diciembre 09, 2010

Los títeres de Paty Flores

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
Historias de un reportero
El Universal

Para amenizar la fiesta del Cententario de la Revolución, el gobierno federal contrató a una compañía de títeres gigantes de Bélgica para presentarse en el desfile de la Ciudad de México. El expediente es mucho más que un cuento de marionetas.

Según fuentes muy bien informadas, cerró el trato la entonces jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores, que firmó un pago de ¡90 millones de pesos!, que asignó para que aparecieran en el Paseo de la Reforma los monigotes de hasta nueve metros de altura. Sí. 90 millones de pesos en títeres. Si eso es sorprendente, lo es aún más que los títeres no formaron parte del desfile del Centenario de la Revolución que recorrió el corazón el DF el pasado 20 de noviembre.

Patricia Flores no pidió autorización al gobierno local de Marcelo Ebrard para el lucimiento de las marionetotas, y el perredista terminó negándolo porque su paso por Reforma hubiera implicado podar árboles, mover cables y cambiar por completo los perímetros asignados a los asistentes a ver el desfile.

Para no tirar 90 millones de pesos a la basura... pagaron otros 10 millones, revelaron las mismas fuentes. Y la representación gigantista se fue a Guadalajara, donde paseó en la conmemoración revolucionaria, 100 millones de por medio, que se suman a la lista de sospechas sobre los manejos financieros de la ahora operadora política derrotada en el PAN:

El fracaso de Roberto Gil, exaspirante a la dirigencia nacional panista, y el resultado de que ninguno de sus cercanos logró entrar al Comité Ejecutivo Nacional, se explica también por una historia de la señora de los títeres.

Flores presumía tener bajo su control a la mayoría de Consejeros Nacionales del PAN, porque cuando ella operaba desde Los Pinos, en la oficina adjunta a la del presidente Calderón, los nombró apoyada en la colaboración de Jorge Manzanera.

Primero, Flores ofreció “sus consejeros” a Gustavo Madero. A cambio, le pidió la Secretaría General del PAN y el primer lugar en la lista plurinominal de candidatos al Senado en el 2012, cargos que le hubieran garantizado continuidad, poder, influencia y terminado el sexenio, fuero.

Madero no se arregló con ella. Se entendió más con otros sectores del PAN y con los ultraconservadores de El Yunque. Entonces, Patricia Flores se sumó a la campaña de Roberto Gil, a quien convenció de que sin “sus” votos, sin “sus” consejeros, nomás no ganaba.

Operó como priísta y con priístas. Se reunió en público y en privado con gobernadores del tricolor para solicitar su apoyo político y económico. Hasta el escritorio del presidente Calderón llegaron denuncias de consejeros panistas de que, desde la oficina de Rafael Giménez —encuestador de Los Pinos, incondicional de Patricia Flores—, se les amenazaba con retirarles el cargo público si no respaldaban a Gil. Fue el caso de la delegada del ISSSTE, Aurora Aguilar. También existen señalamientos de hacer lo mismo contra el Coordinador de Delegaciones de Sedesol, Samuel Martínez Aceves, cuñado del encuestador presidencial. Paralelamente hay quejas contra el coordinador de Delegaciones de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Julen Rementería (curioso que este funcionario operó contra su jefe, Juan Molinar Horcasitas, que fue pilar de la campaña de Madero y terminó premiado en el CEN panista).

Así, la señora de los títeres fracturó al calderonismo al sumarse a Gil. Personajes del círculo más íntimo del presidente de México, con tal de no estar cerca de Flores, migraron a respaldar a Madero. Y Madero ganó.

SACIAMORBOS

Sugerencia para encuestadores, nomás por provocar: ¿y si meten a Margarita como presidenciable del PAN? ¿Cuánto saca? ¿Le gana a Creel? ¿Se acerca a Peña? ¿Su estado civil le resta puntos? ¿Hereda los señalamientos contra el esposo o es inmune a ellos? ¿Es legal, no? ¿Si siguen 3 a 1 abajo de Peña Nieto, no la considerarían como plan de emergencia para no devolverle Los Pinos al PRI? Digo, nomás por provocar.

Comprar un loro

Carlos Elizondo Mayer-Serra
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

A un loro se le puede entrenar para gritar frases como "más presupuesto, más presupuesto". Un buen loro puede aprender a alternar entre varias: "hay que crear empleos", "necesitamos un acuerdo nacional", o muchas otras frases por el estilo.

En México hemos sido muy exitosos para entrenar ese tipo de loros. Los medios reproducen con frecuencia sus palabras. A veces pareciera que el trabajo de nuestra prensa consiste no en investigar acontecimientos sino en visitar a algún loro, registrar lo que dice y darlo a conocer como noticia de actualidad. No importa si el loro, fiel a su especie, lleva años repitiendo lo mismo.

