marzo 09, 2011

Abusos a todo nivel

Marielena Hoyo Bastien
producciones_serengueti@yahoo.com
Animalidades
La Crónica de Hoy

La forma tan diversa, eficiente y rapidísima de las comunicaciones actuales, hace que más tarde en producirse un hecho en cualquier parte del Mundo, que el resto en conocerlo. Esto, claro, es algo maravilloso, pero también con enormes desventajas, entre ellas, la de no librar fecha sin que se conozcan atípicos actos de barbarie o crueldad contra los animales, lo que además, de esa forma, cunde sin control como muestra de impunidad. Tenemos, por ejemplo, la nota que dio apenas hace unos días el futbolista Luís Moreno, quien con toda calma, coraje, alevosía y ventaja, el domingo 27 de febrero arremetió contra una frágil, ¡qué digo!, fragilísima e indefensa lechuza de campanario, que como habitante común y conocida del Estadio Metropolitano de la ciudad de Barranquilla, Colombia, donde el energúmeno se encontraba disputando un partido, bajó como de costumbre a encontrarse con su público, raro a esa hora, pero…

Resulta que faltando aproximadamente 20 minutos para que finalizara el encuentro entre el Deportivo Pereira (DP), donde el panameño se desempeña como “delantero”, y el Atlético Júnior (AJ), que iba ganando 2-1, de repente la rapaz apareció paradita sobre el césped, en una esquina muy cercana a la portería, lo que provocó que fuera accidentalmente golpeada por el balón, quedando por tanto postrada con la región ventral hacia arriba y las alitas desplegadas, seguramente tratando de entender, tras el atarantamiento, lo que le había pasado. Viendo que el animal no podía reincorporarse, la autoridad del lugar decidió parar el juego para proceder a su rescate, momento que aprovechó el sujeto de marras para propinarle al animal un fortísimo patadón con la zurda, cuando las piernas de un futbolista son arma mortal. Pasaron segundos para que los aficionados reaccionaran, una vez controlado el estupor que les causó la imagen que, en menos de lo que canta un gallo comenzó a dar la vuelta al mundo, con los consiguientes reproches para el jugador, ya que para más, se trataba de un animalito que el AJ considera de buena suerte pues… cuando juegan y sobrevuela la cancha, generalmente ganan, punto que a lo mejor fue el detonador para que el agresivo personaje actuara de forma irreparable.



Debido entonces a la fuerte reacción pública, y a que Colombia cuenta con un Estatuto de Protección Animal, que como todas las leyes del tipo aparece muy ambicioso en su texto, pero resulta leve, levísimo, en sus sanciones, la policía ambiental de la zona no tuvo de otra que abrirle proceso al panameño, pero… terminando por aplicarle irrisoria sanción, acompañada de una disposición verdaderamente ridícula. Siendo así se le determinaron dos fechas de suspensión, el pago de una multa equivalente a 560 dólares estadounidenses, y la firma de un papel cuyo texto compromete al futbolista a “no volver a hacerlo”, esto es, a no patear nunca más a una lechuza.

Comparando el castigo con el recibido por el diseñador de modas John Galliano, que por haberse expresado muy ofensivamente -pero al fin y al cabo un acto que no provocó la muerte de nadie- fue despedido de su trabajo de muchos años para la casa Dior, lo impuesto a Luís Moreno es ridículo. Lo menos debió ser decretarle suspensión de un año, el pago de una multa mucho más fuerte, partiendo de que la Ley 84 dispone aumentos a las cantidades determinadas cuando el animal agredido termina muerto, la obligación de prácticas voluntarias en un refugio de animales abusados y, sin duda el ingreso a terapia, pues han de saber que el abuso hacia los animales está considerado como un desorden mental, pero…

No hay que pasar por alto otras irresponsabilidades como el que los encargados de la seguridad del lugar hayan permitido la presencia en tierra del animal, que simplemente por librarla pudo haber sido ocasión de un accidente mayor. Por otra parte, resulta de tono macabramente inútil disecar al animal para permanecerlo en el estadio como símbolo de la violencia, pues eso, amigos colombianos, no traerá remedio, sólo morbo y testimonio de la impunidad que priva en este tipo de hechos. En fin, paso a otro punto porque…

