enero 10, 2011

La guerra de Calderón es ineludible

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El prestigioso semanario The Economist, en la edición dedicada a las perspectivas de 2011, señala que México le irá ganando poco a poco la batalla a las organizaciones criminales. Textualmente: […] “it may become clearer that the government is starting to win”, o sea, “posiblemente quedará más claro que el gobierno está comenzando a ganar”.

Los opinadores catastrofistas-tremendistas-derrotistas no habrán de celebrar mucho esta apreciación de las cosas. La “guerra” de Calderón, en tanto que se trata de una estrategia de combate directo, es criticada por quienes propugnan políticas dirigidas a resolver los problemas de fondo de este país: la educación, la justicia social, el empleo, la economía, etcétera. Y, sí, es cierto: estaríamos mucho mejor si tuviéramos el nivel educativo de Finlandia y si el aparato de justicia no estuviera tan corrompido y si una reforma fiscal nos permitiera dedicar más recursos a la salud y si el Estado invirtiera grandes sumas en investigación y desarrollo, bla, bla, bla… Todos estamos de acuerdo en esto.

El problema es que los narcos y los sicarios ya están ahí; ya operan, ya asesinan y ya perpetran aterradoras atrocidades. Nos podemos preguntar si la violencia que despliegan es resultado directo del acoso que padecen. Tal vez. En este sentido, Calderón estaría agitando el avispero. Pero el hecho de que se hayan puesto tan respondones justifica, precisamente, la intervención de un Estado mexicano que está obligado a actuar para neutralizar a tan peligroso poder paralelo.

La famosa forcé de frappe de Francia se basa en la fuerza de disuasión que tiene un ejército equipado de armas nucleares. ¿Qué poder de disuasión tendría el Estado mexicano si se queda cruzado de brazos ante la realidad de unas mafias del narco que, encima, le han lanzado un abierto desafío?

No he sabido de ningún sicario al que, a estas alturas, se le pudiera amansar con lecturas de Shakespeare. El único lenguaje que entiende esa gente es el de las ametralladoras. Tan simple como eso.

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