febrero 22, 2011

Esperando un milagro

Fernando Escalante Gonzalbo
La Razón

La semana pasada se anunció la decisión de retirar del mercado una treintena de los que se llaman productos “milagro”: falsas medicinas, falsos tratamientos para adelgazar y para casi cualquier cosa. Según el comunicado de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), son productos que ponen en riesgo la salud y que se anuncian con publicidad engañosa, que ofrece curar el cáncer, la diabetes, el Alzheimer, o bajar de peso en días u horas.

Es una buena noticia que pasó casi totalmente inadvertida, entre el escándalo del affaire Cassez y el del asesinato de San Luis Potosí. Ningún periódico, ninguna emisora de radio o televisión se molestó en seguirla: documentarla, explicarla. Y es una lástima, porque era una buena noticia y una noticia importante, que podría tener implicaciones mucho más serias, más graves, de más alcance que cualquiera de los escándalos. No es sólo un problema de salud, aunque también lo sea, y no es sólo un problema comercial, de publicidad engañosa.

Insisto: es una buena noticia, significa que alguien está haciendo bien su trabajo en el gobierno federal. Pero el anuncio, la publicación de la lista de productos que se retiran de la circulación, es sólo un primer paso. Todavía hoy, una semana más tarde, siguen apareciendo en radio y televisión los anuncios de varios de los productos de la lista; cosa que significa que se siguen vendiendo. Y no se ha dicho nada de sanciones, aunque están previstas en la ley. En varias leyes, de hecho, porque sólo la publicidad implica, para empezar, la infracción de los artículos 6, 7, 9, 22, 43, 44, 45 y 65 del Reglamento de la Ley General de Salud en materia de publicidad, y de los artículos 1, 32 y 37 de la Ley Federal de Protección al Consumidor. Y en ambos casos hay sanciones previstas, con perfecta claridad.

La medida, por cierto, no es obvia. El mismo asunto, el mismo repertorio de productos: la pulserita mágica, el anillo que hace bajar de peso, las cápsulas de hollejo de uva que curan el Alzheimer y el cáncer, ha sido objeto de controversias y demandas y pleitos más o menos divertidos, más o menos grotescos en Estados Unidos y en Europa. Sin ir más lejos, en España, la inverosímil ministra de Salud, Leire Pajín, ha aparecido en público usando ostensiblemente la pulsera de silicona con el elefantito (dijo —es su defensa— que se la regalaron).

Algo dice de este tiempo, algo terrible, que a los ricos se les traten de vender coches y perfumes, mientras a los pobres se les venden loterías y medicinas milagrosas, es decir, en ambos casos, magia. Algo dice de este tiempo el hecho de que sea un gran negocio la angustia de quienes viven esperando un milagro. No se resuelve el problema con la prohibición, desde luego que no, pero es lo menos que puede hacerse, aunque no sea más que por decoro.

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