febrero 13, 2011

Una de villanos

Gerardo Galarza (@ggalarzamx)
Excélsior

Los rumores, dicen los expertos, llenan el vacío de información o bien aprovechan la animadversión hacia personajes o situaciones.

Para mi hermano Juan Carlos, enhorabuena.

Una de las mejores armas políticas del totalitarismo priista en México fue el desprestigio público de opositores y disidentes mediante el rumor, la calumnia y la corrupción. Luego de la institucionalización de la Revolución no fue políticamente correcto andar asesinando a los enemigos. Por ello el desprestigio y el chantaje se convirtieron en las mejores formas de control de propios y ajenos. Y rindieron buenos frutos a quienes sembraron en ese campo.

El método fue siempre el mismo: el rumor de hechos reales o absolutamente falsos (éstos últimos fueron la mayoría de los casos), pero siempre con la intención de desprestigiar o, en casos peores, de crear condiciones de desestabilización política, aprovechable por diversos grupos. No hay novedad. Los políticos mexicanos, como los del mundo, supieron y saben aquello de: “calumnia, que algo queda”, siempre reditúa ganancias políticas. Para eso no es necesario contratar a ningún especialista.

Los rumores, dicen los expertos, llenan el vacío de información o bien aprovechan la animadversión hacia personajes o situaciones sociales para crear “verdades” que adquieren popularidad, y tienen el objetivo de proporcionar enormes ganancias políticas a quienes los difunden. Su éxito se debe esencialmente a la profunda ignorancia, además de deseos de venganza, de los receptores que les hacen caso.

El ya fallecido doctor Ignacio Millán, sicoanalista mexicano y estudioso de los fenómenos sociales, maestro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y colaborador de Erich Fromm, dijo en noviembre 1976 en una entrevista con la periodista Sara Moirón en la entonces recién nacida revista Proceso, que el rumor “es una creencia que carece de fundamento demostrable o, dicho de otro modo, que la o las personas se adhieren a una idea propagada por otras gentes —o eventualmente es producida y propagada por el sujeto mismo— pero que carece de fundamento objetivo que pudiera demostrar que esa creencia es una verdad ” y “para que un rumor se propague y cobre fuerza se requiere, además de la ignorancia general sobre el tema al que el rumor se refiere, que este tema sea de interés general y que las personas sujetas al efecto del rumor sientan interés por saber algo sobre ese tema”.

El régimen priista lo sabía desde antes y lo ejecutó siempre que fue necesario. Los rumores, los libelos, las calumnias sobre personas o situaciones se difundieron para conservar o el poder y desprestigiar o proteger a quien lo necesitara. Esta es la historia reciente del país, la que pronto se ha olvidado.

Lo preocupante es que hoy esas antiguas armas del régimen de partido único sean utilizadas por muchos de aquellos que dicen luchar en favor de la libertad de expresión, la transparencia y la democracia y, lamentablemente, con el mismo objetivo: desprestigiar al enemigo político. Mucho más grave es que mediante un disfraz presuntamente periodístico se confunda el informar con el opinar, el preguntar con el afirmar.

Ciertamente en otro contexto referido a las autoridades del aquel entonces, pero absolutamente aplicable hoy, el doctor Millán recordaba en aquella entrevista el consejo de Goebbels, el propagandista de Hitler: “que nadie sepa nada verdadero, pero que todos crean que saben mucho”, porque agregaba: “lo fundamental es que la comunicación y el entendimiento se rompen necesariamente con el héroe o el villano, pues ambos se encuentran por arriba de todos los demás, nosotros, simples e ignorantes mortales”.

(Por cierto, y la siguiente es sólo una pregunta: ¿Qué sigue, cuál es la opinión de quienes opinaron sobre el escándalo de la semana pasada con los elementos disponibles, luego de que Federico Arreola, un personaje del entorno más cercano a Andrés Manuel López Obrador, aseguró públicamente que él fue, en 2006, el inventor sin ninguna base de la versión del alcoholismo de Felipe Calderón en venganza a una afirmación de éste, entonces candidato presidencial panista, la que consideró calumniosa contra su persona? Es sólo una pregunta).

(Por cierto bis: la columna periodística —como se pretende ésta— es un género de opinión).

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