febrero 14, 2011

Zapatuiter

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Tolvanera
Reforma

Egipto parece estar a la vuelta de la esquina. Sabemos más de lo que ahí sucede que de los horrores de Tamaulipas o las matanzas en la zona conurbada del Estado de México. Sabemos de una revuelta sin líderes; que se hizo por internet; donde Twitter y Facebook movilizaron y unieron a millones. Se multiplican las voces que dicen que en el siglo 21 así serán las revoluciones, anónimas, masivas, con el tacto de los dedos, por celular y con un click.

Ni tan tan, ni muy muy. La revuelta libertaria terminó en manos del Ejército, la institución más estable de ese país y cuyas características -como la de cualquier institución castrense- no siempre convergen con intereses democráticos.

Boualem Sansal, ex funcionario del gobierno argelino y afamado escritor, expresó sobre las revueltas en los países árabes: "soy pesimista: sin una sociedad civil organizada y decidida, sin el apoyo activo de los demócratas de todo el mundo, los poderes actuales y los islamistas van a aprovecharse de la rabia de los pueblos y a adueñarse de la apuesta". (El País, 11/02/11).

Tras un fraude electoral, los grupos políticos disidentes en Egipto emprendieron su reorganización apoyados en la conexión electrónica. El Movimiento 6 de Abril, una de las agrupaciones de vanguardia del movimiento egipcio, creció a la par de huelgas de obreros textiles y del enojo ciudadano por la defraudación electoral y la mala situación económica del país.

El fermento fue la protesta social y quienes convergieron en el Facebook antes habían compartido codo a codo la movilización callejera.

La página de Facebook del Movimiento catalizó las manifestaciones de quienes antes se habían visto cara a cara. Eso generó la confianza para darlos de alta como amigos de la página. Ahora tiene unos 100 mil seguidores.


Somos un chingo y retuitearemos más

Las redes sociales trastocan el anonimato para configurar el montón. Pero aquí el conglomerado tiene número, es contante y constante. Por Twitter o Facebook se saben muchos y se cuentan uno a uno. La cauda de seguidores es la ratificación del empoderamiento. Los seguidores más que fieles irredentos son escuchas. A ellos les llegará el mensaje. Es una manera confiable de mirar un rating, individual y colectivo. El reenvío del mensaje, el retuiteo, el marcar "me gusta esto" en Facebook, manifesta el crecimiento exponencial del dicho y de la convocatoria.

En las redes sociales te reconoces y te reconocen. Ante los medios masivos tradicionales el receptor es susceptible de ser manipulado, pierde la posibilidad de interpelar, no construye sino obedece. En las redes sociales el emisor es receptor en términos de iguales, habla y lo escuchan, empuja y lo siguen, clama y lo reproducen, cuelga sus fotos y videos en el tendedero electrónico, le aplauden su audacia, comentan su desinhibición, descalifican o chulean su propuesta comunicativa.

La interconexión de las inquietudes individuales, de los enojos y las desesperaciones, da cauce al movimiento colectivo. La desinhibición avasalla.

Ahora bien, importa mucho la forma de distribuir el mensaje. El teléfono celular es el arma eficaz. El incremento de conexiones a internet vía celular potencia las posibilidades del instrumento que sirve para todo, incluso permite hacer llamadas telefónicas. En el celular se recibe y se emite el mensaje a la vez pero hay una mayor confianza al identificar plenamente la procedencia del remitente. En el caso de los mensajes SMS hay un halo de seguridad. Sabemos de quién viene, pues no cualquiera tiene nuestro número celular.

Aun así, los egipcios innovaron con dos productos de la empresa Whisper Systems: el Redphone y Textsecure. El primero protegía las llamadas de intervenciones telefónicas y el segundo evitaba que fueran interceptados los mensajes de texto por SMS.

Está claro que la maravilla de lo instantáneo no supone el cambio mágico ni está seguro frente a las amenazas de censura, intervención u hostilidad. El Twitter avisa pero no decide. Convoca pero no vota. Provoca pero no gobierna. Las redes sociales no dejarán de ser en México un instrumento apetecible para los manipuladores. Ya hay políticos mexicanos que confunden el Twitter con el megáfono y otros han sido seducidos por compañías que les alquilan seguidores, con tal de sentirse queridos y populares. El retuiteo ya es cobrado por los mercaderes de la política y se alquilan diseños de páginas Facebook para intentar controlar audiencias o electores.

Por lo pronto, tras Egipto, Túnez, Birmania, Ecuador u otras revueltas sociales, está más que dado el par de bofetadas a los antagonistas de las redes sociales:
1) La red no aisla, sino convoca; 2) La red no desinforma, sino que abunda, nutre, persuade.

Y -como Zapata- una convicción: el Twitter y el Facebook son de quien los trabaja.

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