enero 03, 2011

Pluralidad y alternancia, fracasan en sólo diez años

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

¿Qué pasó? ¿Por qué nadie o casi nadie se ha ocupado de analizar y explicar a los ciudadanos el fracaso de una década?

Desde la década de los 60 —hace casi medio siglo— a los mexicanos se nos vendió la peregrina idea de que viviríamos el mejor de los mundos una vez que el PRI fuera echado del poder; cuando existiera pluralidad en el Congreso y fuera realidad la alternancia en el poder.

Por eso, durante las décadas que van de los 60 y el año 2000, los apóstoles de la democracia en que se erigieron los políticos del PAN, y una pujante izquierda emergente, convirtieron en estandarte de cambio, bienestar y puerta de entrada al paraíso, no sólo la caída del PRI, sino la llegada de la pluralidad, la alternancia y la transición democrática.

Así, y gracias a sucesivas reformas electorales, a lo largo de la década de los 90 se estimuló la alternancia, se ensayó la caída del PRI en gobiernos estatales, y se favoreció la llegada de azules y amarillos al poder estatal y a los congresos locales. En 1997 se dio un gran paso, cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. En el año 2000, finalmente, el PRI fue echado del poder presidencial.

Lo habíamos logrado como sociedad; las reglas electorales eran creíbles y confiables, ejemplo en el mundo; el PRI había sido depuesto y el Congreso federal era plural hasta lo impensable. Era realidad la división de poderes, la autonomía estatal, la alternancia, la pluralidad y parecía inminente la transición democrática. En el año 2000, México y los mexicanos parecían tocar la puerta a la democracia, la modernidad y el éxito. Tocar el cielo.

Hoy se cumplen diez años del inicio de ese sueño. Y tan sólo a una década del gran cambio, no parece descabellado concluir que fracasaron la alternancia, la pluralidad, la transición y —como lo señalamos en las dos últimas entregas de 2010—, también fracasaron los partidos opositores que durante medio siglo pregonaron que todo sería mejor sin el PRI. Y todo ha sido tan bueno, que en una de esas y el PRI regresa en 2012.

¿Qué pasó? ¿Por qué nadie o casi nadie se ha ocupado de analizar y explicar a los ciudadanos el fracaso de una década? ¿Por qué fracasaron los gobiernos del PAN y del PRD? ¿Por qué en no pocos estados de la República regresó el PRI? ¿Y por qué el PRI estaría de vuelta en 2012? Pareciera, en términos generales, que fracasaron la alternancia, la pluralidad y la transición. Pareciera que no existe diferencia mayor entre el PRI, el PAN y el PRD. ¿Qué falló? ¿Quién falló?

A la vuelta de diez años, México no es mucho mejor que el México de los años 80 o 90. En algunos casos, incluso, pareciera que vivimos severos retrocesos. Hoy, por ejemplo, cuando vivimos en democracia, cuando existen rendición de cuentas y transparencia, los gobiernos estatales son más autoritarios, impunes y antidemocráticos que antes. ¿Por qué? Porque, en los hechos, no existe ningún poder de equilibrio, capaz de someterlos, obligarlos a rendir cuentas y a pagar por sus fallas y pillerías. Hoy los gobernadores son virreyzuelos intocables.

Hoy, por ejemplo, el Congreso de la Unión es improductivo. ¿Por qué? Porque los partidos, sus líderes y legisladores, son incapaces de ponerse de acuerdo, de colocar por encima de sus vulgares intereses, el interés nacional. Y nada los obliga a ser productivos, a llegar a acuerdos, a legislar de manera eficiente sobre lo que permita conducir al país al primer mundo.

Hoy el Presidente y sus facultades se han achicado, hasta niveles de franca ineficacia; la ejemplar ley electoral y sus elefantes blancos —el IFE y el Tribunal— son insultantes castas divinas de burócratas enriquecidos y, para no variar, son una caricatura de lo que fueron; mientras la transparencia es una farsa empezando por su instituto, y los partidos son cueva de ladrones controlada por grupos familiares que saquen al país cada tres o seis años.

Hace medio siglo los opositores se quejaban de que el PRI era un monopolio del poder. Hoy, la partidocracia es el mismo monopolio del poder, incluidos PAN y PRD, y esas vulgares empresas familiares que son el PT, Convergencia, el PVEM y el Panal. Hoy todos esos partidos, sus líderes y gobernantes, son tanto o más corruptos, cínicos, transas y mentirosos que los político surgidos del viejo PRI, cuya caída debía dar paso al mejor de los mundos.

Algo falló, sin duda. Pero los ciudadanos no somos ajenos a la culpa. ¡Ahí vamos de nuevo en busca de un mesías, de un salvador que, además, nos hable bonito al oído! La culpa de los ciudadanos es igual al fracaso de los políticos. ¿O no?

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