febrero 02, 2011

El amparo de los intelectuales: algo para discutir

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Los ministros de la Suprema Corte están divididos, y empatados, en su juicio sobre el amparo que promovimos hace tres años un grupo de ciudadanos contra la reforma constitucional del año 2007. El llamado “amparo de los intelectuales”.

El amparo, como he tratado de explicar en estas páginas, juzga que esa reforma, que prohíbe a particulares comprar tiempo en los medios para emitir sus opiniones políticas en materias electorales, contradice el espíritu mismo de la Constitución en sus derechos esenciales: de libertad de expresión, de igualdad ante la ley, de libre asociación y de no discriminación.

Es un alegato de fondo según el cual una reforma constitucional puede violar o contradecir los derechos constitucionales básicos y, por tanto, puede ser impugnada ante la Corte como anticonstitucional.

Nuestro alegato sostiene, además, que la reforma constitucional fue imperfecta en su curso legislativo y que no llena los requisitos formales necesarios para ser válida.

Lo que discutieron hasta el empate los ministros de la Suprema Corte el lunes pasado, es si la solicitud de amparo es procedente, si hay lugar siquiera a una discusión de sus méritos en la misma Corte.

Quienes lo juzgan improcedente, cinco ministros, creen en lo fundamental que las reformas constitucionales no son atacables ni enmendables por la Corte. Los otros cinco ministros creen que sí. Ninguno juzga el fondo ni la forma del amparo, sólo la pertinencia de revisarlo.

Me congratulo del empate en el criterio de los ministros porque demuestra que las definiciones en esta materia no son cosa científica ni juzgada de antemano, sino justamente materia debatible, hija de la reflexión, la historia, las costumbres jurídicas y la moral pública.

El empate de los ministros descalifica las muchas descalificaciones recibidas por nuestro amparo caracterizándolo como hijo de la ignorancia, el elitismo o la soberbia, si no del interés.

Al menos cinco ministros de la Suprema Corte dicen que no, que el asunto debe al menos discutirse, pues puede haber ahí, como pensamos nosotros, un tema constitucional digno de la atención y el juicio de la Corte.

Ya el solo empate es un triunfo de opinión pública: una ventana abierta al debate democrático. Ojalá que de aquí en adelante ese debate se pueda dar en otros términos que el de la descalificación por ignorancia, elitismo, vanidad intelectual o ceguera ideológica.

En la reforma constitucional de 2008 hay cosas importantes que discutir, como lo demuestra el hecho de que haya dividido el criterio de la Corte.

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