enero 15, 2011

Beltrones

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

En 2007, MFB fue el artífice de la contrarreforma electoral que atentó contra las libertades de expresión e información, que culminó con la decapitación y debilitamiento del IFE

Manlio Fabio Beltrones es uno de los aspirantes fuertes a la candidatura del PRI a la Presidencia de la República. Peña Nieto es, obviamente, el otro. La contienda es entre ellos. A la fecha y en las condiciones actuales no se visualiza ningún otro prospecto.

La publicación del artículo "Poder, ¿para qué?" (Reforma, 11/01/2011) marca el arranque de la campaña de Beltrones por la candidatura del PRI. El texto ofrece un diagnóstico y contiene una oferta programática. De ahí que valga la pena examinarlo.

El senador abre su reflexión con varias preguntas. Cito dos fundamentales: ¿cuándo veremos una disminución de la violencia? ¿Cuándo dejaremos de omitir soluciones de largo plazo?

A la primera pregunta Beltrones no formula respuesta ni asume posición. Después de leer la totalidad del artículo no es posible establecer: a) si está a favor o no de la estrategia de Felipe Calderón contra el narcotráfico; b) si mantendría, cuánto tiempo y bajo qué condiciones, o no a las Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado.

Pero al respecto hay algo mucho más grave. Uno de los pocos frutos de la Cámara de Senadores en el periodo de sesiones de inicio del año pasado, en que MFB ya era coordinador de la bancada priista, fue la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional. Dos cosas llamaron entonces la atención: la celebración que hizo el coordinador tricolor en el Senado y el hecho de que fue aprobada con el voto de todos los partidos.

Sin embargo, la iniciativa fue detenida en la Cámara de Diputados a petición expresa de la Secretaría de la Defensa Nacional. Las razones son múltiples. La Marina, que tiene una importancia estratégica en la ofensiva, ni siquiera fue consultada.

Pero más allá de los procedimientos, el problema era y es de fondo. La Ley de Seguridad Nacional somete las Fuerzas Armadas a los gobiernos estatales y municipales; condiciona su intervención a la solicitud de dichas autoridades; y crea un mecanismo complejo y burocrático (que pasa por el Consejo de Seguridad Nacional) para aprobar su participación.

La barbaridad e irracionalidad de la legislación no exige mayor demostración. Menos aún cuando los casos de infiltración y cooptación de los cabildos y las policías municipales están fehacientemente documentados y la propia Cámara de Senadores estima que siete de cada 10 alcaldías están infiltradas por el crimen organizado.

La pregunta, por lo tanto, cae por su propio peso: ¿dónde estaba y qué hacía MFB cuando, en su calidad de coordinador de la bancada priista en el Senado, fue aprobada semejante contrahechura? ¿Por qué no explica qué fue lo que ocurrió y asume su responsabilidad?

Paso, ahora, a la segunda cuestión que plantea el senador: ¿cuándo dejaremos de omitir soluciones de largo plazo? La respuesta a esta pregunta no es clara, pero está implícita en su texto: cuando Manlio Fabio Beltrones llegue a la Presidencia de la República. El problema está en que el senador tiene memoria corta y no asume el viejo dicho: hechos son amores y no buenas razones.

Empiezo por el principio y me explico. MFB afirma en su diagnóstico: "en los últimos 10 años el problema no ha sido legislativo".

La tesis es falsa por partida doble. La parálisis legislativa sí ha sido un grave problema, pero además no inició con la alternancia en 2000, sino en 1997 cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. Y lo más importante: la responsabilidad del senador Beltrones en el entrampamiento del sexenio de Felipe Calderón es capital.

La lista es larga. En 2007 él, en persona, fue el artífice de la contrarreforma electoral que atentó contra las libertades de expresión e información, que culminó con la decapitación y debilitamiento del IFE y provocó un efecto cascada en los estados de la República.

No sólo eso. Para doblegar al gobierno federal lo sometió a un chantaje: el PRI sólo aprobaría la "reforma fiscal" a cambio de que el PAN votara la electoral. Felipe Calderón mordió el anzuelo y cometió el peor error de su administración.

En 2008, a propósito de la reforma energética, volvió a la carga. El PRI, sentenció MFB, no aprobaría una reforma energética que contuviera modificaciones a la Constitución ni que incluyera "contratos de riesgo". Rasuró así, desde el inicio, la propuesta que hizo el gobierno de la República y limitó los alcances de la reforma.

Por eso resulta muy difícil creer en la palabra del senador. Cito otro ejemplo: México tiene una recaudación menor que Haití, advierte, y deberíamos recaudar 7 por ciento más para alcanzar el promedio de América Latina.

Pero de nuevo, MFB evade lo fundamental. El principal obstáculo de una reforma fiscal integral no es una entelequia. Todo el mundo sabe que la generalización del IVA en medicinas y alimentos es la condición necesaria -aunque no suficiente- de una verdadera reforma fiscal.

Si no se ha podido avanzar en esta materia es porque el PRI rechaza explícitamente esa posibilidad. Así que para romper ese candado habría que cambiar el programa priista. Por eso la pregunta que debería responder el senador es sí está o no de acuerdo con el programa de su propio partido. ¿Está?

Su propuesta, por último, es confusa y difusa. MFB habla de construir una nueva mayoría social haciendo alianza con 36 millones de mexicanos, cuyos ingresos fluctúan entre los 3 mil y los 15 mil pesos mensuales.

Pero Beltrones debería saber, como cualquier estudiante de ciencias políticas, que las mayorías sociales no se construyen, sino se representan por medio del voto y la elección de gobierno. Lo otro equivaldría a volver al viejo corporativismo priista o al delirio pejista del pueblo organizado en movimiento. ¿De eso se trata?

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