febrero 03, 2011

Las horribles alianzas

Carlos Elizondo Mayer-Serra
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

Si hay más de dos partidos y un solo premio en una elección, como cuando se elige gobernador, lo raro es que no haya alianzas. Los 4 puntos que el PT obtuvo en Durango en la elección para gobernador del 2010 no valen gran cosa. En Oaxaca el PT tiene hoy más cargos y presencia porque se sumó a la alianza encabezada por Gabino Cué. En todas las elecciones a gobernador del año pasado, quien obtuvo el triunfo iba en una alianza. En Aguascalientes el PRI ganó con el apoyo del Partido Verde y Nueva Alianza; el PAN fue solo y quedó a 4.8 puntos del triunfo.

El senador Beltrones ha criticado la falta de coherencia de las alianzas entre el PRD y el PAN: "Cuando alguien va por una carretera y no sabe girar el volante a la derecha o a la izquierda... termina haciendo un desastre y genera un accidente, algo similar está sucediendo con algunos partidos". Su metáfora se aplica también al PRI. Dice ser laico, pero ha apoyado la penalización del aborto en 17 estados. El PRI es una exitosa coalición de políticos de izquierda y derecha.

Una sociedad compleja como la nuestra tiene múltiples intereses encontrados. La pregunta es cómo se articulan. Durante décadas casi todos estaban representados en el PRI.

El sistema electoral explica en buena medida cómo se expresan esos intereses. Si sólo un partido puede ganar elecciones, se expresan al interior de éste, como se dio durante la hegemonía del PRI. Si no hay mecanismos de representación proporcional en el Congreso, y quien tenga más votos se lleva el Ejecutivo, el escaño en un distrito o la senaduría en un estado, entonces tienden a formarse dos partidos, como en Estados Unidos. Al interior de cada uno de los partidos políticos de Estados Unidos está representado un amplio espectro de intereses y visiones del mundo, hay demócratas de derecha en contra del aborto y de izquierda a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. En los sistemas electorales con segunda vuelta, como los que predominan en América Latina, las alianzas se forman sobre todo después de la primera vuelta si nadie obtuvo mayoría.

El PRD y el PAN se tardaron en reconocer que las alianzas eran la única forma de enfrentar al PRI en los estados donde éste domina. Lo curioso es que sólo lo han podido hacer con candidatos que venían directamente del PRI, como en el caso de Mario López Valdez en Sinaloa, o de algunos años más atrás, como Gabino Cué en Oaxaca.

Lo impresentable es que escojan a un candidato con los antecedentes de Ángel Aguirre en Guerrero. Si bien ha ganado con margen amplio, tanto su triunfo como el que lo necesiten como candidato revela la falta de cuadros del PRD y del PAN y la naturaleza de la política en Guerrero, donde hay poca organización social y predominan las redes caciquiles. La elección en Guerrero no ofreció alternativas de bienestar para el estado, fue mero reparto del botín.

Quienes suelen quedar fuera de las alianzas son los partidos en el extremo del espectro político. Jean-Marie Le Pen y su partido, el Frente Nacional, nunca participan en la coalición de derecha francesa. López Obrador, siendo un político que llegó a representar más de un tercio de los votos, está hoy en una posición minoritaria y en contra de toda alianza con el PAN o el PRI, aunque esto conduzca a su derrota.

En una elección presidencial también hay un solo premio, pero es mucho más complicado hacer alianzas. Las diferencias ideológicas pesan más y nadie quiere perderse la posibilidad de ganar el premio mayor. Sin embargo, las elecciones presidenciales tienden a polarizarse entre dos candidatos. Un porcentaje alto de votantes no desperdicia su voto y se va por algunos de los punteros. Con todo, como muchos o no tienen información o siguen leales aunque pierdan, el ganador queda lejos de la mayoría absoluta con la que ganan los candidatos cuando hay alianzas amplias.

En las elecciones para gobernador, las alianzas amplias llegaron para quedarse, salvo cuando los tres partidos tienen posibilidad de triunfo, como en Michoacán. Cada vez veremos menos partidos pequeños yendo solos.

El pragmatismo puede ser oportunismo, pero ante elecciones estatales donde la ideología importa poco, veremos que cuando un partido desperdicia un buen candidato, será cachado por otro, como lo hizo el PRI en San Luis Potosí en el 2009, o el PAN y el PRD en Puebla en el 2010. Ahora bien, ese pragmatismo lo veremos también en el 2012. Aguirre apoyará a quien le convenga en la elección presidencial.

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