diciembre 15, 2010

Todo queda, ¿en familia?

Raymundo Riva Palacio (@rivapa)
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
Eje Central

Genaro Guízar, presidente municipal de Apatzingán, la tierra más caliente de México en la última semana, afirmó en una entrevista de radio que los narcobloqueos en su municipio la semana pasada —durante el operativo en el que murió Nazario Moreno, el jefe de La Familia Michoacana conocido como El Chayo—, no fueron narcobloqueos, sino ataques provocados por el gobierno federal. “Me extraña que eso suceda”, agregó sin explicar nada. “Eso no sucede aquí”.

Regreso al pasado: El 11 de julio de 2009 fue detenido Arnoldo Rueda, La Minsa, número tres en el liderazgo de La Familia Michoacana, cuyo arresto desató una serie de ataques a instalaciones de la Policía Federal en varios municipios, incluido Apatzingán, en el principio de horas muy difíciles para los federales.

Una unidad de agentes encubiertos de la Policía Federal que estaban buscando al número tres del cártel, Servando Gómez Martínez, La Tuta, fue descubierta por sicarios de La Familia Michoacana en Apatzingán. La Tuta ordenó que los ejecutaran y que lo grabaran. Un video que estuvo sólo siete minutos en YouTube, muestra completo el episodio, cuando están en el suelo golpeados y torturados, cuando a una agente la violan varios sicarios, y cuando aparecen ejecutados con el tiro de gracia.

Guízar, el alcalde que estuvo preso por el caso del llamado Michoacanazo, enfatizó en la entrevista este lunes. “Nosotros éramos pacíficos aquí. Nunca había pasado eso. No suceden tales cosas. (Apatzingán) no es una ciudad insegura”.

Regreso al pasado: El primero de julio de 2009, la Policía Federal presentó a Miguel Ortiz Miranda, apodado El Tyson, un capataz y entrenador de sicarios de La Familia Michoacana, cuyas primeras declaraciones ante la autoridad abrieron la puerta a la forma cómo se daban los cursos para los matones del cártel y hasta qué extremos llegaba la instrucción.

A Ortiz Miranda le encontraron una computadora portátil donde había el video de un joven acostado en el suelo boca abajo y encima de él otro joven con un machete, que se lo desliza por el cuello y lo empieza a cortar. Minutos después, con la presión, la cabeza empieza a desprenderse hasta que queda totalmente separada del cuerpo. El sicario la coloca en una hielera, lista para ser enviada a un adversario, con el propósito de provocar terror.

Guízar, el alcalde de Apatzingán en cuya región murió Nazario Moreno, organizó el domingo pasado una manifestación “por la paz” después de que la comunidad sufrió pánico y zozobra durante las 36 horas de operación contra del jefe de La Familia Michoacana. La manifestación se convirtió en una movilización de las bases sociales del cártel, que obligó a Guízar a deslindarse de ella. Pero el lunes, en la entrevista de radio, protestó contra lo mismo que reclamaba La Familia Michoacana: la presencia del Ejército y la Policía Federal en el estado.

Regreso al pasado: En febrero de 2008, una marcha en Morelia estaba tapizada de pancartas contra la Policía Federal y el Ejército, demandando que se fueran del estado. En la cabeza de la marcha iba Rafael Cedeño, El Cede, a quien Nazario Moreno había responsabilizado de los centros de readaptación en Michoacán —donde tejían su base social y reclutaban sicarios—, de la plaza de Lázaro Cárdenas, para el trasiego de cocaína a Estados Unidos y recepción de precursores de las metanfetaminas, y del control de los giros negros y la prostitución. Al momento de ser detenido el año pasado, El Cede portaba una credencial de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos.

La penetración sociopolítica de La Familia Michoacana estalló cuando hace casi año y medio se detuvo a una treintena de funcionarios estatales y alcaldes —incluido Guízar—, por presunta relación con el narcotráfico. La mayoría se encuentra libre por un amparo concedido por un juez local, pero el caso no está cerrado. Lo que sí está es contaminado por el traslape de la justicia con la política, y la confusión.

¿Quiénes son los buenos? ¿quiénes son los malos? Para Guízar, los malos son la Policía Federal y el Ejército. La violencia no la ocasionan los grupos delincuentes, afirmó. “Es la (Policía) Federal que viene”, agregó. Decenas de personas volvieron a las calles de Morelia exigiendo la salida de las fuerzas federales del estado y clamando que “Nazario vive en nuestros corazones”.

¿Quiénes son los buenos? ¿quiénes los malos? Hay muchos que critican a las fuerzas federales, por su estrategia, por sus abusos y sus excesos, pero tienen que ajustarse al dictado de la Ley. Los impuros, entre ellos, pagan con la cárcel. Pero los malos son los que no rinden cuentas, los que matan cuando se sienten vulnerables y se manejan bajo la ley de las armas. Los malos son los criminales, sin duda alguna, aunque a veces a muchos se les olvida.

Entregó a su hermano para no caer él

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
Historias de un reportero
El Universal

Desde hace cuando menos tres semanas, el gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, al fin se dio cuenta de que su hermano no tenía salvamento. A partir entonces, se dedicó a operar ya no su permanencia sino su fuga de la Cámara de Diputados, de la vida partidista y de la escena nacional. En ello le iba a Godoy la propia supervivencia política: sacrificar al hermano para no caer él.

Primero, de cara a las elecciones locales para sucederlo, en noviembre de 2011, donde el PRD figura abatido en las encuestas bajo el PRI, con Fausto Vallejo Figueroa, y el PAN, con Luisa María Calderón, hermana del presidente Calderón... y tal vez algo más: está marcado por la sospecha que sobre el propio gobernador tendió la administración calderonista desde que inició el proceso judicial conocido como el Michoacanazo.

Ni siquiera para los perredistas el caso Godoy ha sido una sorpresa.

La relación de Los Chuchos con Los Pinos es más que espléndida desde el inicio del sexenio. Antes de que la Procuraduría General de la República lanzara este expediente contra funcionarios y alcaldes michoacanos, Los Chuchos fueron informados al más alto nivel político: les advirtieron que el círculo cercano al gobernador Leonel Godoy estaba muy involucrado con La Familia, particularmente su hermano Julio César. Según fuentes muy bien informadas, el propio Ortega alertó a Godoy, quien no habría hecho caso. Por eso estalló el escándalo y el PRD nacional ni las manos metió.

Cuando un año después el expediente del Michoacanazo comenzó a desmoronarse en el Poder Judicial que liberó a casi todos los acusados, la postura varió y se subió el PRD al discurso de la persecución política. Esto sucedió porque se sintió traicionado: su alianza electoral con el PAN había incluido una especie de tregua sobreentendida para no atacarse mutuamente. La tregua se había roto cuando la PGR, a pesar de su fracaso en tribunales, seguía atizando con la narcopolítica.

Ya después de que Alejandro Encinas, José Narro y Guadalupe Acosta se embarcaron escondiendo a Julio César Godoy para que pudiera rendir protesta como diputado, dentro de la dirigencia perredista y la bancada en la Cámara de Diputados siguieron las valoraciones. El cálculo interno era que se derrumbara el Michoacanazo completo y quedaran libres todos, los 39 acusados, incluido el hermano incómodo. Sin embargo, la incapacidad de Julio César para explicar la procedencia del dinero que se le había detectado en cuentas bancarias los obligó poco a poco a matizar su defensa. Arturo Zamora, priísta integrante de la Sección Instructora que evaluó la averiguación previa, reveló que no había fondo lícito visible en alrededor de 24 millones de pesos en sus cuentas.

Ya sin contar que los dirigentes del PRD tuvieron acceso privilegiado a las conversaciones telefónicas que, según los peritajes del expediente, mantuvo Godoy Toscano con Servando Gómez, La Tuta.

Con estos elementos en la mano, los principales dirigentes del PRD se reunieron con el gobernador michoacano y concluyeron que defender al diputado hasta el punto de evitar su desafuero sólo traería un daño que podría ser irreparable tanto al partido como a la administración estatal. Y el gobernador decidió ceder a su hermano:

La decisión fue no impedir el desafuero, justificarlo en términos de permitir que enfrentara las acusaciones como cualquier ciudadano, pero tener cuidado de no pronunciarlo culpable. Y luego esconder al prófugo si hacía falta, protegerlo y enterrar el tema (¿cómo estarán las cosas que un grupo de diputados michoacanos pidió que se les permitiera abstenerse de votar por motivos de seguridad y se les concedió?).