Si uno lee la mejor prensa de otros países notará que allá, pobrecitos, no han descubierto la utilidad periodística del loro. Uno puede, por ejemplo, leer todos los días El País y no saber cuál es la posición del rector de la Universidad Complutense con respecto a la crisis económica española, hoy por hoy más grave que la nuestra. Es probable que ni siquiera sepa nunca cómo se llama el rector, quien en lugar de estar perpetrando declaraciones a diestra y siniestra seguramente se encuentra ocupado administrando su universidad.

Sucede, además, que la prensa en otros países sabe distinguir las opiniones sustantivas y relevantes para la discusión pública de las frases huecas que puede aprender a repetir un loro. Incluso los actores directamente involucrados, los responsables de negociar y tomar decisiones, casi nunca salen a declarar generalidades, sino posiciones en torno a temas muy concretos y complejos, como el mérito de una propuesta para subir los impuestos, la utilidad de una legislación laboral más flexible, o los beneficios de aumentar la edad de retiro.

En una democracia, el debate público debe girar en torno a políticas específicas, no a declaraciones obvias o intrascendentes con las que cualquiera puede estar de acuerdo. ¿O acaso habrá alguien que no quiera que crezca la economía, que no desearía que se produjeran más empleos, etcétera? Perogrulladas como ésas sólo tendría sentido reportarlas si alguien afirmara lo contrario: no es necesario que la economía crezca más.

A juzgar por sus medios de comunicación, en otros países los actores políticos no van por la vida declarando obviedades. ¿Por qué en México sí?

La primera razón es que muchos de nuestros medios de comunicación viven de ponerles micrófonos a sus loros de cabecera. Es cómodo, siempre conseguirán un aplaudido titular. No hay necesidad de investigar. Hasta los narcotraficantes ya aprendieron cómo funciona: basta con poner una manta en un puente, con darle una entrevista a un periodista connotado, y la prensa se encargará diligentemente de hacer las veces de vocería.

En esta obsesión con las declaraciones seguramente hay una herencia de la época del presidencialismo autoritario. Por décadas, hicimos como si lo más importante del acontecer nacional fueran los dichos del Señor Presidente. Claro, en aquel entonces el Presidente no era un loro, por más que a veces lo pareciera. Sus palabras eran avisos, señales, indicaciones susceptibles de ser descifradas como si se tratara de las predicciones de un oráculo. En reproducir sus declaraciones e interpretarlas se iba buena parte de la labor de la prensa.

En cierto sentido, en esas seguimos. Sólo que ahora en lugar de un Señor Presidente tenemos una multitud de loros entregada a repetir lugares comunes: secretarios, legisladores, gobernadores, rectores, académicos, obispos, etcétera. ¿Por qué mejor no se concentran en lo suyo, en resolver los problemas de su propia tarea sustantiva, en lugar de parlotear ante cualquier micrófono?

Quizás sea una cuestión de mera vanidad. Ningún ego le hace el feo a las ocho columnas. Sin embargo, me parece que puede haber otra razón: es una salida fácil para evitar que el reportero te pregunte sobre lo que estás haciendo en el ámbito de tus responsabilidades para, por ejemplo, estimular el crecimiento económico. Además, en un mundo donde sondear la opinión pública significa preguntar cuál es el loro más querido, el que no guarrea no existe.

Para extinguir a estos loros bastaría con que los medios de comunicación decidieran no otorgarle importancia periodística a declaraciones sin sustancia, tal y como hacen sus pares en otros países. La prensa, entonces, podría entregarse a su labor de investigar e informar sobre acontecimientos realmente relevantes. Eso, sin embargo, requiere mucho trabajo. Recurrir a loros vistosos y predecibles es más cómodo.

¿Héroe o villano?

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

A nadie le gusta que lo pongan en ridículo. Sobre todo si se trata de una superpotencia. Eso es precisamente lo que hizo Julian Assange, fundador de WikiLeaks: ridiculizar a Estados Unidos al haber filtrado más de 250 mil comunicaciones de sus diplomáticos. Y ya sabemos que a ese país no le gusta nadita que lo molesten. Mucho menos un muchachito australiano que, con poquísimos recursos, les ha propinado varios golpes en los últimos meses.

Estados Unidos quiere evitar que Assange se convierta en un héroe a quien muchos, buscando sus 15 minutos de fama, lo comiencen a imitar. Quiere mandar un mensaje contundente de que, a quien filtre documentos del gobierno de EU, se le vendrá el cielo encima. Por eso estoy seguro de que van a tratar de aplicarle todo el peso del Estado al fundador de WikiLeaks.

Pero, en el intento, tendrán varios problemas. En primer lugar no queda claro de qué lo podrían acusar. Dice Paul Miller de la revista Foreign Affairs: “La administración [de Obama] está considerando perseguir a Assange. Pero, ¿cuál es la diferencia entre Assange y el New York Times? ¿Por qué enjuiciar a uno y no al otro? Los dos tuvieron acceso no autorizado a información clasificada y ambos la comunicaron a otros en detrimento de la seguridad nacional de EU. El gobierno estadunidense, para todos los efectos, es legalmente incapaz de resguardar la información clasificada, proteger la seguridad nacional y perseguir las fugas. La herramienta que tiene —la Ley de Espionaje— es un estatuto de casi un siglo de antigüedad; es tan draconiana, políticamente radioactiva y difícil de aplicar que esencialmente está muerta. La ley fue escrita en un momento en que había menos medios de comunicación donde ellos mismos vigilaban la ética de la responsabilidad —en otras palabras, una historia remota—. Frente a una epidemia de fugas, los presidentes tienen la opción de no hacer nada o literalmente acusar a la prensa de traición a la patria. Ningún presidente va a hacer esto último. Bajo la práctica actual, la prensa puede revelar información clasificada con total impunidad”.

Muy inteligente, seguramente bien asesorado, Assange filtró los cables diplomáticos a través de cinco publicaciones de prestigio internacional: The New York Times, The Guardian, Der Spiegel, Le Monde y El País. No sólo para que sus periodistas investigaran el contenido, pusieran la información en contexto y la comunicaran a la comunidad internacional, sino para hacerlos corresponsables legales de las filtraciones. Brillante, sin duda.

Assange se encuentra detenido en Inglaterra por un extraño delito que cometió en Suecia. Incluye dos mujeres, una noche de copas y un preservativo roto. La policía alega que hubo violación y abuso sexual. Una fiscal ya lo consideró un delito menor. En cualquier caso, Assange tendrá que enfrentar estos cargos. Y luego todo indica que lo extraditarán a Estados Unidos. ¿De qué lo van a acusar? Imposible que vaya a ser de espionaje ya que estarían involucrados otros medios como The New York Times. De acuerdo con este periódico, el gobierno estadunidense también está analizando perseguirlo por “tráfico de bienes robados”. Sin embargo, los documentos gubernamentales no están protegidos por las leyes de propiedad intelectual. Otro delito podría ser el de “conspiración”, siempre y cuando se pruebe que Assange se unió con otras personas para hacerle daño a alguien.

No tengo la menor duda de que Estados Unidos va a aplicarle todo el peso de la ley, la que pueda, a este joven que ha puesto en ridículo a la superpotencia. Por lo pronto, las corporaciones económicas, que suelen adelantarse a los hechos, ya se están desvinculando de WikiLeaks. Es el caso de Amazon, Paypal, MasterCard y Visa. Todo lo cual ha generado un movimiento en internet para hacer de Assange un héroe de esta época cibernética.

Vaya historia: la de un pobre e inquieto hacker que con tres pesos le dio tres cachetadas al Big Brother estadunidense quien, desde luego, ahora quiere vengarse.

Assange: ¿héroe o villano? La historia comienza a escribirse.

Matar a los delincuentes (2)

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Si alguno de nuestros hombres públicos tomara la decisión de comenzar una guerra sucia contra los delincuentes se toparía con una primera dificultad: encontrar a las personas que realicen la tarea. No es un problema menor porque la estrategia implica forzosamente una actuación fuera de la legalidad, es decir, la perpetración de ejecuciones y otras actividades no autorizadas por el aparato judicial. Estamos hablando, entonces, de contar con un personal dispuesto a realizar acciones criminales (así sea con el aval de unas autoridades que, de cualquier manera, se verán obligadas a actuar de manera encubierta).

Tal es la naturaleza misma de las prácticas que llevan los servicios especiales de los gobiernos como, por ejemplo, los cuerpos de espionaje: su condición para actuar es el secreto y nunca se sabe, bien a bien, quién da las ordenes y quién es el responsable. La línea de mando, tan evidente y tan clara cuando hay que explicar el funcionamiento de la Administración pública, se detiene bruscamente en los mandos medios y, a partir de ahí, no hay manera de subir más: para mayores señas, no sabemos, a estas alturas, quién ordenó el hundimiento del Rainbow Warrior, el barco ecologista que pretendía estorbar las pruebas atómicas de Francia en los mares del Sur. ¿Fue el propio François Mitterrand? ¿Fueron sus ministros?

En todo caso, la creación de cuerpos dedicados a tales tareas entraña, a su vez, un gran peligro: en cualquier momento, dada su naturaleza, se pueden volver contra sus propios sostenedores: lo hemos visto, aquí, en el caso de los zetas. Y, si el propósito es combatir a los delincuentes ¿no es un tanto paradójico utilizar a otros delincuentes para ello?

Ahora bien, hay profesionales que se dedican a estos menesteres: mercenarios, comandos perfectamente entrenados, combatientes a sueldo. Ésa podría ser una solución muy práctica: vas a Israel y contratas sus servicios. Una vez más: ustedes dirán…