enero 13, 2011

Pactar con los criminales es simplemente inmoral

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El Estado mexicano es el responsable de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y, como todo sabemos, ha fallado estrepitosamente en el cumplimiento de esta primerísima obligación. Podemos entonces vociferar airadas reclamaciones y lanzar invectivas tan furiosas como justificadas. Pero, hasta ahí. Culpar al gobierno de Calderón de la inseguridad es un asunto bien diferente. Porque no es dicho gobierno el que asesina, el que decapita, el que tortura y el que secuestra. Son los criminales. Pensar que la inacción —es decir, la complaciente pasividad que exhibieron los regímenes anteriores ante la realidad del narcotráfico y la cómoda indolencia con que se acomodaron a un hecho gravísimo para la integridad de la nación— no sólo es una perspectiva viable, sino algo conveniente —aparte de deseable, adecuado y provechoso— es tal vez una postura entendible en aquellas personas que no tienen demasiados problemas de conciencia, pero se trata de algo esencialmente inmoral, por no decir peligroso y, encima, contraproducente.

No conozco a ningún Estado moderno que, en pleno conocimiento de causa, haya renunciado abiertamente a ejercer la fuerza legítima para combatir a sus enemigos. Este último término, estimados lectores, nos tendría que quedar muy claro y muy definido. Porque pareciera, a juzgar por las reacciones de la gente, que el Gobierno federal es el gran culpable de las ejecuciones, de los asesinatos y de las atrocidades que vemos todos los días. Pues no. Lo repito: quienes matan son los matones, quienes ejecutan son los sicarios y quienes extorsionan son los extorsionadores. Nadie en su sano juicio puede acusar al Gobierno de estar asesinando deliberadamente a sus ciudadanos. Su pecado, en todo caso, sería de omisión pero ¿acaso este gran problema nacional se gestó apenas en este sexenio?

Seamos justos. Y pensemos también como personas decentes: no es siquiera imaginable un pacto con los criminales. Pues eso.

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