diciembre 12, 2010

Economistas aterrados

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Sobre la crisis que no parece alejarse y que nos reserva siempre nuevas sorpresas, unos economistas europeos formularon, en septiembre, un “manifiesto” titulado Diez falsas evidencias y 22 medidas en debate para salir del callejón sin salida. Subrayan cuán frágil es la mejoría de la economía mundial y cómo los gobiernos han errado al darle prioridad a la lucha contra los déficits públicos, en lugar de enfocar esfuerzos en el crecimiento. La “guerra de las monedas” —que no había empezado cuando los cuatro autores escribían, pero que Pierre-Noël Giraud, autor francés publicado por el Fondo de Cultura, había anunciado— sólo agravó la situación, al dificultar el comercio mundial. Malas noticias cada día y la reunión del G20 ha evidenciado la impotencia general: no estamos lejos del ¡sálvese quien pueda! o ¡rásquese con sus propias uñas!

Los economistas “aterrados” señalan que los dirigentes redescubren la palabra “irracionalidad” que habían empleado tanto al principio de la crisis financiera del 2008. Ahora deberían darse cuenta de que la amenaza, más que la deuda pública, es la fragilidad del modelo de crecimiento y del sistema bancario. Lo que diagnostican para Europa, vale para nosotros que perdimos nuestra banca nacional y nos quedamos hipnotizados en la lucha contra la inflación. Ellos, con Paul Krugman, el Nobel de Economía, denuncian la prioridad dada a la reducción de los gastos públicos que amenaza al empleo, a los servicios públicos y a la protección social.

En lugar de una política voluntarista de fomento del empleo y del crecimiento, los gobiernos asustados se someten a una dictadura de los mercados que es inadmisible. La mayoría de los economistas que intervienen en el debate público en Europa y América lo hacen para justificar o racionalizar el sometimiento de las políticas económicas a las exigencias de los mercados financieros. Después de improvisar medidas de corte keynesiano para relanzar la economía, quieren olvidarlas y volver a lo de antes, de corte clásicamente liberal: disminuir el gasto público, privatizar servicios públicos, ablandar el mercado del trabajo (lo que significa facilitar y abaratar los licenciamientos), liberalizar el comercio, servicios financieros, mercados de capitales etc…

No olvidaron nada de sus antiguas prácticas, las que contribuyeron a la crisis; no aprendieron nada de la crisis, cuando los argumentos que, en los últimos 30 años, sirvieron a orientar las políticas económicas, han sido pulverizados en los hechos. ¿Cuál eficiencia, cuál racionalidad de los mercados? ¿Cuál necesidad de reducir el gasto público? ¿Cuáles “pactos de estabilidad”? Son algunas de las “falsas evidencias” criticadas por los cuatro economistas franceses.

Afirman que los mercados financieros ni son eficaces, ni estables y tampoco favorables al crecimiento económico; de ninguna manera los mercados deberían ser jueces de la solvabilidad o insolvabilidad de los Estados. Pero es lo que pasó a Grecia o Islandia y que puede pasar mañana a Irlanda, Portugal y… la lista podría ser larga e incluir Estados americanos. Las agencias de notación financiera no son neutrales y sus calificaciones, subjetivas, alimentan la inestabilidad, fuente de ganancias especulativas. Cuando rebajan la calificación de un Estado, aumentan la tasa de interés exigida por los actores para comprar títulos de la deuda de dicho Estado, lo que aumenta, incluso crea el riesgo de bancarrota que anuncian.

Denuncian la teoría de que los países están ahogados por su deuda pública, sacrificando así las generaciones futuras. La explosión reciente de la deuda pública en el mundo no se debe a los gastos del Estado, sino a los planos de rescate de la finanza (¡Fobaproa nuestra!) y, principalmente, a la recesión por la crisis financiera y bancaria de 2008. Una reducción del gasto público tiene por secuela una recesión agravada y, por lo mismo, un nuevo crecimiento de la deuda pública. Para restablecer de forma equitativa las finanzas públicas se debe dar un carácter redistributivo a la fiscalidad directa, suprimir las ventajas fiscales a las empresas, cuando no tienen efectos sobre el empleo. Pero nuestra reforma fiscal es la gran serpiente del mar: todos hablan de ella y nadie la ha visto.

Imponer la “austeridad” pública y reformas “estructurales” significa debilitar las solidaridades sociales en cada país y entre países. La crisis ha inducido a las élites financieras y a los tecnócratas en la tentación de radicalizar su agenda anterior; están destinadas a fracasar pero quien pagará el pato es la gran mayoría de la población.

Michoacán: de la Biblia al narco

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Itinerario Político
Excélsior

- Dos décadas de complicidades de PRI y PRD.

- ¿Por qué hicieron intocable a La Familia?


Si a estas alturas existen dudas del nivel de penetración del narcotráfico y el crimen organizado en la sociedad mexicana, basta mirar la tragedia del Ponchis y todo su núcleo familiar atrapado en las redes criminales; ver al SNTE y a los maestros convertidos en líderes del narcotráfico, y descubrir a las y/o los sobrecargos de aviación en la tarea de traficantes de drogas.

En realidad la pregunta debía formularse al revés. ¿Cuáles actividades no han sido penetradas por el crimen y el narco?. Los conocedores dicen que hay pocas actividades "limpias".

¿Cuántos mexicanos, de la profesión o actividad que se quiera, se han negado a ser parte del rentable negocio criminal?. La realidad dice que muy pocos.

Pero si a estas alturas existen dudas de que el Estado mexicano enfrenta una guerra contra los traficantes de drogas, sólo basta con voltear la mirada a lo que pasa en Nuevo León, Tamaulipas y Michoacán. Y si no es suficiente, baste decir que hasta la tarde de ayer sábado, en Michoacán, aún se producían enfrentamientos entre criminales y fuerzas del Estado —militares, marinos y policías federales—, luego de balaceras que han durado ya cuatro días.

Y si alguien duda del tamaño de la guerra, del peso y la fuerza militar y operativa del adversario, debe asomarse a los choques que libran policías federales, militares y marinos, contra bandadas de criminales como La Familia, en Michoacán.

Pero tampoco es suficiente con mirar el tamaño de esa guerra y el poderío de los enemigos del Estado. No, también se debe revisar con ojo crítico lo que ha ocurrido en las últimas dos décadas en esa entidad. Sólo así se entenderá la guerra librada en los últimos cuatro días en la capital, Morelia; en municipios como Apatzingán, y otros convertidos, literalmente, en zona de guerra.

UNA VIEJA HISTORIA DE NARCO.

Y es que no puede existir un grupo criminal del tamaño y la fuerza que hoy tiene La Familia, sin la complicidad, la dejadez y el valemadrismo de los gobiernos municipal, estatal y federal.

El fenómeno de gestación, crecimiento y consolidación de La Familia Michoacana, se remonta a por lo menos dos décadas atrás. Es decir, durante los años de gloria del salinismo. Pero según los estudiosos del tema, Michoacán y otras entidades circundantes que compartes las ricas regiones boscosas del altiplano, se han dedicado a la siembra de mariguna desde hace por lo menos medio siglo.

Pero fue a principio de los años 90 cuando aparecieron las organizaciones locales.

Es decir, que a raíz de la crisis económica de 1994 y 1995, el negocio de la siembra, cultivo, venta y distribución de droga se convirtió en una actividad alternativa a los tiempos de crisis y los productores michoacanos ya no sólo fueron proveedores de las grandes organizaciones, sino que se convirtieron en jefes regionales de una banda criminal que creció sin restricción durante el gobierno federal de Vicente Fox y el estatal de Lázaro Cárdenas Batel.

En pocas palabras, que pareciera que en las dos décadas recientes, en Michoacán cayeron todas las plagas al mismo tiempo, lo que abrió espacios para un poder emergente, como La Familia, que ofreció no sólo una alternativa de ingresos seguros y abundantes, sino una nueva doctrina y mística que desplazó desde la concepción religiosa de muchos michoacanos, hasta sus referentes partidistas. ¿Pero de qué estamos hablando?.

