febrero 06, 2011

Prolegómenos de una sucesión: el PRI

Pascal Beltrán del Río (@beltrandelriomx)
Bitácora del director
Excélsior

No es casual que Enrique Peña Nieto ya no sea visto como el único prospecto para abanderar al PRI en 2012, y que ya esté acompañado en esa posición por Manlio Fabio Beltrones.

Para la política mexicana, es como el Mundial de futbol. En esta época, cada seis años, la atención se concentra en cada pequeño detalle que tenga que ver con la carrera por la Presidencia de la República… y se pierde en prácticamente todo lo demás.

Antes de 1988, el futurismo –ese deporte al que somos tan afectos los mexicanos—se jugaba en un solo plano. Era obsesivo, como ahora, pero tenía un desenlace cierto: el siguiente mandamás del país saldría de las filas del PRI. No había de otra.

Desde que Abel Quezada, el genial caricaturista de esta casa editorial, capturó la esencia de la sucesión presidencial en tiempos del autoritarismo mediante el concepto y la imagen de El Tapado —un encapuchado al que sólo se le veían los ojos—, los mexicanos lo adoptaron como el misterioso protagonista del juego sucesorio.

¿Quién será El Tapado? era la pregunta que dominaba todas las discusiones sobre política cada seis años, durante cinco sexenios consecutivos.

¿Será Ángel Carvajal, Ernesto P. Uruchurtu, Gilberto Flores Muñoz, Ignacio Morones Prieto o Adolfo López Mateos?

¿Será Donato Miranda Fonseca, Javier Barros Sierra, Antonio Ortiz Menao Gustavo Díaz Ordaz?

¿Será Alfonso Corona del Rosal, Emilio Martínez Manautou o Luis Echeverría Álvarez?

¿Será Mario Moya Palencia, Porfirio Muñoz Ledo, Hugo Cervantes del Río o José López Portillo?

¿Será Enrique Olivares Santana, Pedro Ojeda Paullada, Javier Gracía Paniagua o Miguel de la Madrid?

Hasta 1982, la oposición al régimen priista había sido meramente testimonial. Esto comenzó a cambiar en 1983, cuando el PRI pierde un número importante de alcaldías y se acelera con la crisis económica de esos años y la incapacidad del gobierno de atender las necesidades creadas por los temblores de 1985. Finalmente, el sistema se rompe por dentro, con el surgimiento de la Corriente Democrática del PRI, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, que exige al partido abrir el proceso de designación de su candidato presidencial, que hasta entonces había sido un proceso, si no unipersonal, sí concentrado en unos cuantos individuos.

Por eso, en 1987, en vísperas de la sucesión de Miguel de la Madrid, el PRI organizó una pasarela de aspirantes presidenciales, de la que surgió Carlos Salinas de Gortari como candidato.

El método del tapadismo se había agotado, y ante la postulación de Cárdenas como candidato a la Presidencia, primero por parte de los tres partidos que habían sido meros satélites del Revolucionario Institucional (PARM, PPS y PST, rebautizado como PFCRN), y luego con el concurso del partido histórico de la izquierda, el triunfo automático del PRI en los comicios presidenciales dejó de ser una convicción.

En 1993, el PRI se propuso reeditar el tapadismo, pero el beneficiado por la decisión, Luis Donaldo Colosio, sería asesinado poco después. Aun así, en las elecciones del año siguiente, el partido tricolor ganaría la Presidencia, por última vez hasta ahora, con un candidato sustituto.

El presidente Ernesto Zedillo renunció expresamente a que se le siguiera viendo como el líder del partido y esto dio lugar a la primera elección interna en la historia del PRI para nombrar a su candidato presidencial. El ganador del proceso fue Francisco Labastida Ochoa, quien sería derrotado en los comicios por el panista Vicente Fox.

Seis años después, el presidente del PRI, Roberto Madrazo, forzaría su nombramiento como candidato, incluso mediante la filtración de datos que destruyeron las aspiraciones de su principal adversario.

El 4 de agosto de 2005 el gobernador mexiquense Arturo Montiel había sido elegido como aspirante presidencial de la corriente priista Unidad Democrática (mejor conocida como TUCOM, Todos Unidos contra Madrazo), pero el 20 de octubre siguiente declinó dicha candidatura en medio de acusaciones de presunto enriquecimiento ilícito.

El desistimiento de Montiel, y la desastrosa campaña de Madrazo por la Presidencia de la República, pareció generar una convicción en el PRI de que tendría que modificar sus procesos de competencia interna y apostar al consenso. Eso se ha notado, desde 2006, en la forma en que ha postulado a sus candidatos a gobernador —y, recientemente, a su próximo dirigente nacional—, sin recurrir a una contienda o un debate públicos.

Por eso, a partir de que el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto —sucesor de Montiel— comenzó a tomar ventaja en todas las encuestas de preferencia electoral, surgió la conclusión dentro y fuera del PRI de que su candidato, y seguramente próximo Presidente, sería inevitablemente él.

Sin embargo, la forma en que el PRI ha dejado ir importantes gubernaturas, a manos de coaliciones opositoras que han postulado candidatos con antecedentes priistas, ha puesto en duda la inevitabilidad del regreso del PRI a Los Pinos. También ha conseguido poner en duda las ventajas del proceso de consenso interno, pues la falta de democracia en las filas del tricolor es mencionada como una de las razones por las que los perdedores de la postulación del PRI han ido a dar a las filas opositoras.

La irrupción exitosa de la estrategia de las alianzas y el nombramiento nada democrático de la mayoría de sus candidatos expriistas ha cambiado las reglas del juego de la sucesión de 2012, por más que dicha estrategia pueda ser cuestionable en un sentido ético.

No es casual que Peña Nieto ya no sea visto como el único prospecto para abanderar al PRI en 2012, y que ya esté acompañado en esa posición por Manlio Fabio Beltrones. En una entrevista que se transmitirá a partir de este martes en La Silla de Excélsior, por nuestra televisora hermana CadenaTres, el líder de los senadores del tricolor me dijo, sin asomo de duda, que en su partido tendrá que haber una contienda interna por la candidatura presidencial, y que él estará en ella.

No perdamos de vista que, de acuerdo con la legislación electoral, las precampañas presidenciales comienzan en la tercera semana de diciembre, es decir, tres meses después de que Peña Nieto deje el Palacio de Gobierno de Toluca y el reflector que alumbra su gubernatura. Además, a partir de la primera de octubre comienza formalmente el proceso electoral y el período en que el IFE ha prometido aplicar estrictamente el artículo 354 del Cofipe, que sanciona los actos anticipados de campaña.

Es decir, más allá del resultado de la próxima elección en el Estado de México, entre el 15 de septiembre y mediados de diciembre de este año transcurrirá un lapso en el que Peña Nieto no será más el telegénico gobernador del Estado de México, al tiempo que Beltrones tendrá la posibilidad de seguir siendo un muy visible senador, capaz de colocarse en el centro de la discusión mediática como ocurrió la semana pasada.

Josefina va

El senador Santiago Creel pronto tendrá compañía en su búsqueda de apoyo para la elección interna del PAN, que seguramente tendrá lugar dentro de un año. Y no se trata de los panistas miembros del gabinete, que aún no tienen el visto bueno para moverse a sus anchas, sino de la coordinadora de los diputados blanquiazules, Josefina Vázquez Mota, quien celebrará tardíamente su cumpleaños (nació un 20 de enero) y anunciará su intención de buscar la Presidencia de la República en una comida con amigos y simpatizantes —el próximo sábado en el Club de Industriales—, a la que están convocando algunos miembros de la fracción.

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