El asunto está en realidad lejos de terminar.

SACIAMORBOS

Hay una grabación telefónica que se mantiene en secreto. Forma parte del expediente de los vínculos de La Familia Michoacana con autoridades políticas del estado. Electoralmente explosiva.

Mea culpa del PRD

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

La abrumadora votación a favor del desafuero de Julio César Godoy, registrada ayer en la Cámara de Diputados, dejó muy mal parado al PRD, partido que cobijó con una curul al cuestionado medio hermano del gobernador de Michoacán, acusado de vínculos con el cártel de La Familia, delitos contra la salud, pero también de lavado de dinero.

Ya al final de la sesión, el tablero electrónico quedaba como fiel reflejo de los elementos que encontró la famosa Sección Instructora, que revisó el caso, para recomendar al pleno, a través de un voluminoso dictamen, quitar al michoacano la inmunidad parlamentaria: 384 votos a favor, incluida una mayoría de perredistas, 22 abstenciones, y sólo dos en contra, uno de ellos Gerardo Fernández Noroña, y el otro, de Balfre Vargas Cortez, del PRD.

Alejandro Encinas fue el único orador a favor del dictamen. El hecho es significativo. El coordinador de los diputados del PRD ofreció refugio en sus oficinas de San Lázaro, durante 48 horas, a Julio César Godoy, cuando entró clandestinamente a la Cámara de Diputados, hace 83 días, para rendir protesta.

¿Qué lo hizo cambiar de postura? Alguna vez nos acercamos a preguntarle. “No conocía las grabaciones; sabía que existían, pero no su contenido”, aseguró Alejandro. Ayer subió a tribuna para redimir su error y pronunciarse a favor del desafuero. No lo hicieron los priistas, tampoco los panistas. Eso destacó su gesto.

Godoy quedó a merced de las autoridades competentes. Cuenta con un “amparo para efectos” que le otorgó el polémico juez Efraín Cáceres, su paisano. Según algunos expertos, otros opinan lo contrario, ese amparo impide su detención. En la PGR no tenían claro, a mitad de la tarde, si podían detenerlo o no. Lo pudimos constatar. Pero se reportaban listos para “ir por él”.

¿Lo tendrán ubicado?, es pregunta.

La sabiduría china nos dice que una imagen dice más que mil palabras. La que vimos ayer en la sede nacional de la CNOP fue elocuente. El beltronista Emilio Gamboa, perfilado hace meses para suceder a Beatriz Paredes, alzándole el brazo a Humberto Moreira, “candidato de unidad” a la presidencia del PRI.

El gobernador saliente de Coahuila llega al cargo por obra y gracia de Enrique Peña Nieto, indiscutible mandamás en el tricolor. El gobernador mexiquense lleva meses reuniéndose frecuentemente con Manlio Fabio Beltrones; y algo menos con la tlaxcalteca.

Los tres hablaron, propusieron y alcanzaron un acuerdo que hoy tiene al PRI cohesionado. Una ventaja frente a las sacudidas internas en el PAN y la amenaza de ruptura en el PRD.

Los ganones en estos acuerdos son el gobernador mexiquense y el senador sonorense. La presidenta tlaxcalteca quedó casi marginada, pero sabe que sin unidad no hay regreso a Los Pinos. Por eso decidió sumarse.

Gamboa pudo haber alzado la mano, grillado a Moreira, dividido al partido. No lo hizo porque está también convencido de que si los priistas llegan cohesionados a 2012 “no habrá nadie que nos gane”.

El coahuilense, no hay duda, va a incomodar a Felipe Calderón. No es amigo del presidente, como Beatriz. Tampoco le va a hacer concesiones al inquilino de Los Pinos. Su estilo es agresivo, respondón. Lo vimos con Vicente Fox cuando la tragedia de Pasta de Conchos.

