enero 28, 2011

Holocausto y honor

Magdy Martínez-Solimán
Coordinador Residente de Naciones Unidas en México
El Universal

El secretario general de la ONU Ban Ki-moon afirma que “negar hechos históricos, especialmente en un tema tan importante como el Holocausto, no es aceptable. Tampoco es aceptable promover la eliminación de un Estado o un pueblo. Quisiera que este principio se respetara en la retórica y en la práctica por todos los miembros de la comunidad internacional”.

La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948, fue ideada para que nunca más se repitiera el horror del genocidio perpetrado en Europa por el régimen nazi, acompañado por sus aliados del eje y precedido por la represión sin antecedentes tras la guerra civil en la España franquista.

El día que se observa hoy en todo el mundo fue instaurado por medio de la Resolución 60/7, aprobada por la Asamblea General el 21 de noviembre de 2005, por el que la comunidad internacional decidió recordar las tragedias humanas para no repetirlas en el futuro. Se estableció el día en el aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el más grande y conocido de los campos nazis de la muerte, para recordar a los millones de judíos, así como a los prisioneros de guerra, disidentes políticos, miembros de grupos minoritarios como los gitanos, homosexuales y personas con discapacidad, que fueron sistemáticamente asesinados por los nazis y sus simpatizantes.

Ban Ki-moon nos llama este año a rendir “especial homenaje a las mujeres que sufrieron en el Holocausto. Madres e hijas, abuelas, hermanas y tías que vieron cambiar irrevocablemente su vida, separarse sus familias y destruirse sus tradiciones. Sin embargo, a pesar de los horrendos actos de discriminación, privación y crueldad, siempre encontraron una manera de levantarse contra quienes las perseguían. Se sumaron a la resistencia, rescataron a quienes estaban en peligro, introdujeron alimentos de contrabando en los guetos e hicieron enormes sacrificios para mantener con vida a sus hijos. Su valor sigue sirviendo de inspiración. En este día en que conmemoramos el Holocausto, rindamos homenaje a estas mujeres y a su legado. Prometamos crear un mundo en que esas atrocidades no puedan repetirse. Bien sabemos todos que ese futuro no ha llegado aún. En todas partes del mundo mujeres y niñas siguen soportando violencia, abuso y discriminación. Las Naciones Unidas están absolutamente comprometidas a proteger y promover sus derechos humanos fundamentales”.

Aunque la razón no parece bastar para explicar el peor episodio de violencia salvaje y brutalidad asesina, científicamente planificada, de la historia de la humanidad, hemos de tratar de entender lo ocurrido, y explicar a los y las jóvenes lo que fue el Holocausto. Hemos en particular de intentar prevenir cualquier negación o simplificación de la historia.

Ver en el “otro” a un enemigo es resultado de un proceso de intolerancia, un valor corrosivo de la convivencia que Naciones Unidas lucha constantemente por erradicar. A través de este día queremos reflexionar, pero también llamar a actuar y condenar sin reservas cualquier manifestación de intolerancia religiosa, de acoso o violencia, contra personas o comunidades basada en su origen étnico o en sus creencias. Desgraciadamente nuestra historia registra no pocas manifestaciones de este tipo, crímenes individuales y colectivos y conflictos armados que han ensombrecido a la humanidad, desde guerras mundiales y civiles, hasta el asesinato de pacifistas, presidentes y reformadores, pasando por tragedias tales como la de Hiroshima, y las masacres en España e Irlanda, Burundi y Camboya, Ruanda y Centroamérica, Serbia, Bosnia y Croacia, y por supuesto, Auschwitz, Dachau o Treblinka como símbolos del Holocausto. En palabras de Eliezer Wiesel: Tanta violencia, tanta indiferencia.

El Holocausto fue parte de un proceso que se desarrolló durante un periodo suficientemente extenso y que, sin embargo, no se pudo detener ni evitar. La Carta de las Naciones Unidas, al tomar por propósito “salvar a las futuras generaciones del azote de la guerra”, nos habla del indestructible vínculo entre nuestra Organización y la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, a más de 60 años de esa tragedia, el principio de evitar a las generaciones presentes cualquier violencia generada por el racismo, la intolerancia o el antisemitismo, sigue vigente.

Desgraciadamente se da esta situación porque continúan las amenazas, pero afortunadamente sigue vigente como respuesta mejor articulada, más contundente, de los países del mundo ante la tiranía de la violencia. Hoy el principio que se levanta en contra del racismo y de la intolerancia es el mismo principio que defiende, como lo que nos distingue de las fieras, la dignidad de la conciencia humana.

Uno de estos ejemplos de dignidad lo representa con altura el diplomático mexicano don Gilberto Bosques Saldívar. Junto a proteger a judíos europeos y ciudadanos libaneses, dedicó su tiempo y arriesgó su vida para salvar otras, incluidas las de republicanos de mi país. México, tierra de asilo, acogió generosamente a las víctimas que salvó su eminente representante consular y es probablemente por ello, uno de los mejores lugares del planeta para sentirse arropado cuando recordamos el Holocausto y nos comprometemos a no olvidar el horror y, sobre todo, a no olvidar el honor con que actuaron muchos. Nuestra acción consiste en recordar los crímenes, no para quedar paralizados por el recuerdo ni para hacer bandera del dolor, sino para actuar y continuar impulsando la creación de un mundo de tolerancia y solidaridad, de libertad y de respeto a la diferencia. Ese es un mundo del que México es parte y al que contribuye, reforzando con su ejemplo estos valores universales.

No hay comentarios.: