Patricia Flores con el Bicentenario, César Nava, con su departamento y el IMSS-Cofepris. Las trascendentales reformas energética y al ISSSTE en el primer tramo del sexenio parecían pintar un panorama diferente, que se fue desdibujando.

SACIAMORBOS

Se cumple un año de que se lanzó el reto y este reportero sigue esperando una prueba, un documento, un estado financiero, una declaración de impuestos (tratándose de una compañía que cotiza en bolsas de México y Nueva York, estos papeles son públicos) que respalde la difamación de que el Teletón sirve para que Televisa evada al fisco. Es una mentira. Y lo saben. Pero aun así, otra vez, los mismos, con letras y hasta dibujitos, siguen mintiendo sin sentirse con la necesidad de probar nada.

Para interpretar a WikiLeaks

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

La filtración de WikiLeaks ha desatado una tormenta en las relaciones internacionales, en el aparato de seguridad de Estados Unidos y en muchos gobiernos que se han visto o saben que se verán en situaciones, en el mejor de los casos bochornosas, y en el peor inmanejables. Conforme se procesen los documentos habrá revelaciones que carezcan de importancia mundial o histórica, pero que pueden tener cierta pertinencia y estridencia, principalmente dentro de cada país: los de México armarán escándalo en México, los de Brasil en Brasil, etcétera.

Para poder entender lo que viene es pertinente esclarecer rápidamente el protocolo seguido para estos documentos, y otro tipo de comunicaciones, entre representaciones y capitales en todas las cancillerías. Primero hay que señalar que los 250 mil documentos filtrados son del Departamento de Estado incluyendo su sección de inteligencia (INR), pero no hay documentos de la CIA, la NSA o la DEA: el aparato formal de inteligencia. Esto no significa que algunos de los autores -el consejero político, el segundo de la misión o el embajador- no sean parte de la inteligencia, sólo significa que son documentos más bien diplomáticos que de espionaje. También hay que hacer notar que la mayoría de los documentos en el Departamento de Estado tienen tres propósitos: a) informar a Washington de una conversación con un funcionario, un empresario o un político de oposición de cierto país (MEMCON); b) son informes que reportan a Washington lo que la prensa de un país dice sobre tal o cual acontecimiento, anuncio o visita de un alto funcionario; y c) algunos textos -los más divertidos e interesantes pero los menos frecuentes- incluyen opiniones del autor sobre la persona con la que se reunió, el suceso o sobre la postura del gobierno local.

Todo esto se sabe porque documentos similares a los de WikiLeaks ya han sido consultados antes a través de la Freedom of Information Act; o bien al revisar archivos con 20 o 25 años de reserva (en algunos casos antes por historiadores que necesitan saber el punto de vista de la embajada de Estados Unidos -por ejemplo, la de La Paz, Bolivia, cuando falleció el Che). Otra acotación que conviene señalar es que, aparentemente y con excepciones, los documentos de WikiLeaks, a diferencia de los que se consultan en archivos, vienen sin taches. En otras palabras, se mantienen los nombres y las partes editoriales o personales más jugosas.

El problema de todo esto estriba en lo que sigue: si un funcionario, un empresario, un periodista, un intelectual o un narco ya no puede sentarse a platicar con un diplomático de Estados Unidos sin correr el riesgo de que su conversación aparezca en los periódicos semanas o meses después, entonces esas conversaciones dejarán de tener sustancia. Quienes hemos estado en situaciones en las que los interlocutores hacen público el contenido de conversaciones celebradas bajo la premisa explícita de secrecía y confidencialidad, sabemos lo peligrosa que puede llegar a ser una filtración.

Me congratulo de que Julian Assange haya filtrado estos documentos, porque creo que al final la transparencia es preferible a la opacidad. Pero sólo al final. La inmensa mayoría de los informes van a ser ciertos: no hay razón para que un funcionario norteamericano reporte a su jefe una conversación de manera fabricada. Habrá muchos osos, pero no mayores a los que ya han causado en el pasado funcionarios norteamericanos, mexicanos, cubanos y de otras estirpes que han filtrado documentos y conversaciones secretas. En WikiLeaks quedarán comprometidos personajes de izquierda, como Nelson Jobim, el actual ministro de Defensa de Brasil (que puede perder su ratificación por reunirse demasiado con el embajador de Estados Unidos), o nacionalistas empedernidos del PRD y del PRI que, en conversaciones con funcionarios diplomáticos en la embajada de Estados Unidos en México, habrán dicho palabras impronunciables afuera. Nadie se puede quejar: sopa de su propio chocolate.