Elemental, de que a Michoacán no solo le afectó la crisis económica que también sacudió a todos los mexicanos entre 1995 y 1997, y no sólo vivió esa tragedia política que fue para algunos la caída del PRI en el año 2000, y la derrota de los gobiernos priistas locales en 2001.

No, los michoacanos también vivieron dos cataclismos: la llegada al poder presidencial de Vicente Fox —uno de los peores presidentes de la historia—, y la llegada al gobierno estatal de Lázaro Cárdenas Batel, un buen hombre, pero mal gobernante.

¿DONDE ESTABAN TODOS?

Por eso obliga la pregunta: ¿Dónde estaban —y donde estuvieron—, los gobiernos municipales de Michoacán, los diputados locales, el gobierno estatal y el federal, entre los años 2000 y 2010?

Cuando Vicente Fox llegó al poder federal —en el año 2000—, el PRD en Michoacán ya tenía buena parte del gobierno y el Congreso en su poder.

En realidad Michoacán fue un bastión de la izquierda desde 1988, cuando emergió como líder de la izquierda el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Así, en 2001 cuando cayó el último gobernador priista, y llegó Lázaro Cárdenas Batel como el primero de origen perredista, el PRD ya había gobernado distintos municipios y producido legisladores locales y federales.

¿Y dónde estuvieron el PRI y el PRD michoacanos, entre 1988 y el año 2000? Pues no estuvieron. O existió complicidad.

Y es que el crecimiento de La Familia Michoacana a lo largo de las últimas dos décadas, sólo se explica por eso, la complicidad, dejadez y el valemadrismo de los gobiernos del PRI, PAN y PRD.

Pero no sólo de los gobiernos; también de los empresarios, maestros, profesionistas y... hasta de la jerarquía católica. ¿Dónde estuvieron los sacerdotes, obispos y demás jerarcas que tenían en Michoacán a una grey adoctrinada? ¿Dónde estuvieron en esos 20 años, como para que un grupo criminal, mesiánico, desarrollara un culto pagano al servicio del crimen? ¿Dónde estaban los sacerdotes católicos, que no vieron ni escucharon que un grupo criminal les había arrebatado a los feligreses y los había convertido en criminales y sicarios al servicio de Dios?.

Hoy los sacerdotes podrán decir misa, pero igual que los líderes del PRI, PAN y PRD, que los gobernantes surgidos de esos partidos; alcaldes, legisladores locales, diputados federales, senadores y gobernadores, también son responsables por omisión o complicidad de que un grupo criminal como La Familia haya asumido el control de un estado como Michoacán, en donde defiende su territorio a balazos, en 13 municipios —incluidos la capital, Morelia, y Apatzingán, la cuna de Nazario Moreno González—, y con la baja de cinco efectivos, entre policías y militares.

Durante décadas La Familia fue intocable, al extremo de llevar "a la tribuna más alta de la nación" a Julio César Godoy, el más visible narco diputado y hermano del gobernador en turno.

Y al tiempo que en las próximas horas podrían caer todos los jefes de La Familia, el diputado Godoy será desaforado y podría ser llevado a prisión. Y mientras tanto, muchos dicen que la guerra contra el crimen y el narco, es una guerra fallida. Las complicidades.

¡Despierten al PAN, por favor!

Alvaro Cueva (@AlvaroCueva)
alvarocueva@milenio.com
Ojo por ojo
Milenio

Pobre Partido Acción Nacional, se volvió viejo, se olvidó de la gente y no ha parado de cometer errores de comunicación.

Si a esto le agregamos el hartazgo colectivo hacia la guerra de Felipe Calderón, más vale que se alíe con otro en 2012 porque no sólo va a perder, va a acabar sumergido en la inmensidad de la nada.

Hace unos cuantos días se eligió al nuevo presidente nacional de ese partido y estos señores, en lugar de aprovechar el momento para proyectar frescura, ejercer la autocrítica y renovar sus cuadros, pusieron ahí a Gustavo Madero.

Don Gustavo Madero es don Gustavo Madero, un hombre como salido de los libros de texto gratuitos que inmediatamente nos remite a Francisco I. Madero, a principios de siglo XX, a viejo.

Su imagen es su peor enemiga, su discurso no viene al caso con lo que cualquiera pudiera esperar de un partido que aspira a prolongarse en el poder y no hay química ni con los medios.

A mí no me interesa si el PAN debió haber hecho sus elecciones más abiertas o más cerradas, o si aquello internamente se está desmoronando, me asusta la edad de sus protagonistas, la ausencia de gente joven y que los pocos políticos que quedan ahí vivan y hablen como en otra realidad.

No hay manera de competir ni contra Peña Nieto, ni contra el PRI, ni contra Andrés Manuel López Obrador, ni contra el PRD, ni contra nadie en semejante circunstancias.

¿Cómo es posible que el hombre más popular de ese partido, a estas alturas de 2010, después de los sexenios de Felipe Calderón y Vicente Fox, sea Santiago Creel?

¿Cómo es posible que en 10 años al frente de está nación no hayan sido capaces de inventar una figura fuerte y carismática capaz de convocar de manera natural a las multitudes?

Ahí está pasando algo que nadie quiere ver. El Partido Acción Nacional se convirtió en una opción en el pasado no por recordarnos sus orígenes maderistas, no por decirle que no a todo y a todos, y no por jugar al conservadurismo.

Se convirtió en opción por la simpatía de sus políticos, por la agresividad de sus discursos y por la manera tan inteligente como se supieron colar en diferentes ámbitos de la vida nacional. Eran una buena oposición.

Sus políticos de ahora no tienen nada de simpáticos, uno los oye hablar y siente más flojera que con los hombres y las mujeres del viejo PRI, y ya no se están colando en ningún lado. Son pésimos en el poder.

Además, estos señores están como en su zona de confort negándose a decir lo que todos estamos pensando de la inseguridad, de la crisis económica, de la salud, de la educación y de muchos otros temas.

En lugar de reconocer errores, anunciar cambios y congraciarse con el pueblo, están cubriéndose las espaldas y, lo peor de todo, se están olvidando de la comunicación emocional.

Con el PAN todo es frío, todo es viejo, no hay historias, no hay contacto. Ya ni siquiera hay frases ingeniosas. No hay nada.

Deberían ponerse de acuerdo y volver a sus orígenes, pero no a sus orígenes remotos, sino a los que los llevaron al éxito en el año 2000.

Yo estoy genuinamente preocupado por la situación del Partido Acción Nacional porque su debilitamiento impide que haya un equilibrio de fuerzas, porque competir contra él ya ni siquiera es competir, porque ya no huele a cambio.

¿Y usted no quiere un cambio? ¿A usted no se le antoja que después de Felipe Calderón llegue un presidente con ideas diferentes, con propuestas nuevas y que corrija este horror en que se ha convertido México?

No es tan difícil si lo pensamos con calma, pero antes hay que despertar a estos señores, recordarles que más allá del fantasma del PRI existe un país de gente joven que quiere soluciones, que quiere que lo escuchen, que le hablen de frente.

Es tan ridículo lo que está pasando en otros partidos que si los políticos del PAN fueran más humildes, se pusieran de acuerdo y le echaran ganas, sí podrían construir algo interesante de aquí a 2012.

Pero yo no los veo con esa intención. Me da la impresión de que, a pesar de que por ahí todavía cuentan con varias mentes valiosas y con uno que otro personaje crítico, son como ancianitos esperando su jubilación.

Y pues no, en eso no puede acabar el partido que consiguió sacar al PRI de Los Pinos hace 10 años. En eso no puede acabar la transición política del año 2000. ¿O sí?

¡Atrévase a opinar!