febrero 08, 2011

El voto de la ira

Antonio Navalón
Periodista
El Universal

En el PRI —que es mucho más que un partido, unas siglas o una historia de 70 años, que ahora es la cantera desde la que se nutre el PRI y el ante PRI, el pasado y el futuro— hay preocupación.

En el grupo parlamentario, la armada invencible, para la que estaba clarísimo que era únicamente un problema de tiempo, una partida de ajedrez para ir acumulando victorias electorales gubernamentales, hasta conseguir la conquista de la Presidencia en la República, hay desasosiego, desconcierto, preocupación.

A pesar del momento que vivimos en el que impera el desgarramiento por la violencia, el crecimiento económico innegable pero que no repercute hacia abajo y por lo tanto no consigue terminar con desbalance social y la situación general de la sociedad, se está dando el fenómeno político de que cada vez se vota más y lo que es peor, se vota contra el sistema.

Se vota contra el sistema que representa y personifica al PRI, si hubiera algún candidato panista podríamos ver claramente cuál es el voto de castigo que hay contra el PAN, pero la verdad es que en esta pelea electoral moderna, entre padres e hijos, todo es PRI contra PRI.

¿Por qué el PRI histórico —el que tiene la marca, los diputados, el presupuesto, tantos gobernadores y también el que puede ser el que conquiste la Presidencia de la República—, está perdiendo elección tras elección esa posibilidad? En mi opinión, porque el PRI histórico no ha comprendido que no son sus compañeros aquellos que se van con un pozole de siglas —y yo soy de los que creen en las alianzas—, y quienes reciben el voto de la esperanza para ¿qué?... ¿para el buen gobierno? ¿O es que de golpe, simplemente porque Aguirre no aparece en la boleta bajo las siglas del PRI, es otro Aguirre?

No, la explicación tiene que ver con algo que está apareciendo cada vez más claro y que denomino el voto de la ira. En México, precisamente por todos los problemas que tenemos, la magnitud, el dramatismo y la dimensión, hay dos maneras de actuar: o te inhibes o te lanzas.

En este momento, el lanzamiento es democrático, es bueno, y sin duda alguna es una seria llamada de atención. Todas esas caras, todos esos votos, todos esos programas, sin tener en cuenta cuál es el rugido profundo de la desigualdad social o qué es lo que sostiene por igual a los sicarios de a dos mil pesos al mes, que a los carteles, no valen nada. Esta es una clara llamada para los gobernantes, para que se pongan a hacer la tarea de gobernar —en medida de lo posible, con eficiencia y limpieza—, pero sobre todo recogiendo una situación social que no se aguanta más.

Si quiere alguna prueba más observe el mapa electoral de Guerrero. Olvídese del río de dinero que tenían unos y la casi espartana campaña que hicieron los otros, no es naturalmente que sean cartujos contra corruptos, no es naturalmente que fuera una campaña ejemplar, siendo una llena de dinero pero sin ideas. Se trata simplemente de un recordatorio de que si el RPI quiere volver al gobierno, si no quiere destruir una vez más todo lo que tiene, debe empezar a considerar no sólo donde está el capricho, el interés, el bolsillo o esa programación política fantástica de cada uno de los candidatos sino que debe también entender que el pueblo, el de abajo, por primera vez escupe sobre la despensa y elige el voto, solo que está vez es el voto de la ira.

Egipto está muy lejos, también es una cultura y una civilización milenaria y tiene algo en común con cualquier país: a Mubarak no lo echó sólo el ansia de libertad de su pueblo, lo echó el fracaso consecutivo y la pérdida de treinta años de posibilidad de arreglar la fractura social, en este caso, las manifestaciones, el alarido no pudo ser el voto de la ira, pero en el fondo hay algo que comparten todas las situaciones: estamos asistiendo a la llamada final para ponerse a la tarea de arreglarlo… o lo arreglarán.

P.D. Al PAN por fin le toca algo dentro de este revuelto de nombres y partidos. La Baja es azul con fondo amarillo.

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