enero 12, 2011

Busca el PRI pacto con Calderón

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

Vivimos el México al revés: el PRD y el PAN se esfuerzan por mantener vivas sus alianzas electorales y el PRI hace todo por romperlas.

¿Quién lo diría?.

Hace poco más de una década, una de las expresiones preferidas por los políticos, intelectuales y periodistas de izquierda para denostar al PAN y/o al PRI, era recordar la “perversa alianza” de la derecha y el entonces partido oficial, el PRI.

Más aún, todos los males del México del fin de siglo —hablamos de los años previos a 2000— eran acreditados a ese matrimonio diabólico entre el PRI y el PAN, que a pesar de todo había hecho posible la pluralidad en el Congreso —en 1997—, la gran reforma electoral —de 1996-1997— y la alternancia en el poder en diversos estados del país.

¿Quién lo diría?

Que una década después, muy pocos de los políticos, intelectuales y gobernantes de la izquierda mexicana —si no es que ninguno— se acuerdan de esa consigna, y alegres promueven, estimulan, alientan la alianza PAN-PRD, que según ellos no tiene nada de perverso, sino que al contrario, es lo más cercano a la salvación de la patria. Salvación, claro, porque según los promotores de esa alianza, no emparentar a la izquierda y la derecha significa alentar el regreso del PRI.

Y vale el ejercicio de memoria, porque precisamente vivimos el México al revés. Es decir, que al tiempo que el PRD y el PAN hacen sus mayores esfuerzos por mantener vivas sus “perversas” alianzas electorales —matrimonios que les dio victorias en Oaxaca, Puebla y Sinaloa—, el PRI hace todo por romper esa alianza y restablecer su pacto de origen con el PAN.

Y acaso algunos se pregunten de dónde sacamos la anterior hipótesis.

Pues resulta que si los ciudadanos de a pie, los lectores de diarios y escuchas de noticias han puesto atención a las notas periodísticas de los últimos 40 días, podrán encontrar que los jefes del PRI, sobre todo el poderoso senador Manlio Fabio Beltrones, se ha empeñado en una severa crítica al gobierno de Felipe Calderón, al que un día sí y otro también fustiga por sus fracasos, descuidos, incapacidades y… todo lo que usted guste y mande.

Un seguimiento básico deja ver que desde mediados del mes de noviembre, y hasta el día de ayer, sin faltar un solo día, sea Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, y recientemente Humberto Moreira, han lanzado todo tipo de mensajes al presidente Felipe Calderón. Mensajes, aderezados con críticas, recomendaciones, sugerencias, llamados, para que rectifique no sólo sus políticas públicas, no sólo sus decisiones de poder, sino su política de alianzas.

Y el caso más reciente lo vimos apenas el pasado lunes, cuando en el municipio de San José del Rincón, en el Estado de México, Enrique Peña Nieto le dijo al Presidente, de manera sutil, que sacara las manos de la elección en el Estado de México y, claro, de la elección presidencial, y que mejor se ponga a trabajar.

Dijo Peña Nieto: “Señor Presidente, dejemos que sean los partidos los que se ocupen de la competencia político-electoral; los gobiernos a trabajar, y los partidos a competir”. Así, o más claro.

En el fondo, la andanada declarativa de los últimos dos meses —incluidas las vacaciones— de los señores Beltrones, Peña Nieto, Moreira y de la señora Paredes contra Felipe Calderón, no tienen otra intención que llamar al Presidente a un pacto político de fin de sexenio; un acuerdo que incluya las reformas urgentes, una negociación para garantizar una sucesión pactada, y las garantías de que se respetará al ganador.

Pero lo más interesante es que el PRI intenta romper el pacto del presidente Calderón y del PAN con el PRD; alianza que según no pocos priistas es una invitación a la guerra civil, además de una traición al espíritu negociador que inauguró el PRI, precisamente con el PAN, para garantizar la transición pactada.

Entre los muchos mensajes que, envueltos en críticas, reclamos, sugerencias y golpes, han enviado los tricolores al segundo Presidente azul, está pactar una transición que permita —independientemente de quien resulte ganador en julio de 2012— la existencia de los mínimos de gobernabilidad para el país en la década siguiente. Sin embargo, todo indica que el presidente Calderón no hará caso, no le interesa la propuesta del PRI o, de plano, está decidido a jugar sus cartas con el PRD. ¿Por qué?

Acaso porque Felipe Calderón sabe que el PRI regresará al poder en 2012. En cualquier caso, Calderón ya probó en carne propia el juicio adverso de la historia. En su presidencia del PAN, los azules le negaron a Ernesto Zedillo la reforma energética, misma que hoy habría salvado al gobierno de Calderón.

¿Cometerá el Presidente el mismo error? Al tiempo.

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