febrero 18, 2011

¿Moriría Steve Jobs como Juan Pablo II?

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

Avizorar la muerte de una persona no es precisamente el ejercicio más loable. No obstante, periodísticamente hay que consignar que el fallecimiento esperado de alguien puede estarse convirtiendo en un evento mediático como antes no lo habíamos conocido. ¿El ejemplo más poderoso? La muerte de Juan Pablo II, seguida minuto a minuto desde días previos y detonadora de los más profundos egos televisivos: quien diera primero la noticia cierta de su muerte llevaba más rating.

Ayer, Steve Jobs, el fundador de Apple, volvió a aparecer en un panorama complejo cuando la publicación National Enquirer mostró fotografías, supuestamente de este empresario, ingresando a un hospital especializado en cáncer. Además, Jobs hubo de reunirse con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en una junta poco común, en la que fue el presidente quien acudió a California y no Jobs el que voló a Washington.

Lo anterior detonó un cúmulo de especulaciones sobre la muerte cercana que tendría que enfrentar Jobs. Algunas de esas especulaciones hablaban de que la gravedad de su salud sólo le otorgaba seis semanas de vida, a lo sumo, y que está totalmente flaco, en una etapa crítica.

Me pregunto si el fallecimiento de una persona con el calado empresarial de Steve Jobs pudiera originar un fenómeno social inédito. Quizá. Uno en que los medios electrónicos, por ejemplo, se apuesten en las cercanías del hospital para reportar la noticia casi en tiempo real. Uno en el que la gente, a voluntad, envíe mensajes sobre lo doloroso que sería el momento. No lo sé, pero ya no suena tan lejana esa posibilidad. ¿Acaso no suena nuevo pero posible que se pudiera construir un culto alrededor de un individuo que creó un emporio con valor actual de 328 mil millones de dólares?

Este mundo es diferente en todas sus dimensiones, y Steve Jobs no sólo representa íconos bonitos y amigables en teléfonos estéticos. Su aportación es más profunda: creó un lenguaje. Visual, táctil, universal y democrático.

Deseo falte mucho para que el señor Jobs muera. No obstante, si mi deseo no se cumple, preparémonos para el fenómeno mediático y social que este evento podría representar: el culto a un empresario. Quién lo habría pensado…

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