febrero 12, 2011

¡Equidad!

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

La inequidad electoral en México jamás estuvo asociada al financiamiento privado a los partidos o la compra de tiempo en los medios electrónicos. La inequidad derivaba de la fusión PRI-Estado

¡Equidad, cuántas barbaridades se cometen, dicen y escriben en tu nombre!

1. No hay que confundir la magnesia con la gimnasia. Si se recurre a la historia, hay que hacerlo bien. La inequidad electoral en México jamás estuvo asociada al financiamiento privado a los partidos o la compra de tiempo en los medios electrónicos.

La inequidad derivaba de la fusión PRI-Estado. Ernesto Zedillo lo advirtió con toda claridad y ahí puso el acento la reforma electoral de 1996. La corrección fue tan eficaz que en la elección de 2006 la coalición de López Obrador tuvo mayor presencia en los medios electrónicos y mayor presupuesto que la coalición PRI-PV y, por supuesto, que el PAN.

Cuando los legisladores prohibieron en 1996 que los particulares compraran tiempo en medios electrónicos peleaban contra un fantasma. Eso jamás había ocurrido. Y de haber ocurrido habría generado una competencia más equitativa porque hubiese contrarrestado los enormes recursos que el PRI obtenía del Estado.

2. La reforma de 2007 elevó esa prohibición a rango constitucional. ¿Por qué? Porque López Obrador denunció el complot de la mafia en su contra. Pero los números y los hechos no mienten. Repito: la Coalición por el Bien de Todos tuvo mayor cobertura que el PRI y el PAN. Tampoco hay evidencia de un ataque o boicot en su contra.

El motivo de la reforma constitucional sería risible si no fuera tan estúpido. El Consejo Coordinador Empresarial puso al aire unos spots alertando contra el populismo. Acatando la ley, jamás se mencionó en ellos a AMLO o al PRD. De ahí la queja ridícula del "rayito de esperanza": hubo compló.

3. La primera vez que oí el razonamiento me quede boquiabierto y luego tuve que contener la risa. El ministro Ortiz Mayagoitia, entonces presidente de la Suprema Corte, lo utilizó textualmente: al prohibir la compra de tiempo en medios electrónicos no se limita la libertad de expresión, se limita la libertad de comercio.

El razonamiento no es churrigueresco, es absurdo. No hay cómo sostenerlo. Basta llevarlo a sus últimas consecuencias. Si mañana se promulga una ley que prohíba a los particulares comprar papel y contratar imprentas para editar propaganda electoral, ¿de qué estamos hablando? ¿De un atentado a la libertad de expresión o de una limitación al comercio?

Pero hay más. Por qué se prohíbe la compra en medios electrónicos y no se incluyen los medios impresos. Para ser consecuente con el espíritu del legislador habría que prohibir que los particulares compren planas en periódicos y revistas porque estarían rompiendo la equidad electoral.

4. No está bien vender gato por liebre. Pero hay quien lo intenta y dice: el artículo 41 establece que nadie, ni partido ni persona física o moral, puede comprar tiempo en los medios electrónicos. ¿Dónde está, entonces, el problema? La ley es la misma para todos. Lo que se prohíbe a los partidos se prohíbe a los particulares. ¡Voilà!

El problema está en que lo que se saca por la puerta se reintroduce por la ventana pero sólo para unos cuantos. La ley confisca -y dejo de lado la "legitimidad" de ese acto- tiempo a los medios electrónicos y los pone a disposición de los partidos. De ese modo, el debate político en tiempos electorales queda confinado en las cúpulas partidarias. Los ciudadanos quedan condenados a callar y escuchar la propaganda chatarra de la partidocracia.

5. Pero los estatólatras no se arredran y continúan: ¿cuando hablamos de libertad de qué hablamos? ¿A quién se afecta cuando se prohíbe la compra de tiempo en los medios electrónicos? ¿A la mayoría de los ciudadanos? No, porque no tienen recursos. Se limita el poder de los ricos y de las grandes corporaciones. Nada más.

Falso. Las estaciones de radio locales tienen tarifas asequibles a un gran número de ciudadanos. Y algo semejante pasa con la programación local de las televisoras. Pero además hay un argumento de fondo. Si mañana se prohíbe la compra de boletos de avión con un costo superior a los mil dólares para viajar fuera de México, ¿qué se limita? ¿El privilegio de unos cuantos o la libertad de tránsito?

6. Razonamiento omelette: la equidad es un valor esencial de la competencia electoral. Los partidos son organizaciones indispensables. Todo lo que favorezca la equidad contribuye al orden democrático.

Sí, pero no tan rápido. Los partidos son, en teoría, organizaciones de ciudadanos para representar a ciudadanos. Pero en la práctica se trata de organizaciones burocráticas dirigidas por pequeñas élites. Así que el monopolio de la propaganda en radio y televisión se concentra, en la realidad, en unos cuantos. ¿Cuántos exactamente? Tal vez 100, tal vez 200, pongamos 300. Esto es, 300 ciudadanos con voz y voto, contra 70 millones de electores mudos. Vale. ¡Que viva la equidad! ¡Al diablo la igualdad!

7. Corolario estatólatra: la mejor demostración de que la legislación funciona y funciona bien son las elecciones recientes. Derogar la prohibición de compra en los medios electrónicos constituiría un grave retroceso. Se instalaría la plutocracia.

¿De verdad vivimos en el mejor de los mundos? ¿Por qué, entonces, la maestra Gordillo tiene un partido, suyo, propio, que recibe recursos del Estado y utiliza el poder del SNTE para inclinar la balanza electoral?

¿Qué razón ampara al Panal (y al resto de los partidos) para saturarnos con propaganda chatarra? ¿Con qué argumento se priva a los ciudadanos que están contra los abusos de la maestra o la incompetencia de toda la clase política del derecho a denunciarlos en los medios electrónicos en tiempos electorales?

Premio al que conteste.

No hay comentarios.: