enero 07, 2011

La bonanza latinoamericana

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

En las últimas semanas han salido titulares anunciando que Brasil se convertirá en la quinta economía del mundo en los próximos cinco años, y que Latinoamérica en general se transformará en una nueva estrella de la economía global. Pero hay datos menos conocidos que hacen poner en duda estos pronósticos tan optimistas.

A corto plazo, todo parece indicar que a la región le irá bien en 2011. Según proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas, CEPAL, la economía de la región crecerá un total de 4.2 por ciento este año, tras un crecimiento de 6 por ciento el año pasado.

Se espera que Panamá crezca 7.5 por ciento este año; Chile y Perú, 6 por ciento cada uno; la República Dominicana y Uruguay, 5 por ciento; Argentina, 4.8 por ciento; Brasil, 4.6 por ciento; Bolivia, 4.5 por ciento; Colombia, 4 por ciento; México, 3.5 por ciento; Costa Rica y Guatemala, 3 por ciento cada una, y Venezuela, 2 por ciento, según la CEPAL.

En varios países, este será el octavo año consecutivo de constante crecimiento, lo que es una verdadera proeza en medio de una crisis económica mundial. El crecimiento de la región, en parte gracias a sus exportaciones de materias primas a China, ha llevado a la mayoría de las instituciones financieras internacionales a pensar que, esta vez, la región está encaminada hacia un crecimiento de varias décadas.

Un reciente informe del Banco Mundial, titulado "Más allá de bonanzas y crisis", sugiere que ya no es válida la creencia generalizada entre los economistas de que los países que dependen excesivamente de unas pocas materias primas -como Venezuela, o Nigeria- tienden a volverse populistas, corruptos, autoritarios y, en última instancia, más pobres.

El informe declaraba que "las evidencias recientes sugieren que, en general, los recursos naturales pueden ejercer sin dudas un impacto positivo en el crecimiento".

Traducción: las exportaciones de materias primas salvaron a Latinoamérica del impacto de la crisis financiera mundial, y pueden ser el principio de un largo periodo de crecimiento. Varios países ricos, incluyendo a Canadá, Australia y Nueva Zelanda, han demostrado que los países exportadores de materias primas pueden llegar al primer mundo, y muchos países latinoamericanos podrían hallarse en esa misma senda.

Pero a mediano y largo plazo, hay tendencias negativas que pueden afectar a la región. En vez de usar el actual ciclo de crecimiento para invertir en infraestructura, educación, innovación y otras áreas que les permitirían diversificar sus exportaciones -como lo hicieron Canadá, Australia y Nueva Zelanda-, la mayoría de los países latinoamericanos están derrochando sus ingresos en subsidios al consumidor, mientras se tornan cada vez más dependientes de sus materias primas.

Consideremos estas cifras poco conocidas -y preocupantes- de la CEPAL:

- La dependencia de Brasil de las materias primas y manufacturas derivadas de materias primas ha aumentado desde el 51 por ciento de las exportaciones totales del país a principios de la década de 1980 hasta el 59 por ciento actualmente.

- La dependencia de Venezuela de materias primas y productos elaborados de materias primas subió del 92 por ciento de las exportaciones totales a principios de la década de 1980, al 97 por ciento actualmente.

- En los últimos 10 años, las exportaciones de materias primas de Latinoamérica aumentaron desde el 27 al 39 por ciento de las exportaciones totales de la región.

"Es inquietante", dice Osvaldo Rosales, director de la división de comercio internacional de la CEPAL. "Aunque uno no conoce en la historia económica casos de desarrollo exitoso sin diversificación productiva y exportadora, vemos con preocupación que la estructura exportadora de la región tiende a concentrarse cada vez más en commodities".

Eso es peligroso, porque el boom de las exportaciones de materias primas podría llegar a su fin en esta década, y porque las exportaciones de materias primas tienden a producir menos empleos duraderos que las exportaciones más sofisticadas, me dijo Rosales.

"El tema es si los países de América del Sur, especialmente, están aprovechando este boom de las materias primas para abordar las tareas claves del desarrollo, como la infraestructura, la innovación y la educación", explicó. "Mi impresión es que no lo estamos haciendo".

Mi opinión: Estoy de acuerdo. Aunque es bueno innovar para mejorar las exportaciones de materias primas, y también es bueno elaborar productos cada vez más sofisticados a partir de las materias primas, es peligroso poner todos los huevos en la misma canasta.

Para seguir la senda de países como Canadá, Australia y Nueva Zelanda, hay que invertir más -y sobre todo mejor- en todo aquello que ayude a la diversificación. De otra manera, lo que vemos ahora será tan solo otra burbuja, condenada a estallar en el futuro próximo.

No hay comentarios.: