marzo 29, 2011

2012 y la normalidad democrática

Fausto Alzati Araiza
Excélsior

Ni catastrofismo ni milenarismo. En 2012 no se va a “acabar el mundo”. Vamos a seguir en este planeta, obligados a construir con esfuerzo y en concordia un porvenir mejor. En 2012 tampoco se va a acabar México, a menos que irresponsablemente lo permita la generación que hoy detenta el poder y que está histórica y moralmente obligada a entregarle a las generaciones siguientes un país soberano, libre, democrático y próspero. Y para asegurar ese resultado, es urgente asumir todos un compromiso con la normalidad democrática.

Ni el catastrofismo ni el milenarismo son posturas o estrategias aceptables frente a los procesos políticos que han de desarrollarse a lo largo de este año y el siguiente. Al hablar de “catastrofismo” quiero referirme a las visiones que quieren hacer de 2012 un “parteaguas histórico” y, de las elecciones, dramáticos referendos binarios: avance o retroceso, cambio irreversible o restauración del “antiguo régimen”, encontronazo a muerte entre los buenos patriotas y los malos corruptos. Eso está bien en el caso de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola o para la Jihad Islámica. No para el análisis serio de la coyuntura política de un país que anhela recobrar la armonía poder volver a prosperar en paz y libertad.

Al hablar de “milenarismo”, quiero referirme a las posturas explícitas o subrepticias de quienes, desde el poder o desde el liderazgo de esta o de aquella fuerza política, quieren presentar a las elecciones como oportunidades dramáticamente irrepetibles para conquistar o preservar el poder en nombre de este o de aqul “proyecto de nación” llamado a perdurar indefinidamente y a resolver como por arte de magia todos los problemas de México.

Precisamente porque la coyuntura nacional es compleja y presenta riesgos severos y tintes dramáticos, el ánimo y el talante de todos los actores del proceso político, sean éstos políticos o no, debe ser por necesidad sereno y ecuánime. Las elecciones son eso: elecciones, procesos legítimos para elegir a los legítimos titulares de los poderes legales del Estado. Elecciones legales, con resultados legítimos, no más, pero tampoco menos.

La alternancia nos ha permitido ya crear las condiciones para consolidar la normalidad democrática. No demos marcha atrás. La continuada viabilidad de México como nación soberana y democrática, la reconstrucción de su prestigio internacional, la recuperación del crecimiento y la apertura de nuevas oportunidades de prosperidad y justicia social, tienen como prerrequisito indispensable la legitimidad plena de los titulares de los poderes constitucionales del Estado Mexicano. Sin legitimidad será imposible recuperar la seguridad y la paz social. La violencia del Estado sólo es superior a la violencia de los poderes fácticos y capaz de contenerla, en la medida en que es, según la expresión de Max Weber, “violencia legítima”. Es decir, violencia ejercida de manera legítima por los legítimos ocupantes de los poderes públicos.

De aquí que nada resulta hoy más importante en la coyuntura política de México como el compromiso de todos los actores políticos para asegurar que los procesos electorales sean irreprochables y produzcan resultados irrefutables y legítimos. Aceptados por todos. ¿Para qué esgrimir recursos retóricos o mediáticos que polaricen y dramaticen lo que en la normalidad democrática no es sino el recurrente reemplazo periódico, y a plazo cierto, de los titulares de los poderes públicos? ¿Para qué satanizar y alienar a un adversario, que no enemigo, con el que de cualquier manera se tendrá que seguir conviviendo y buscando acuerdos indispensables para la gobernabilidad democrática? Las elecciones las gana siempre quien mejor entiende los anhelos de los electores y les da la respuesta más convincente. En 2012 las ganará quien mejor sepa conquistar el voto de los millones de jóvenes mexicanos que votarán por vez primera. Nacieron en un país de clase media. Aunque aún plagado por insondables contrastes. Se han desenvuelto entre la falta de oportunidades resultante del estancamiento económico. Y saben que ese estancamiento sólo podrá superarse en México en la concordia y la paz social. Por eso van a confiar en quienes les demuestren ser capaces de adquirir el poder de manera legítima, de preservar la normalidad democrática y de cumplir sus compromisos.

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