Ya ayer nos hizo notar que el presidente Calderón está mal calificado y que no es Lula. “Si hace pendejadas, le vamos a responder igual y a ver de a cómo nos toca”, advirtió. Gamboa tampoco se anduvo por las ramas. “El Presidente tiene el aparato del Estado, pero nosotros también le sabemos a eso”, advirtió.

Moreira va a pedir licencia de su cargo a principios de enero o quizá en los últimos días de diciembre. En su lugar se quedará como interino Jorge Díaz López, secretario de Desarrollo Social de su gobierno. El profesor mata dos pájaros de un tiro: asume la presidencia del PRI y evita entregarle el gobierno a su hermano Rubén. Ambos encabezan un proyecto de dinastía hereditaria que ya ha fracasado en Tlaxcala y Nayarit.

El diputado del PRI Francisco Moreno sacó su estado de cuenta de American Express y mostró tres cobros, por más de 60 mil pesos cada uno, que pagó por hospedaje en Cancún, donde acudió como presidente de la Comisión Especial de Cambio Climático de la Cámara baja. Los tres pagos son por 16 días, y no por tres; y cubren a 16 personas de la Comisión que viajaron con él, aclaró.

“Eso de las siete cifras es una mamada”, aseguró el diputado morelense, en referencia al columnazo que le pegaron ayer miércoles, por la cuenta de viáticos que, debido a lo abultada, habría sido rechazadaza por Francisco Rojas, coordinador de la bancada del PRI en San Lázaro. “No es cierto, Rojas fue el primero que la avaló”, aseguró el morelense.

Secreto y utopía

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La utopía es una región potente de la imaginación humana, no cesa de inventar y proponer mundos a la vez deseables e imposibles.

La utopía que parece propagarse con toda la fuerza de los instrumentos de la modernidad en la aventura global de WikiLeaks es la de un mundo sin secretos. Mejor: la de un mundo transparente, gobernado sin secretos.

La aventura de WikiLeaks es un refinado asalto tecnológico sobre la fortaleza de los secretos de gobierno. Toca la zona más sensible no sólo del orden diplomático, sino de la vida política misma: la zona de la confidencialidad, si se quiere de la simulación, si se quiere de la mentira, en que descansa buena parte de la política práctica.

Quien diga que la política o la diplomacia son posibles sin secretos, mentiras ni simulaciones, es un ingenuo o un demagogo. Lo mismo quien diga que la transparencia total es posible en la vida pública, o, para el caso, en la privada. Partes esenciales de la vida pública y de la vida privada se sostienen en la discreción, el disimulo, el secreto y la mentira.

Nada puede pudrir tan fácilmente una negociación difícil como hacerla pública antes de tiempo. Nada puede envenenar tanto una relación privada como que las partes se digan sin cesar sus verdades.

Bien visto, la transparencia total no es un bien deseable ni en el mundo público ni en el privado. Cabría imaginar un mundo atroz en el que todo mundo dijera la verdad. Sería una verdadera antiutopía, pues la verdad es una señora con espada, y suele cortar de más.

En la vocación de transparencia de WikiLeaks hay el genuino impulso de control democrático del gobierno por los ciudadanos. Pero en su ethos de transparencia radical, hay un fondo intolerante y, como en toda utopía genuina, una ilusión inalcanzable, un desafío al corazón de la realidad, que no tiene corazón para las utopías: se dedica a triturarlas en su duro molino de verdades sin alma.

La bondad de la transparencia, como la del alcohol o el nacionalismo, es una cuestión de grados. Servida en dosis adecuadas es un ingrediente fundamental de la vida democrática, instrumento por excelencia de control de los gobernantes.

Servida en las dosis mundiales que nos ha hecho beber la última oleada de WikiLeaks, el licor en cuestión quizá rompe más de lo que arregla, acaso pone las bases no para una mayor transparencia futura, sino para una mayor opacidad.

Las utopías tienen ese don: a menudo consiguen lo contrario de lo que buscan. En todo caso, me pondré juarista: alcanzado cierto punto de transparencia deseable, entre los individuos como entre las naciones, el respeto al secreto ajeno es la paz.

'Puro caramelo' por Paco Calderón