marzo 31, 2011

El dedo

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

La acertada decisión de Peña Nieto de elegir, no a su amigo, sino al mejor posicionado, fue visto por muchos como el regreso de los brujos.

Como si trataran de descubrir uno de los grandes misterios del poder —en México y el resto del mundo—, en la última semana regresó a los textos de parte de la opinocracia doméstica, el folclor que simboliza al PRI de los años 50, 60 y 70 del siglo pasado.

Y es que, a propósito del “destape” de Eruviel Ávila como candidato del PRI al gobierno mexiquense, muchos desempolvaron la vieja retórica que se pensaba archivada, pero que se mantiene viva entre la clase política mexicana y la opinocracia, gracias a la terca realidad del autoritarismo y la necia cultura antidemocrática.

Así, con una dosis de cinismo, miopía y amnesia convenencieras, abundaron las opiniones de los que vieron en Peña Nieto el emblema y estandarte del viejo PRI, por cometer el acierto de “imponer”, elegir o empujar —como candidato a sucederlo— al más popular de los pretensos, al mejor dotado para una contienda a muerte y, en lógica política impecable, al que las encuestas señalan como ganador.

En pocas palabras, que la acertada decisión de Peña Nieto al elegir como “el bueno” no a su amigo o preferido, sino al mejor posicionado y al que garantice un resultado ganancioso, fue visto por muchos como el regreso de los brujos. De los brujos priistas, claro.

Dijeron que al elegir al mejor y no al amigo, con el PRI de Peña Nieto están de vuelta, no sólo la rancia práctica priista del dedazo que da y quita, sino las no menos antiguas “fuerzas vivas”, la “cargada”; los “tapados” y “el destape”; la autoritaria “disciplina”, la nada democrática “unidad” y —por supuesto— los baños de pueblo que exaltan el origen humilde del agraciado y su proclividad por servir “al pueblo”.

Lo curioso del caso es que todos esos opinadores tienen razón. Sí, en el “destape” que operó Enrique Peña Nieto en la persona de Eruviel Ávila, apareció todo el arsenal de las viejas prácticas del PRI, empezando por los tapados y el destapado; el dedo y el dedazo; la cargada propia de las fuerzas vivas, la disciplina y la infaltable unidad. Todo eso y mucho más.

Pero lo que no nos dicen esos opinantes que suelen militar, sea con la religión del mesías amarillo o con los delirios yunquistas azules —los extremos se juntan—, es que se niegan a ver, a escuchar y a pensar más allá de sus iglesias políticas y fanatismos ideológicos. ¿Por qué?

Porque igual que están arraigados en lo más profundo de la genética del PRI, las folclóricas taras del “dedo”, el “tapado”, el “destape”, la “cargada”, la “lealtad”, el “delfín”, la “unidad”… también son parte de la genética del PRD y del PAN. ¿Tienen dudas?

Algunas perlas. ¿Qué fue, sino un acto de destape, dedazo, con cargada, unidad, baños de pueblo, lealtad a toda prueba, disciplina, autoritarismo, ausencia total de democracia..?, el acto celebrado en el Auditorio Nacional, el domingo 20 de marzo, por Andrés Manuel López Obrador. Los priistas le dan brochazos de dizque democracia a sus actos de profundo autoritarismo, pero AMLO ni las formas guarda. ¿Por qué? Porque él es el jefe máximo, el único que opina, el que tiene la verdad absoluta, el candidato único, el orador único, el jefe único, el único que decide y… es Dios. Y ¡ay! de aquél que se atreva a desafiarlo, porque el “Rey Sol” lo expulsa del paraíso.

Por cierto, ¿qué, no fue AMLO el que impuso a Marcelo como candidato a jefe de Gobierno; no hizo campaña ilegal a su favor; no hizo jefe de Gobierno a Alejandro Encinas en un acto de profundo autoritarismo? Pero tampoco es una tara exclusiva de AMLO. En realidad la antidemocracia en el PRD es generalizada; está en Los Chuchos, el G-8, el grupo de AMLO, en el de Cárdenas…, es como la lepra: donde le punzan, sale pus. Eso del lado de los amarillos.

Pero los azules no cantan mal las rancheras. ¿Qué, no fue dedazo la llegada de los presidentes del PAN en tiempos de Calderón; no fue dedazo el de Fox con el perdidoso Creel; no fue dedazo la salida de la secretaría particular de Luis Felipe Bravo Mena y su unción como candidato al Edomex..? La lista de la antidemocracia panista es larga, pero no tan vieja. ¿Qué, Bravo Mena no fue ungido por los mismos métodos nada democráticos que los empleados por Enrique Peña; o por los métodos nada democráticos con los que AMLO destapó a la farsa Yeidckol Polevnsky como candidata al Estado de México?

Podrán decir misa. Lo cierto es que ni tricolores ni azules y menos amarillos se salvan de la tara del “dedo” y sus consecuencias.

EN EL CAMINO

Por cierto, ejemplo de civilidad y política, el encuentro entre Xóchitl Gálvez y Francisco Olvera.

No hay comentarios.: