marzo 24, 2011

El proyecto social de AMLO

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Resulta muy preocupante su propuesta de formar mujeres y hombres de acuerdo con valores que él considera los correctos

López Obrador presentó su programa de gobierno rumbo a 2012. Se trata de “50 acciones indispensables para la regeneración nacional”. En lo social, AMLO promete “establecer el Estado de bienestar”pero no queda claro cómo lo financiaría. Y resulta muy preocupante su propuesta de formar mujeres y hombres de acuerdo con valores que él considera los correctos.

Son muchas las cosas que promete AMLO en su política social: “Pensión universal para todos los adultos mayores de 68 años del país y para las personas con discapacidad”. Programas para “combatir el hambre”. “Atención médica y medicamentos gratuitos a toda la población”. “Una auténtica revolución educativa orientada a mejorar la calidad de la enseñanza y a procurar que nadie se quede sin la oportunidad de estudiar, por falta de espacios, de maestros o de recursos económicos. Esto último lo enfrentaremos con un amplio programa de becas, desayunos y con la entrega gratuita de útiles y uniformes escolares. Los estudiantes de nivel medio superior o bachillerato contarán con una beca mensual equivalente a medio salario mínimo. Todos los jóvenes podrán ingresar a escuelas preparatorias y a universidades públicas. Habrá 100% de inscripción”. “Promoveremos la práctica del deporte, tanto en su vertiente de esparcimiento y salud, como en la de alto rendimiento. Se construirán unidades deportivas”.“Apoyaremos a músicos, pintores, artesanos, escultores, cineastas y a quienes se dediquen a la promoción artística y cultural”.

Suena bien. El problema es que cuesta mucho dinero y el Estado no lo tiene. El programa de AMLO contempla una mayor recaudación con medidas tan generales como terminar con “los privilegios de las 400 grandes corporaciones”, “impuestos por las operaciones que se realizan en la Bolsa” o “por extracción de las empresas mineras”. Por el lado del gasto, AMLO propone ahorros reduciendo los suelos de la alta burocracia a la mitad y cancelando “bonos, viáticos, pensiones de ex presidentes, servicios médicos privados, cajas de ahorro especiales, el uso de aviones, helicópteros y otras canonjías”.

Intuyo que, con estas medidas, no le alcanzaría a AMLO. Los verdaderos estados de bienestar cuestan muchísimo dinero. Los países europeos, que son los más avanzados en este modelo, cobran impuestos altísimos para financiar sus programas sociales. Aquí, en México, AMLO promete mucho, pero no dice que esto implicaría cobrar más impuestos: una mayor tasa del IVA y generalizada, por ejemplo. No es gratuito: AMLO está en campaña y resulta impopular hablar de subir impuestos cuando se pretende ganar una elección.

Uno de los aspectos más preocupantes de la propuesta de AMLO es su visión sobre la crisis de valores que, según él, hay en México: “A partir de la reserva moral y cultural que todavía existe en las familias y en las comunidades del México profundo, y apoyados en la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo, vamos a emprender la tarea de exaltar y promover valores en lo individual y lo colectivo. El propósito es contribuir a la formación de mujeres y hombres buenos y felices, bajo la premisa de que ser bueno es el único modo de ser dichoso. Insistiremos en que la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino estando bien con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo. Sólo así podremos hacer frente a la mancha negra de individualismo, codicia y odio que se viene extendiendo cada vez más, y que nos ha llevado a la degradación progresiva como sociedad y como nación”.

Este tipo de pronunciamientos tienen un tufo de “revolución cultural” maoísta. Recuerdan el viejo sueño de la izquierda revolucionaria de construir un “hombre nuevo”comunista. Los ejercicios izquierdistas de “promover valores” desde el Estado siempre han terminado mal. Y es que los gobiernos están para solucionar problemas sociales no para formar hombres buenos, felices y dichosos. AMLO tiene el derecho de pensar que los valores correctos son los que vienen del México profundo, que quién sabe dónde queda. O que el individualismo es una desgracia social. Pero que no trate de inculcarnos sus valores personales si es que llega a ser Presidente.

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