enero 07, 2011

Cambio de época

Macario Schettino (@mschetti)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Los mexicanos solemos atender poco lo que ocurre fuera de nuestro país. Nos encanta mirarnos el ombligo, y llegamos a pensar que los demás hacen lo mismo con el suyo, y hasta con el nuestro. Luego nos sorprende enterarnos de que nadie tiene mucho interés por México, y que lo poco que ven de nosotros es lo espectacular.

Mientras nosotros estamos concentrados en ver cómo se reparte el botín político, las migajas que queden de este país, en el resto del mundo ocurren muchas cosas y, especialmente ahora, se vive un proceso de cambio de la mayor importancia, que haríamos bien en atender.

Como todo el mundo sabe, China ha crecido muy rápido por ya muchos años. Empezó en 1979, cuando Deng promovió un cambio fundamental de orientación en la economía de ese país, que suele describirse con la famosa metáfora del gato: no importa de qué color sea, sino que cace ratones. A partir de entonces, China, guiada por Deng, se convierte en el primer país que abandona el colectivismo, la apuesta antiliberal del siglo XX. Con algunas dificultades al principio, para los años 90, China ya estaba creciendo a dos dígitos, ritmo que ha mantenido por prácticamente 20 años. Recuerda un poco el milagro japonés en la posguerra, o el coreano hacia los años 70. Esos son milagros.

Durante el año pasado, China superó a Japón en tamaño para convertirse en la segunda economía del mundo, y todo parece indicar que, si no ocurre algo verdaderamente extraño, se convertirá en la economía más grande del mundo alrededor de 2025: en 15 años. Estados Unidos dejará el primer sitio que ocupa desde fines del siglo XIX. Es un cambio de época.

Evidentemente, tener una economía grande no significa ser grande. Todavía China se mantiene en una etapa inicial del proceso que Japón y Corea siguieron previamente: manufacturas baratas, de mala calidad, que 10 años después son un poco menos baratas, pero mucho mejores, y una década más y son líderes en calidad, tecnología y precio. Japón vivió ese proceso de 1960 a 1980, Corea con 10 años de retraso. China lo inicia propiamente en el 2000 (cuando la burbuja dot com le abrió el espacio, a costa de México). Van a la mitad.

Para competir en serio por el liderazgo mundial, no basta producir bien, es necesario ser también líderes en las otras dos fuentes del poder: la creación de conocimiento y la fuerza militar. En ambos, China está mucho más atrás de lo que su tamaño económico podría hacer pensar. Pero cada vez menos rezagados.

Desde hace dos años, China ha empezado a cuestionar, en los hechos, el control absoluto de los mares por parte de Estados Unidos. Lo hace cerca de sus costas, pero cada vez más ampliamente, en particular en el mar del Sur de China. Se espera que boten su primer portaaviones en este año, tal vez el próximo, y que puedan producir media docena más en el resto de la década. China es ya el segundo país con mayor gasto militar en el mundo, medido en dólares, aunque todavía muy lejos de Estados Unidos.

En cuanto a la creación de conocimiento, no sabemos muy bien cómo anda China, pero las cuatro ciudades que participaron en el examen PISA en 2009 (Shanghai, Macao, Hong Kong y Taipei, ciertamente no todas exactamente China, por el momento) están en los primeros 10 lugares. Son ciudades, no un país, así que la comparación no es exacta, pero algo indica. Más interesante aún, China registra ya más patentes que Corea y la Unión Europea, y sólo es superada por Japón y Estados Unidos en este indicador, determinante en la creación de valor. Y 60% de las patentes registradas en China son solicitadas por chinos, un nivel 10 puntos superior al de Estados Unidos. Los datos son de 2006.

Finalmente, aunque es totalmente cierto que por encima de un determinado nivel de ingreso por habitante, las presiones democratizadoras suelen crecer, también lo es que los países asiáticos han logrado administrar esas presiones, manteniendo gobiernos más autoritarios que en Occidente sin mayor problema.

Este proceso de cambio será determinante en los próximos 50 años, en muchas dimensiones. Siguiendo el ejemplo de China, muchas naciones se han deshecho de sus creencias colectivistas y también están creciendo muy rápido. Y como la cobija crece más lentamente, habrá quien se quede al aire.

Vale la pena considerarlo.

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