diciembre 10, 2010

La rebelión cibernética

Raymundo Riva Palacio (@rivapa)
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
Eje Central

Una revuelta ciudadana cibernética estalló en el mundo. Comenzó con ataques masivos a las redes y los sitios del banco suizo PostFinance por congelar 31 mil euros de Julian Assange, el fundador de WikiLeaks; después se dirigió a PayPal, el sitio que utilizaba para recaudar fondos; luego a la Fiscalía sueca por levantarle cargos de violación sexual y más adelante a Visa y MasterCard, que impidieron la solidaridad financiera internacional con el australiano que es perseguido en varios continentes, en el atisbo de nuevas formas de lucha social contra los poderosos donde, sin armas ni ejércitos, las fuerzas parecen simétricas.

Legiones de cibernautas lanzaron su ofensiva sobre los sitios de esas tarjetas de crédito con matrices en Estados Unidos, provocando disfuncionalidad en los tenedores del plástico en varios países europeos. Los hacktivists, un término acuñado en estos tiempos bélicos postmodernos, define a los activistas que son capaces de penetrar y alterar sitios ajenos en la red que tienen sus pantallas pintadas de guerra, bajo el nombre de su tribu global, Anonymous.

El ataque se dio como respuesta a la represión intercontinental contra Assange por haber puesto en manos de cinco organizaciones periodísticas 250 mil cables internos del Departamento de Estado, que convirtió su furia en una cacería mundial para acabar con el súbdito australiano. Toda la maquinaria imperial se puso en marcha desde hace casi dos semanas, cuando incluso antes de que se empezaran a difundir los cables que desnudan la esencia de la diplomacia estadounidense ya había lanzado golpes preventivos.

Un hacker identificado como Jester o Th3J35t3r realizó un ciberataque clásico y eficaz, saturando el portal de WikiLeaks, http://wikileaks.org, cuyo dominio lo desactivó EveryDNS.net mientras que Amazon le retiraba el hospedaje en Estados Unidos, que obligó a Assange a mover sus operaciones a Europa. Se fue a Francia, donde el 2 de diciembre lo hospedó el sitio OVH, que ante la amenaza del Ministerio de Economía de que el gobierno no permitiría que nadie difundiera secretos de esa naturaleza, dejó de albergarlo.

Abrió entonces una nueva dirección, http://wikileaks.ch, en Suiza, hospedado por el Partido Pirata, y aparecieron cientos de sitios espejo en el mundo para evitar que la censura de los gobiernos y las empresas —afectadas también por las revelaciones— frenara la difusión de los cables. La agresión gubernamental contra Assange y WikiLeaks detonó la ira, la creatividad y la imaginación de la sociedad civil cibernética, que puso a disposición del mundo menos letrado en la red la dirección (I.P., Internet Protocol) de WikiLeaks para que pudieran seguir accediendo a los cables en crudo: http://213.251.145.96/cablegate.html.

La revuelta social en el ciberespacio es un ejercicio en tiempo real de lo que se le denomina “Guerra de Cuarta Generación”, formulada en 1989 por un grupo de oficiales del Ejército y de los marines estadounidenses, donde teorizan sobre la última fase de la guerra en la era de tecnología informática y comunicaciones globalizadas. Explicada en un contexto de guerrilla global, el concepto fue asociado más adelante a la guerra asimétrica y a una guerra contraterrorista.

Ésta es, conceptualmente, la cuarta definición de las guerras, cuya primera fase inicia con las armas de fuego en las guerras napoleónicas, las formaciones lineales de los ejércitos y su orden en el campo de batalla. La segunda va de la mano con la revolución industrial y la capacidad para desplazar grandes cantidades de soldados junto con la artillería, expresada en la Primera Guerra Mundial. La tercera llega con el diseño alemán del Blitzkrieg, conocido como guerra relámpago, donde se añaden la velocidad y la sorpresa, y se usan la guerra sicológica y las tácticas de infiltración en la retaguardia enemiga, desplegadas en la Segunda Guerra Mundial.

El avance hacia la cuarta generación de la guerra se dio en paralelo al desarrollo en la era de la información y los cambios políticos, sociales y económicos que afectan a las sociedades. Su punto de partida histórico fue el quirúrgico ataque de la Fuerza Aérea israelí a posiciones palestinas en el Valle de Bekka, en Líbano en 1982, pero la magnitud de su alcance se apreció durante la Operación Tormenta del Desierto contra Irak a principio de los 90s.

Sin embargo, las guerras de cuarta generación no habían tenido protagonistas fuera del ámbito de gobiernos y terroristas, ni ausencia de armas, ni un pretexto universalmente noble que los uniera globalmente. WikiLeaks, en este sentido, se volvió una metáfora de la lucha por la libertad de expresión, que conecta sociedades y a gobernantes que empiezan a expresar su preocupación por la maquinaria que se puso en marcha para acallar a una persona y a una organización.

El fenómeno avanza en tiempo real, y la respuesta cibernética mundial y los ataques a gobiernos y empresas de los países más poderosos no sólo son una llamada de atención para ellos, sino motivo de reflexión sobre lo que una sociedad organizada a través de las nuevas tecnologías puede hacer. Las enseñanzas son universales, y sólo aquellos que no entiendan que la revolución cibernética cambió la esencia del individuo y sus formas de relacionarse morirán política y socialmente como los dinosaurios, que no se acoplaron al cambio.

Acabar con México

Macario Schettino (@mschetti)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

En un caso insólito, pero afortunado, el Senado de la República no pudo culminar, este jueves, el grave error iniciado el martes: inutilizar a la Comisión Federal de Competencia.

Tal vez usted no haya parado mientes en el tema, pero es de la mayor importancia. Para quienes nos ven de fuera, el principal problema que tiene México está en la lucha contra los monopolios. Es un caso especial de la falla institucional más seria que enfrentamos: la permanencia de grupos privilegiados que capturan rentas, es decir, que se apropian de riqueza producida por otros mexicanos. Es una herencia de la forma en que construimos a este país durante el siglo pasado, que no hemos podido abandonar y que es la razón por la cual México no es un país exitoso.

Los grupos corporativos que sostenían al viejo régimen quedaron sueltos cuando éste se derrumbó en 1997. Desde entonces, cada uno de ellos busca mantener y, si es posible, ampliar sus privilegios. Ocurre esto con los sindicatos, la mayoría de ellos creados al servicio del Estado, que tienen privilegios muy superiores al resto de los mexicanos, que se pagan con el dinero que estos últimos aportan en impuestos. Ocurre con las centrales campesinas, que siguen recibiendo miles de millones de pesos en transferencias, otra vez de nuestros impuestos, para su beneficio.

Y ocurre también con los grupos empresariales creados por el viejo régimen, en esa modalidad llamada crony capitalism que no tiene traducción directa al español, pero que consiste en este capitalismo de compinches, de compadrazgo, gangsteril, en el que el poder político permitía el desarrollo de grandes empresas siempre y cuando estuviesen asociadas a él. Así se hicieron las grandes fortunas de los políticos y los empresarios, y así se construyó este sistema económico que no genera riqueza, sino que se dedica a capturar rentas. Por eso México no crece y por eso seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo.

Convertir a México en un país exitoso económicamente (es decir, con crecimiento acelerado) y socialmente (es decir, menos desigual), exige destruir los privilegios. Pero los grupos privilegiados no están mancos, y se defienden. Así la CNC ha chantajeado permanentemente al Congreso, así el SME ha usado a la ciudad de México como rehén para mantenerse vivo, y así los grandes empresarios utilizan sus recursos (medios y dinero) para doblegar a los políticos que intentan enfrentarlos.

A pesar de que la Constitución, desde 1917, ha dicho que se prohíben los monopolios, no tuvimos una ley que hiciese cumplir esta norma sino hasta 1992, y eso porque la firma del Tratado de Libre Comercio lo exigía. Pero, esa ley ha sido demasiado blanda, y creó una comisión con muy poca fuerza. Para corregir esto, el Ejecutivo envió al Congreso una iniciativa que diese a la comisión la fuerza que le ha faltado, permitiendo multas y castigos que efectivamente obligarían a competir a los monstruosos monopolios que hoy tenemos. Con algunos ajustes, los diputados aprobaron la iniciativa, pero el Senado la tiró a la basura para imponer una versión muy diferente, producto del senador Manlio Fabio Beltrones, que va exactamente en contra de lo que tenemos que hacer.