…perder el partido

Enrique Aranda
De naturaleza política
Excélsior

Infinidad de veces en los últimos años, Felipe Calderón definió, para sí y para Acción Nacional, el partido en que milita y en cuya historia reciente ha jugado un papel determinante, que la meta a alcanzar no era otra sino “ganar el gobierno… sin perder el partido...” Así lo dijo, una y otra vez, en su campaña hacia el liderazgo del blanquiazul y, en múltiples ocasiones, en su escalada hacia Los Pinos.

En 2006, durante una compleja contienda por la Presidencia de la República, el ahora jefe del Ejecutivo federal ganó, primero, la candidatura a Santiago Creel, que entonces aparecía como favorito —para sucederlo— del entonces mandatario Vicente Fox y, luego, se alzó con una cerrada victoria sobre el perredista López Obrador y refrendó al panismo en la primera magistratura.

Cumplió entonces con su propósito de “ganar el gobierno…” Hoy, en medio de —muy probablemente— la más grave crisis de liderazgo que haya vivido Acción Nacional en los últimos años, Calderón podría perder al partido… para su causa al menos, y cuando tiene ante sí el más importante reto de su gestión: conservar para el blanquiazul la Presidencia de la República.

Y esto de “podría perder el partido…” es en virtud de que el próximo sábado, al margen de quien resulte ganador de la puja por la dirigencia nacional panista, el jefe del Ejecutivo federal —al menos en lo que a percepción popular (y política) se refiere— acabará asumiendo costos nada despreciables porque:

-Si el ganador de la contienda resultara ser Roberto Gil, a quien todos identifican como candidato del Presidente, él perderá, puesto que estaría —al menos a nivel percepción, insistamos— imponiendo a un tercer dirigente, luego de las dos desastrosas experiencias que, para la causa azul, constituyeron lo mismo Germán Martínez que César Nava.

-Ahora que, si el voto —libre, ojalá— de los 381 consejeros favoreciera a cualquiera de los otros —Gustavo Madero, Cecilia Romero Castillo, Francisco Ramírez o Judith Díaz—, él también aparecerá como perdedor en virtud de que la contienda se estaría decidiendo en sentido contrario a lo que, presuntamente, habría sido su deseo… independientemente de que ninguno de ellos se asuma, ni remotamente, como anticalderonista.

Mala señal ésta, pues, para un partido que, como Acción Nacional, enfrenta hoy el reto del reencuentro con su historia y sus valores fundacionales, con las causas que le dieron vida y que poco, muy poco ciertamente, tenían que ver con aquello de “buscar el poder… a toda costa”.

Asteriscos

* Más allá de lo que de irregularidad implique el no haber notificado aún al primer afectado, Manuel Espino, de que ya se le expulsó de Acción Nacional, lo cierto es que, en las próximas horas, la doblegada Comisión de Orden de Sonora deberá atender al reto de aquél para debatir públicamente fondo y forma en que se dictaminó su caso.

Veámonos el viernes, con otro asunto De naturaleza política.

¿Por qué se le fue el tren a Godoy?

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Ayer en radio, Carmen Aristegui emplazó al diputado con amparo y fuero Julio César Godoy:

“La PGR ha sostenido que usted forma parte de La Familia michoacana (…). ‘Yo ni los conozco’, me dijo hablando de La Tuta, pero, ¿qué le parece que La Familia michoacana advierte que, si el gobierno federal no atiende su propuesta de diálogo, va a dejar de realizar actividades altruistas y de apoyo social durante diciembre. ¿Qué dice usted a todo esto?”

Godoy eludió: “Bueno, Carmen, no tengo comentario alguno; son situaciones que el gobierno federal debe de ventilar; no me corresponde hacer comentario...”

Ella insistió: “Pero si usted es diputado por Michoacán...”

Godoy se amachó: “Estamos preocupados; viendo que la inseguridad se está incrementando; que no se ha resuelto lo que prometió el gobierno federal…”

Aristegui le dio una oportunidad más: “¿Qué opinión le merece este tipo de insólitos mensajes de La Familia michoacana?”

Y Godoy, sólo él sabe por qué, la desaprovechó: “Son situaciones insólitas; el gobierno debe de dar un resultado a la sociedad…”