febrero 07, 2011

Nuestra imagen urbi et orbi

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

No lo dice la reina Isabel II de Inglaterra, sino la Secretaría de Salud mexicana: México tiene el primer lugar mundial en obesidad: somos un país de panzones (y panzonas, para no ser misógino y hacerlas menos). Y eso no nos genera preocupación, sino exhibicionismo de las panzas.

Nadie hace más escarnio de los mexicanos que los mexicanos en los estadios del Mundial de Futbol y de Juegos Olímpicos. Sospecho que la Secretaría de Salud debió de pagar a los burdos cómicos de Top Gear —un programa de la BBC acerca de autos— sus chistes más al estilo rústico de la TV mexicana que en el famoso humor británico, para hacer campaña contra las panzas que le cuestan cientos de millones de pesos al año en tratamientos.

Si el programa inglés con el trío de chistosos digno de nuestra TV fue un promocional de Salud debemos felicitar a sus publicistas porque estuvo tan bien diseñado que lo vimos luego sin remedio hasta los que nos negábamos a verlo. Y ha calado más que la prohibición de comida chatarra en escuelas. Los conductores de Top Gear no tuvieron que revisar encuestas, de seguro han visto cada dos años, en mundiales y Olimpiadas las tribunas ocupadas por mexicanos inconfundibles por dos elementos:

a) El escarnio: en el extranjero, los mexicanos van a estadios con unos sombrerotes ridículos que nadie jamás ha usado aquí: hacen caricatura de sí mismos; b) La gordura: se sacan las camisetas y exhiben desbordantes lonjas.

Las televisoras enviaron a Atenas 2004 a tarados que se trataban de hacer chistosos en las calles. Un año después, aclarar que era mexicano casi me cuesta el buen precio ya negociado en un hotel de Poros porque el dueño había visto a los mexicanos subir las patas en las butacas de los barcos, ocupar lugares con sus cámaras y rascarse las panzotas. Nos odiaba. Debí aclarar que yo también había sentido vergüenza al verlos en TV.

Nos quejamos por la ignorancia de tres ingleses respecto de nuestra cultura como si no hubiera sido una locutora mexicana quien hizo a Grecia parte del “imperio otomí” (lo juro), un mexicano borracho el que se meó sobre la llama al Soldado Desconocido bajo el Arco del Triunfo en París y la apagó. Llama que no se apaga nunca.

Y qué hay de la comitiva oficial, con el presidente Fox a la cabeza, que en China jugó a las escondidillas entre los soldados de terracota que resguardan al primer emperador. “Una, dos, tres por…”. ¿Cómo se llamaba aquella señora que pusieron al frente de la Cultura y las Artes? Y las burlas de los mexicanos que de variadas formas durante el último mundial llamaron caníbales a los sudafricanos, en olvido total del canibalismo de aztecas y otros aborígenes americanos.

Me comentó Gil Gamés: Si Estados Unidos exigiera disculpas cada que se insulta a su país, no les alcanzarían las 24 horas del día. Como diría Juárez: Entre los individuos como entre las naciones a los ricos les resbalan las ofensas, los pobres son jarritos de Tonalá. Y al lloriquear difunden la ofensa. Hacemos como aquel candidato presidencial que en célebre debate se quejó de otro: Es que me ha dicho mariquita… Si nadie lo sabía, ya lo sabe.

En cuanto a la flojera mexicana: la imagen que damos no es la de esa inmensa mayoría de empleados cumplidos, sino la del Sindicato de maestros haciendo huelgas en Oaxaca año con año y negándose a ser evaluados, además de asesinar, como ya han hecho, al que dé clases, e incendiar uno que otro archivo y edificio; los datos dicen que tenemos el último lugar en educación dentro de la OCDE e ínfima en las pruebas PISA. Las noticias dicen que el SNTE exige el derecho a vender o heredar su plaza. La imagen es la de Antorcha Campesina o Los 400 Pueblos cerrando vialidades notorias y durmiendo, sí, durmiendo todo el día en la calle, panza al sol; la de diputados jugando a fastidiarse durante las sesiones; la del SME que llevó a la quiebra a su empresa: la mala imagen la hemos construido nosotros.

Engrudo

No nos hagamos bolas con cuánto es el ingreso de una familia pobre. Con el que sea, si la propuesta del senador Beltrones venciera la resistencia del PRI más viejo, apoyaría, en primer lugar, a los pobres, ya que, como diría Román Revueltas, “hasta nuevo aviso” de Pitágoras, pasar de un IVA al 16% a uno al 12% es una reducción y no un aumento. Esa reducción la verían los pobres en gastos mayores como renta, ropa, calzado, electricidad, gas que pagan 16% de IVA. Con lo así ahorrado pagarían su 12% en alimentos fuera de la canasta básica y exenta, y aun les sobraría.

El sol de la tarde (Quimera, 2009).

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