marzo 17, 2011

Ceder o no ceder

Carlos Elizondo Mayer-Serra
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

Ceder o no ceder es la pregunta del poderoso cuando se acumulan reclamos. Los políticos sofisticados ceden sin perder lo esencial. Ése fue uno de los secretos del PRI. Por ello no perdió sus fuentes de poder después del 2000, desde sindicatos hasta empresarios amigos y gobernadores.

En Egipto, Mubarak dejó el poder con rapidez para que el Ejército pudiera preservar sus privilegios y él mismo defender su libertad y dinero. Está por verse si lo logra. Ceder abre la posibilidad de que los enemigos, ahora crecidos, ataquen con más fuerza.

Lo usual entre dictadores es defenderse. Gadafi calculó que sin el poder, lo perdía todo. Por ello ha decidido pelear así. Se puede salir con la suya, aunque dejará a sus herederos aislados.

Los políticos no son los únicos que tienen estos dilemas. Quien tiene poder, desde empresarios hasta padres de familia, enfrenta esta misma pregunta.

Decía Hank González que un político pobre era un pobre político. Un empresario rico es un rico político. Dinero y poder son parte de una misma ecuación. El poder permite hacer las reglas del juego y éstas dan poder y dinero a actores específicos.

Las tarifas, sobre todo las de interconexión, han sido, desde que se privatizó Telmex, elevadas, aunque los datos comparados son controversiales. Los publicados por Telcel sobre costos de pago de celular están en dólares de mercado. Los que proporcionan las televisoras están calculados en un tipo de cambio, llamado paridad de compra, que toma en cuenta cuánto compra en cada país un dólar. En un país como Japón, un dólar compra poco. En México compra más, por lo que si se pasan a ese dólar, las tarifas en México son de las más caras de la muestra.

Telcel argumenta que sus principales costos, los equipos que utilizan, están en dólares de mercado, no los compran en dólares paridad de compra, por lo que la comparación debe ser a dólares de mercado. Ahora bien, el servicio de taxis en cualquier ciudad de México tiene como costo alto, y muy visible, el auto. A dólares de mercado, nuestros autos tienen precios similares a los de Estados Unidos (aunque es difícil comparar por la distinta calidad y modelo de los autos), pero el precio de un viaje en taxi en dólares de mercado en México es mucho más barato que en Nueva York, porque los salarios, permisos, mantenimiento, etcétera, son más baratos en México. Sin embargo, como en el gremio de taxistas nadie domina, no pueden cobrar precios caros, salvo en un aeropuerto donde sean monopolio.

Con todo, ha habido una caída en el precio de los servicios de telefonía móvil en México. Esto no debe sorprender tanto: el modelo de negocios de Telcel en México está basado en promociones para suscriptores en llamadas a otros teléfonos de Telcel, algo prohibido en algunos países, ya que premia a la empresa con más suscriptores. Esto es aún más cuestionable cuando, como en México, Telcel cobra menos por la llamada entre sus clientes que la tarifa de interconexión a otras compañías. Con esto se impide, para fines prácticos, una verdadera competencia. Se debe prohibir esta práctica a la par de bajar las tarifas de interconexión entre todas las empresas, ya que son aún altas y la red de Telmex es una concesión pública.

El costo de estas tarifas ha llevado finalmente a un gran pleito con otro actor, las televisoras, que también tienen el privilegio de un bien escaso: canales nacionales en TV abierta. Esto es evidente sobre todo en el caso de Televisa, la cual nunca compró sus frecuencias, fueron regaladas. Dos de sus canales nacionales, el 4 y el 9, los mantiene con bajo rating para que no compitan con el 2, pero el chiste es que no los utilice alguien más.

Ante una autoridad con pocos dientes y que no los ha sabido usar, el pleito ha escalado. Ambos van por todo. Lo más racional, sin embargo, es ceder algo. Telmex y Telcel pueden facilitar la interconexión y hacerlo a precios competitivos, a cambio de poder transmitir contenidos, y las televisoras pueden aceptar más empresas de TV abierta con alcance nacional, la obligación de llevar en la TV restringida los canales de TV abierta así como aceptar que la TV abierta es pública, por lo que cualquiera debiera poder tomar esos canales para pasarlos a otros sistemas de TV restringida.

Esto, para ambas partes, puede ser mejor a que se acumule un mayor enojo y presión que lleve a un cambio más drástico. Éste probablemente afectaría más a quien haya acumulado más poder, su legitimidad sea más cuestionada y tenga menos instrumentos para defenderse.

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