Recibo y replico comunicación de mi estimado Francisco –Pancho- Morales, que junto con su esposa Sharon, ambos animaleros de alma y corazón, decidió tomarse amplias vacaciones de fin de año fuera del país a partir del 10 de diciembre pasado, costándole ello severo disgusto pues… al viaje de placer fue invitado su amado perrito TIBURCIO, un pícaro “salchicha” (teckel-dachshung) negro que como único requisito para entrar a los Estados Unidos de América, procedente de Cancún, solamente debió presentar un certificado de buena salud y de la vacunación correspondiente, documento que sin menor problema le fue extendido por la Asociación Humanitaria local. Sin embargo, para regresar a nuestro México, SU hogar, apenas el pasado 28 de febrero, el perrito y sus compañeros humanos hubieron de padecer penoso viacrucis y larga espera, porque las autoridades sanitarias del aeropuerto de Cancún no quedaron convencidas de la buena salud del canito, con todo y que la misma estaba siendo respaldada con un certificado expedido por el Departamento de Agricultura e Inspección de Plantas y Animales de los EUA, por su traducción al español, y por el que se detallaba no habérsele detectado agente alguno trasmisor de enfermedad contagiosa a personas o animales, pero...

El documento solamente refería la no presencia de parásitos, más no la de ECTOparásitos, esto es, de posibles pulgas, garrapatas o piojos, por lo que nuestros aguerridos y cumplidísimos inspectores tuvieron a bien retener al perrito, provocando con ello que don Pancho les preguntara SI LA EXCLUSIVA FALTA DE TRES LETRAS ERA MOTIVO SUFICIENTE PARA NO SOLAMENTE DETENER AL ANIMAL, SINO INCLUSO OBLIGARLO A PERMANECER DENTRO DE SU MALETA ESPECIAL DE TRASPORTE, ya que TIBURCIO, sabrán, está acostumbrado a los placeres de la vida, viajando de costumbre en la cabina del avión. Nervioso entonces por el tiempo transcurrido dentro de un habitáculo, cómodo para un traslado corto pero no para permanecer en él por tanto tiempo, el salchichita comenzó a gemir y a manifestar signos de estrés, por lo que nuevamente se pidió a la autoridad, tan cumplida de su deber, que por favor lo revisaran para constatar que no tenía ningún bicho indeseable. La lacónica respuesta de los burócratas fue que ese no era su trabajo, pese a tener como adorno de oficina un letrero indicando, entre otras cosas, que su misión, o sea, la de la oficina que representan, era BRINDAR SERVICIO DE INSPECCION, VERIFICACION Y CERTIFICACION SANITARIA, que como tal entendió la familia Morales como su tabla de salvación, insistiendo con base en tales principios que se procediera a la revisión externa del perrito, más… otra vez la respuesta fue negativa, argumentando que no podían ser “juez y parte”… pero que… ¡háganme el canijo favor!... le podían recomendar un veterinario que por módicos 500 pesos extendería el certificado para liberar al animalito. No queriendo participar del evidente negocito, aún arriesgándose a que aquello le saliera más costoso, mi estimado Pancho se movió para conseguir el auxilio de una médico veterinaria ajena, que con todo, hubo de suministrarle al perrito una pastillita desparasitante y, como indicaron los servidores públicos, aplicarle exclusivamente determinado producto, debiendo escoger entre el Frontline o el Advantage, para la desparasitación externa, innecesaria para un ejemplar en extremo bien cuidado. Total, que el chistecito de tan sopencos funcionarios que mismo se identificaron como de OISA, SAGARPA y SENASICA, encabezados por un tal Juan José Ibarra, costó al bolsillo de mi amigo ochocientos pesos, y el mal rato que pasó el perro, que además fue dosificado sin necesidad. Viendo así las cosas, y apostando todo al turismo, nos preguntamos entonces si de esta forma serán tratados quienes decidan visitarnos con su perro. ¿Alguna explicación?

Y YA QUE ESTOY SOBRE EL TEMA DE RIESGOS SANITARIOS permítaseme hacer un respetuoso pero enérgico llamado al Dr. Armando Ahued, Secretario de Salud capitalino, para que de una vez por todas se ponga rígido control a la compra-venta de perros en mercados y calles, partiendo de que hace tan sólo unos días dio positivo a rabia un cachorro adquirido en el Mercado Sonora, pero mayor es el problema, cuando se desconoce su origen, número de hermanos y con cuántas personas y congéneres tuvo contacto el animalito, algo de suma preocupación y gravedad que debe pararse de inmediato. Espero por la reacción.

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