marzo 29, 2011

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

La consulta ciudadana realizada en el Estado de México el domingo pasado, para conocer la opinión de la gente sobre una eventual alianza electoral entre el PAN y el PRD para la gubernatura del estado, ha resultado un éxito rotundo. El triunfo del “Sí” es una muestra contundente del ánimo aliancista que domina muy claramente entre los simpatizantes de los partidos opositores al PRI en esa entidad. Sería un despropósito político, y una enorme inconsecuencia democrática, no atender la voz de las urnas que, como en pocas circunstancias, configura los elementos genuinos de lo que se llama “mandato popular”.

Conviene destacar algunos aspectos que muestran este ejercicio como el más importante de cuantos hasta ahora se han convocado por los partidos para tomar decisiones trascendentales. El primero y muy importante es el nivel de participación ciudadana, que por la proyección de los datos preliminares hacia su cierre final rondará la cifra de 260 mil votantes. Casi 100 mil ciudadanos más de los que los propios organizadores preveían. Con el 83% del total de las casillas instaladas, Alianza Cívica contabilizó en su reporte del domingo hasta las diez de la noche 225 mil 296 votos.

Tal como la mayoría de las encuestas más serias y confiables lo advertían, la consulta arrojó datos absolutamente consonantes con éstas en el sentido de la clara tendencia a favor de una alianza electoral entre PRD y PAN: del número de votos dados a conocer por AC, 170 mil 669 votaron por el “Sí”, es decir, 76%, y 43 mil 088 votaron por el “No”, que representa el 19.13%. Seis mil 343 marcaron “No sé”, que es 2.82%, y 2.81 % fueron nulos, es decir, 5 mil 196 votantes.

Lo anterior golpea con toda claridad los manoseos, chantajes y pretextos ideológicos con los que el lopezobradorismo ha convertido la elección del Estado de México y la idea de la coalición: en una coartada para sus estrictos intereses personales por encima de lo que la gente quiere. Los militantes, adherentes y simpatizantes tanto de PAN como de PRD, y en mayor proporción en este último, así como los ciudadanos independientes, tienen claro que sólo mediante la construcción de un amplio frente opositor es posible derrotar a la maquinaria priísta en el Estado de México, porque más allá del candidato que en el sprint final decidió Peña Nieto —ya girando en torno de la órbita de una eventual coalición—, es evidente que nos enfrentaremos a un entramado de operación política que ha perdido cualquier línea divisoria entre gobierno y partido.

La gente en el Edomex sí tiene claro quién es el verdadero adversario, y lo ha manifestado en una proporción de cuatro a uno. Pero resulta que quienes eran los plebiscitarios de ayer prefieren hoy que una sola persona decida por todos. Es los termina no sólo asemejando al método Peña Nieto, el “dedazo”, sino convirtiéndolos paradójicamente en sus apoyadores.

No obstante que hubo retraso en la instalación de las mesas receptoras de opinión, y que algunas no se pudieron instalar —lo que evidentemente hizo perder votos a la consulta—, la organización independiente de los partidos y el despliegue logístico de este proceso es otro dato incuestionable y esperanzador, pues se trata de un esfuerzo autenticamente ciudadanizado, a partir de un reclutamiento, capacitación y funcionamiento mucho más en la línea del trabajo cívico que en la del servicio profesional. Sin la estructura material y logística, con recursos económicos limitados, Alianza Cívica reiteró su compromiso con la democracia participativa y el potencial ciudadano para conducir por sí mismo ejercicios de esta magnitud. Ha contado, por supuesto, con el consejo y orientación de Propuesta Cívica que funge como autoridad electoral a partir de un grupo de mexicanos excepcionales en sús ámbitos de desempeño profesional.

Un comparativo con lo que sucedió el mismo domingo, pero en el Distrito Federal, pone de relieve la proeza cívica llevada acabo por Alianza y Propuesta en el Estado de México: el gobierno de la ciudad organizó —con los recursos técnicos, logísticos y materiales que ello supone—, una consulta bajo la ley de participación ciudadana para definir los proyectos vecinales, que entraña ni más ni menos que la distribución de recursos públicos a través del llamado “presupuesto participativo”, cuyo monto asciende a 706 millones de pesos. No fue desairada, pero para su relevancia sólo contó con la asistencia de 191 mil 692 ciudadanos.

No nos regodeamos de que así haya sido, pero ese hecho marca un contraste significativo con lo acontecido en Edomex, y de paso demuestra la doble vara con la que algunos medios de comunicación asentaron la información en uno y otro caso. Es grotesco y ridículo que, mientras a la proeza cívica cívica mexiquense con una diferencia de casi 70 mil votos arriba la calificaron de “magra”, “poquitera”, a la del DF se le reconozca como “representativa”. No hay duda, la elección del Edomex va decantando posiciones democráticas y exhibiendo con toda crudeza los intereses que están en juego.

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