enero 20, 2011

El “amparo de los intelectuales”. Ayuda de memoria

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Esta semana la Suprema Corte ha puesto en su lista de casos que revisará el del llamado “amparo de los intelectuales”, promovido por un grupo de escritores, académicos y periodistas contra la reforma constitucional de 2007.

Firmé esa solicitud de amparo por mi desacuerdo fundamental con la reforma, que sometió a una innecesaria y contraproducente cirugía mayor al Instituto Federal Electoral, la joya de la corona de la transición democrática mexicana, y porque una de sus provisiones, en particular, atenta contra la libertad de expresión.

Esa provisión es la que establece en el artículo 41 constitucional reformado: “Ninguna otra persona física o moral (aparte de los partidos y el IFE) podrá contratar propaganda en radio y televisión dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de partidos políticos o de candidatos”.

El artículo 6 dice: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa”.

Creo que la prohibición del artículo 41 contradice el espíritu del artículo 6 en materia de libre manifestación de las ideas. Peor aún: subordina esa libertad a un criterio de orden político electoral, muy inferior en su rango al de las libertades individuales garantizadas en la Constitución.

Creo que los legisladores llevaron a rango constitucional un asunto que no debió pasar nunca de las leyes reglamentarias, introduciendo en la Carta Magna una contradicción de mandatos. El mandato que debe prevalecer, a mi juicio, es el del artículo 6, porque es el verdaderamente universal y está por encima de la coyuntura política a que respondió la reforma electoral.

Por cierto, la prensa escrita quedó a salvo de la prohibición del terrible delito de comprar espacio en los medios para dar opiniones políticas. Si el delito es tan terrible, ¿por qué no castigarlo en todas partes?

No tengo planes de hacer un viaje a la India o China, pero estaría en contra de que alguien me lo prohibiera. Tampoco tengo planes de contratar spots en la televisión o el radio para criticar a algún candidato en campaña, pero estoy en contra de que me lo prohíban.

La libertad ejercida es la parte menor de nuestra libertad. Hay una zona enorme de libertades que no se ejercen nunca pero cuya existencia es esencial a la libertad misma. Hay que preservar el máximo de esas libertades que no se ejercen porque siempre pueden ejercerlas otros y porque forman el mar intangible del que surge nuestra seguridad de ser verdaderamente libres.

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