Bajo el argumento de que hay que reducir el poder del Presidente, la iniciativa propone que la Comisión Federal de Competencia (CFC) deje de ser un órgano desconcentrado para convertirse en descentralizado. Esto suena bonito, cuando venimos de un régimen presidencialista como que el que tuvimos, pero es un inmenso error que permitirá que cualquier empresa que sea multada por la CFC se ampare, sosteniendo que este órgano descentralizado es inconstitucional, como efectivamente lo sería.

En el fondo, lo que quiere Beltrones es que sea el Senado el que nombre a los consejeros de la CFC, y para ello requiere sacar del ámbito del Ejecutivo a la comisión. En esa ambición, van a destruir una de las armas más importantes que tenemos para liberar a este país de los parásitos que no sólo nos extraen dinero, sino que impiden crear riqueza y reducir la desigualdad.

No queda claro si se trata de simple búsqueda de poder, de flagrante ignorancia o de una actuación promovida por esos grandes empresarios que fueron creados por el régimen de la Revolución y buscarían mantener su gangsteril sociedad con el partido emanado de ella. No queda claro, pero no importa: lo que quieren es impedir la transformación de México. Lo que quieren es acabar con México. Quede claro.

El futuro ya llegó

Francisco Martín Moreno
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
conferenciasmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

No tardarán en desplomarse las suscripciones a los periódicos de la misma manera en que empezarán a desaparecer gradualmente las librerías.

Los cambios en nuestros días ocurren a una velocidad insospechada. Las comunicaciones han convertido al mundo en una vecindad. En la actualidad a través de un teléfono celular se puede tener acceso a mil bibliotecas del mundo, a periódicos y revistas de diferentes países, a programas de televisión, a eventos deportivos y a un sinnúmero de actividades imprevisibles tan sólo apenas hace unos años. Es evidente que en un plazo relativamente corto desaparecerán los cheques, mismos que en su momento bien podrían ir a dar a un museo como instrumentos de cambio de nuestros ancestros. Las transferencias electrónicas a través de las computadoras harán posible este cambio mágico. ¿Cheques? Adiós los cheques, de la misma manera que habremos de despedirnos de los periódicos. Es evidente que las nuevas generaciones se informan por medio de sus computadoras o de sus complejos aparatos telefónicos en donde pueden leer todas las noticias que se producen en el mundo, dicho sea con sentido del humor, antes de que éstas se produzcan. No tardarán en desplomarse las suscripciones a los periódicos de la misma manera en que empezarán a desaparecer gradualmente las librerías. En el último semestre del año en curso Amazon vendió más libros electrónicos que impresos, en la inteligencia de que los primeros son mucho más baratos, además de que cuentan con diccionarios portátiles en diferentes idiomas y se pueden utilizar diversos tipos de letras y es posible escoger el tamaño de las mismas. Adiós a las librerías, adiós a los periódicos, adiós a los cheques y adiós a las bibliotecas. Hoy en día las tablets electrónicas pueden guardar hasta diez mil libros por lo que las bibliotecas, con el paso del tiempo estarán condenadas a desaparecer o bien a permanecer como museos para que nuestros descendientes las contemplen con verdadero azoro.

¿Qué más desaparecerá? Pues sin duda desaparecerán las oficinas de correos de los respectivos gobiernos para ser sustituidas por compañías de mensajería si bien mucho más caras, también mucho más eficientes. ¿Cuántas oficinas públicas de correos han cerrado en razón de la aparición de DHL, Federal Express o UPS, etcétera? Si queremos acordarnos de los carteros será conveniente sacarles una fotografía para ver cómo eran porque los estados de cuenta, invitaciones, participaciones, catálogos, serán enviados también por los medios electrónicos. Los teléfonos fijos de cable muy pronto también serán sustituidos por los celulares al extremo de que cambiará el paisaje urbano ante la desaparición de postes y de cables telefónicos propios de la prehistoria. Pero hay más, muchos más cambios: desaparecerán también las compañías disqueras, ¿quién comprará discos cuando éstos se pueden “bajar” con gran fidelidad a través de internet? No tardarán en desaparecer las grandes compañías de televisión porque los productores independientes sustituirán los programas de las grandes cadenas abriendo en abanico las posibilidades para el público. Poco a poco van apareciendo nuevas fórmulas de difusión a través de internet que atrapan cotidianamente a una mayor cantidad de espectadores.

