febrero 08, 2011

Una sopa de su propio chocolate

Jorge Alcocer Villanueva
Reforma

Transcurridas las dos primeras jornadas electorales del año y conocidos los resultados en Guerrero y Baja California Sur (siempre a reserva de lo que, en su caso, decida el TEPJF) quedan sobre la mesa algunas definiciones de orden nacional, otras de ámbito estrictamente local, y un incierto cuadro en lo que hace al futuro de las alianzas electorales.

En el orden nacional los resultados dan al traste con la mitología del PRI regresando a los viejos tiempos; la idea de que el partido tricolor retornaba a la edad de oro de la hegemonía, del "partido casi único", ha quedado hecha añicos. No hay cómo sostener los pronósticos de quienes veían el 2011 como una ruta sembrada de rosas y frutos para el PRI, y de la jornada electoral del primer domingo de julio de 2012 un acto de mero trámite para consagrar el anunciado e inevitable retorno al poder. El PRI no sólo ha fracasado en recuperar dos gubernaturas, sino que además ha vuelto a evidenciar la debilidad de fondo de su estrategia electoral, basada en los métodos del pasado y en los operadores de siempre; la división interna y la fuga de aspirantes a otros partidos siguen siendo mortíferas para el tricolor, que ahora exhibe otras debilidades que le provocan la pasiva aceptación de una anticipada candidatura presidencial construida por y desde las televisoras.

Confiar en que la "popularidad" del gobernador mexiquense es como sangre que mediante transfusión mediática se puede inyectar a sus candidatos en otros estados, para convertirlos en seguros ganadores, ha vuelto a quedar de manifiesto como el más grave error de la estrategia electoral del PRI. Así ocurrió el año pasado en Puebla, Sinaloa y Oaxaca. Ahora en Guerrero y Baja California Sur.

Enrique Peña Nieto ha exhibido una faceta que puede afectar su presencia y aprecio dentro del PRI. Al emprender la graciosa huída de Guerrero, dejando al candidato Manuel Añorve desnudo ante los electores, demostró que por encima de la solidaridad y el compromiso de militante partidista están las evaluaciones que sobre su presencia mediática le presentan sus estrategas para 2012. Culpar a otros del fracaso en Guerrero ha sido la forma de eludir corresponsabilidad, pero las fotos de Peña Nieto con Añorve, colocadas o transmitidas de manera intensiva en todo el territorio guerrerense, y su ausencia en el cierre de campaña, quedan como evidencias de una conducta que deja mal parados al gobernador, al candidato derrotado y a su partido.

Se reafirma que los resultados de elecciones locales dependen de las condiciones propias de cada estado; que lejos estamos de estar ante tendencias nacionales que encuentren fiel reflejo en el ámbito local. La fórmula exitosa para las oposiciones, mortífera para el PRI, ha sido la unidad del PRD y el PAN, y la postulación de candidatos que ayer, o antier, eran figuras destacadas en el PRI; así fue en los tres estados perdidos por el tricolor en 2010, así volvió a ser en Guerrero, con la diferencia de que la suma del PAN a la candidatura de Ángel Aguirre se produjo cuando la ventaja de éste era evidente.

En Baja California Sur el PAN ha dado al PRD una sopa de su propio chocolate al arrebatarle el gobierno que detentó durante dos sexenios, con un candidato fugado de las filas del partido del sol azteca, que se ubica en tercer lugar en votación. En el primer balance del año, el PRD queda con un gobernador ajeno (Guerrero) y una derrota que vuelve a exhibir el costo de las fracturas que lo mantienen postrado, incapaz de construir proyecto y tener candidatos propios.

Para el PAN y su nuevo jefe nacional la derrota del PRI en Guerrero y su victoria en Baja California Sur, así sea con candidato prestado, son oxígeno puro. En el primer caso, saludan con sombrero ajeno, ocultando la debilidad propia; en el segundo -BCS- recuperan la imagen de partido capaz de ganar elecciones estatales sin alianza con el PRD, al que dejan en la estacada, mientras que al PRI no sólo lo condenan a otros seis años en la oposición, sino que le rompen la expectativa de recuperar el estado vecino.

Las decisiones que en materia de alianzas se habrán de tomar en Nayarit, Coahuila y el estado de México tienen hoy nuevas coordenadas. Ya no serán vistas como la única vía para derrotar al PRI, tampoco como anticipo de futuro.

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