febrero 21, 2011

PRD: se va Andrés; gana Marcelo

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

AMLO forzó el juego al extremo y terminó por patear el tablero, cuando las fichas de Ebrard lo habían colocado en posición de jaque mate.

Al final de cuentas, el que pateó la mesa, tiró las fichas y se levantó del juego fue —contra todos los pronósticos— aquel al que todos daban el carácter de “verdadero animal político”.

Es decir, que apenas en la primera batalla por el PRD y por la llamada “izquierda mexicana”, Andrés Manuel López Obrador forzó el juego al extremo y terminó por patear el tablero, cuando las fichas de Marcelo Ebrard lo habían colocado en posición de jaque mate. Al final de cuentas el que rompió las reglas, peleo, pataleó y se levantó de la mesa fue Andrés Manuel López Obrador. Y, curiosamente, Marcelo Ebrard cumplió su promesa: “Yo nunca voy a romper con Andrés”, dijo recio y quedito. Y lo cumplió.

¿Pero qué significa que AMLO haya anunciado que “se va del PRD temporalmente”?

Primero, que no reconoce la derrota aplastante de Marcelo Ebrard y de Los Chuchos quienes —nos guste o no— en el Estado de México movieron de manera efectiva sus piezas a favor del “sí a la alianza” con el PAN. Segundo, que al hacer énfasis en que su retiro del PRD es “temporal”, lo que busca AMLO es amagar con la pistola de la fractura de la izquierda, colocada en la cabeza de Marcelo Ebrard, lo que debe entenderse como un vulgar chantaje: el clásico “si no soy yo, no es nadie”. Y, tercero, y acaso más importante, que los reflejos y el olfato políticos de AMLO ya no son los de antes.

Es decir, que cuando AMLO anunció su salida temporal del PRD, en realidad nos enseñó que se fue por el camino de la “salida en falso”. ¿Por qué? Porque el líder a vencer, el candidato presidencial a rebasar, el hombre fuerte a derrotar era AMLO, no Marcelo Ebrard. Y como se han dado las cosas en la llamada izquierda, parece que López Obrador cree que Marcelo ya lo rebasó, y que es el hombre a vencer. Y, de ser así, se debe entender que el gran ganador de la primera escaramuza por la candidatura de la izquierda se llama Marcelo Ebrard.

Y por supuesto que no faltarán los fanáticos de AMLO, cardenales y corifeos que aplaudirán la decisión de abandonar el PRD, de mandar “al diablo” a Los Chuchos y a Marcelo Ebrard, y seguir solos en su camino a la gloria; a pesar de que puede ser la gloria eterna. Lo que nunca van a aceptar es que se trata de un verdadero suicidio político. Y podrán decir misa —lo que gusten—, pero lo cierto es que plantear la salida del PRD, así sea de manera temporal, no es más que eso, tirarse al vacío. ¿Por qué?

Porque en la realidad todos saben que AMLO ya estaba fuera del partido amarillo, porque todos entienden que —con o sin razón— AMLO terminará por destruir a todo aquel proyecto, partido o candidatura presidencial que no sea la suya y, por si faltara, porque la ruptura que hoy anuncia AMLO ante el PRD, es un rompimiento con todo el proyecto político de Marcelo, con el partido emblema de la izquierda y, acaso lo más grave, la confirmación de que, en los hechos, el tabasqueño le hace el trabajo sucio a Enrique Peña, para empujar el regreso del PRI al poder.

Y es que AMLO no sólo rompe con el PRD, sino que rompe todo el andamiaje que han construido la izquierda y la derecha para contener el regreso del PRI. Es decir, que estemos o no de acuerdo, nos guste o no, las alianzas PAN-PRD son un dique para evitar el regreso del PRI. Sean alianzas ilegítimas, incestuosas y pecaminosas, lo cierto es que esa estrategia político-electoral es una suerte de represa para impedir que las turbulentas aguas del PRI ocupen de nuevo las instituciones del Estado.

Eso lo entienden Marcelo Ebrard y Felipe Calderón, y para ello usan al PAN y al PRD. Pero eso no lo entiende AMLO, no porque no haya hecho alianzas igual de pecaminosas o cuestionables. No, el problema es que AMLO no digiere ser aliado del político que, con todo y lo que le ha lanzado, le ganó la Presidencia. Ese es el fondo del asunto.

Dice AMLO que se va del PRD porque ese partido ha pactado con el PAN. Y claro, a la luz de los hechos, y sin una sola prueba de ello, se podría decir que tiene razón, que los perversos grupos amarillos de Los Chuchos y de Marcelo Ebrard pactaron con el innombrable, con el espurio, con el ilegítimo. Sí, Pero con ese mismo rasero, se puede decir que AMLO pactó con Enrique Peña Nieto el regreso del PRI, y que por ello dejó que le pusiera casa el humilde Partido del Trabajo, emblema paraestatal creado nada menos que por Carlos Salinas. La verdad es que son iguales, pero nos quieren vender espejitos. Al tiempo.

EN EL CAMINO

Por cierto, hoy, cinco años del Canal 40.

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