Además de lo anterior desaparecerán los cines en la medida de que ya existen aparatos de alta definición con pantallas enormes con la posibilidad de poder adquirir miles de películas, incluidas las de estreno, sin ignorar que la delincuencia va recluyendo en sus hogares a las familias. Es evidente, igualmente, que ha venido desapareciendo la privacidad porque los aparatos de localización y los minichips permiten localizar a cualquier persona en cualquier parte del planeta con un margen de error entre uno y dos milímetros. Cada ciudadano tiene un big-brother que lo persigue como su sombra en cualquier lugar en donde se encuentre, sin olvidar la existencia de cámaras en las calles, en los edificios y hasta en las computadoras. La intimidad también va desapareciendo, no sólo la de las personas, sino también la de los estados, según puede demostrarse a través de WikiLeaks que exhibe abiertamente los acuerdos inconfesables, las decisiones de Estado, supuestamente ultrasecretas y todas las trapacerías de que son capaces los respectivos gobiernos del mundo. Ahora se sabe que Chávez y la mafia, es lo mismo, han comprado poderosos misiles. Gobierno y gobernados están siendo colocados en una vitrina.

Próximamente se recibirá electricidad por la vía aérea, tal y como en la actualidad se recibe una señal a través de una antena parabólica. ¿Cuáles cables eléctricos? Surgen las industrias inteligentes que hacen desaparecer por medio de robots la mano de obra humana que implica el pago del seguro social, además de otras prestaciones que no hay que erogar cuando se mecaniza la producción electrónicamente hablando. Las fábricas de automóviles operan sin luz artificial porque los robots no la necesitan para colocar las llantas ni para apretar las tuercas. En medicina los robots operan ya conducidos a la larga distancia por las manos expertas de los cirujanos que a través de una pantalla pueden estar llevando a cabo una intervención quirúrgica del otro lado del planeta. Muy pronto se podrán escoger también niños inteligentes a través de la manipulación genética de los cromosomas que permitirá escoger los colores de ojos, del pelo, la estatura y el sexo del futuro ser.

¿Y los políticos inteligentes? Ahí se estrella la ciencia…

¿El fin de WikiLeaks?

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

El llamado “espíritu de internet” se construyó en buena medida en los años setenta del siglo pasado, pero se ha desenvuelto en medio de una tensión entre dos concepciones: una que la red favorece el desarrollo de la autonomía individual, de que toda información debe ser gratuita y que debe acabarse con el secreto, y otra de corte liberal que considera que la única manera de garantizar las libertades en el ciberespacio es por vía del mercado.

Esa tensión entre libertarios y liberales ha nutrido las batallas en torno a las libertades en el ciberespacio, que incluso ya tocó al mismo corazón de la administración de la red, a la demanda de la salida del Departamento de Comercio estadunidense de la administración de la misma. Pero ahora hemos visto que la administración de la red es insuficiente, como muestra el caso WikiLeaks.

En días pasados sucedió lo inimaginable: sin orden judicial alguna se puso fin al sitio web de WikiLeaks cuando EveryDNS.net, la empresa que le prestaba el servicio DNS, decidió suprimir su dominio aduciendo que estaba recibiendo ataques masivos. Con eso se derrumbó la idea de que el mercado es quien mejor garantiza la libre expresión a la comunidad internet.

Recordemos que en la denominada sociedad internet el dominio es prácticamente algo sagrado, éste representa la única forma en que se asegura no sólo la presencia de una entidad o persona física en el ciberespacio, sino su libertad de expresión, considerada un valor fundamental de internet, en la sociedad global que la red conforma.

Con el cierre de WikiLeaks se derrumba el mito y se pulverizan los preceptos: la red no es la zona de total libertad como pensaron sus fundadores. Sin embargo, podemos sacar algunas conclusiones de lo que hasta ahora acontece: el affaire WikiLeaks denota que cuando un sitio goza de gran presencia, la eliminación de su dominio no suprime de ninguna manera la comunicación entre el mismo y sus seguidores y tampoco se impide la difusión de sus contenidos. Sin embargo, para muchos otros sitios, que no gozan de tanta popularidad, lo efectuado directa e indirectamente por Estados Unidos con WikiLeaks muestra que se socava la integridad de la llamada sociedad internet global y su mismo funcionamiento.