febrero 06, 2011

El poder contra el bien común

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Mis críticas a nuestros dirigentes, a los que nos pastorean como borregos toman en cuenta el hecho de que la mayor parte de las personas no actúan de un modo coherente; en determinadas circunstancias nos comportamos bien, en otras no. Dice Carlo Cipolla que la única excepción a esta regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación. Añadiría yo una segunda excepción: las personas francamente deshonestas que manifiestan la máxima tendencia a una coherencia máxima.

Dicho esto, vuelvo al tema de la desconfianza que manifestamos, nosotros los borregos, frente al Estado federal, a los gobiernos estatales y municipales, a la policía y justicia, desconfianza que alcanza su culminación frente a los partidos, diputados y senadores. Se salvan el Ejército y la Iglesia, pero ¿hasta cuándo? Normalmente, en cada elección, los ciudadanos (los borregos) recobran cierta esperanza de que el próximo pastor resultará mejor, pero resulta que les dan atole con el dedo antes de las elecciones y “pan y circo”, a la romana, después de las elecciones, en el mejor de los casos.

Panem et circenses, decían los malos pastores romanos que trabajaron con perseverancia hasta lograr el envilecimiento de los ciudadanos y su transformación en borregos. Sin demasiada violencia lograron lo que el gran fisiólogo ruso Pavlov llamó “la inoculación en la población del reflejo condicionado de la sumisión del esclavo”. Cuando el gobierno del Distrito Federal multiplica los acontecimientos festivos e instala una pista de hielo en la Plaza de la Constitución, se trata de “los juegos del circo”. Y su ejemplo es imitado por diversos gobiernos estatales y municipales de todos los colores políticos. Cuando reparte tarjetas bancarias a los “adultos mayores”, por mínima que sea la suma mensual abonada, se trata de “pan”; y muy concretamente el “pan” dulce que se repartió en la famosa rosca de Reyes en la Plaza de la Constitución, elaborada para 300 mil personas. Nuestros impuestos trabajando. Ídem en la “megacomida para 3 mil beneficiarios” a la sombra simbólica del Monumento a la Revolución.

En cuanto a las “obras públicas”, muchas son innecesarias o suntuarias y los “borregos” tienen alguna razón para pensar que sirven para engordar los cochinitos personales y las cajas negras electorales. Una vez más, de todos los partidos. Que todos actúen de la misma manera, explica la desconfianza ciudadana y es solamente un aspecto del fenómeno endémico de la corrupción. México no es un caso único; no sé si es un motivo de esperanza o de cinismo, pero en todas partes las relaciones entre el poder y el dinero son bastante inquietantes. Siempre hubo y siempre habrá asuntos políticos financieros sucios, pero no representaban la norma. Hoy en día los escándalos han dejado de ser escandalosos y la corrupción documentada en los medios y los tribunales no afecta la carrera política de los maleantes. Se perdió por completo la noción de bien común: si el “bien común” les parece demasiado cristiano, hablaré de “interés general”.

El resultado es “la crisis de la democracia” que está en la portada de muchos libros escritos por buenos autores, y también en la conciencia de los ciudadanos que empiezan a cansarse de ser tratados como borregos trasquilados de mil maneras, sea por la Comisión Federal de Electricidad o el Servicio de Aguas, público o privatizado, o mitad y mitad, sea por las terroríficas secretarías de Hacienda, de la Federación, de los Estados, de los municipios. Ahora que hay cambio de gobierno en muchas partes, y que los entrantes encuentran las arcas vacías, lo primero que hacen es lanzarse sobre el contribuyente, viendo revisiones ya hechas y anticipando al pobre borrego: “Te va a costar por lo menos tanto…”. No invento nada.

La preocupación ciudadana afecta a todo Occidente. México es parte de Occidente y ha visto publicarse libros con títulos semejantes a los que se pueden leer en Europa: Calidad de la democracia, una auditoría ciudadana, Democracia en suspenso, Democracia de rodillas, Democracia sin ciudadanos, Después de la democracia.

Por lo mismo la vida política no interesa a nadie, sino a los profesionistas que viven de ella; basta con ver la evolución a la baja de la participación electoral de unos ciudadanos cansados de ser tomados por borregos tontos y resignados.

Los “pastores” harían bien en desconfiar de la paciencia de sus ovejas. Un buen día se cansan y de repente el escándalo moral hace reventar el cinismo y la resignación del “ni modo, aquí nos tocó vivir”. Tenemos en México la educación suficiente y también tradiciones, sea de las luchas laborales, sea del cristianismo social, y también una sensibilidad que parecen no tener nuestros gobernantes. ¡Que se cuiden, pues!

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