febrero 23, 2011

Productos milagro

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

Parece mentira la tibieza y amabilidad con que los medios y las autoridades han tratado a esos fraudes conocidos eufemísticamente como productos milagro.

La noticia de que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios de la Secretaría de Salud (Cofepris) ordenó el pasado 14 de febrero el retiro de más de 250 productos milagro, junto con la prohibición de transmitir 307 anuncios engañosos, llamó la atención de varios medios.

Sobre todo porque en la lista se incluían algunos de los falsos medicamentos más conocidos en televisión, como el famoso “hongo michoacano”, Prostaliv o Prostamax. Su falta de eficacia está perfectamente comprobada, al igual que los efectos nocivos de varios de ellos.

La llamada “uña de gato” o el “té verde”, por ejemplo, resultan dañinos para pacientes que viven con VIH, y perjudican el tratamiento con antirretrovirales que reciben.

¿Por qué tardó tanto la autoridad sanitaria en tomar esta medida?¿Y por qué se permitió, en primer lugar, la venta de estos productos y su excesiva y manipuladora propaganda televisiva y en otros medios?

En parte porque la ley lo permite: un producto que se anuncia como “suplemento alimenticio, cosmético, medicina herbolaria o producto higiénico”, no necesita pasar por los estrictos y caros —aproximadamente 800 millones de dólares— estudios clínicos que se requieren para aprobar un verdadero medicamento, y asegurar con bases científicas su eficacia.

Otra razón, quizá más importante, es su tremendo éxito comercial, que las convierte en importantísimos clientes para las televisoras. Ante él, las multas de 500 mil pesos de la Cofepris no parecen servir de mucho, pues algunas empresas llegan a gastar 7 millones diarios en publicidad: constituyen uno de los principales clientes de las televisoras.

Pero falta mucho por hacer: además de estos productos, existe mucha más mercancía abiertamente fraudulenta en el mercado, que puede causar grave daño, pero que es siempre un engaño al público.

Ojalá esta decisión de la autoridad sea un paso más en la importante y necesaria labor de combatir los fraudes que afectan la salud.

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