marzo 14, 2011

La guerra de las cifras

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Los mexicanos parecemos vivir en dos países muy diversos: en uno es imposible estar peor, en otro hay motivos de aliento. Uno vive debatiéndose entre sangre, injusticia, maldad de una mafia. Otro es un país mayoritariamente de clase media (categoría que oculta muchas y diversas posiciones económicas). Los números del Censo publicados por Héctor Aguilar Camín en MILENIO causan irritación entre los profetas del desastre: un 94 por ciento de los hogares tiene televisor y también son mayoritarios los que tienen refrigerador, teléfonos y otras comodidades que, la clase media de hace 50 años, a la que mi familia pertenecía, contemplaba en las tiendas.

Como siempre ocurre: ambas partes tienen algo de razón: tenemos 30 mil muertos, cierto, pero decirles “los muertos de Calderón” es perverso; un sistema judicial donde lo común es sentenciar inocentes y soltar culpables, pero la suspensión de Presunto Culpable no fue un acto de censura, sino demostración de que, todavía, un amparo ciudadano, así sea incómodo, lo admite un juez (jueza en este caso) para su revisión por un tribunal. Eso significa, sin más, que el Poder Judicial comienza a trabajar sin línea ni mandatos superiores.

Creo que la explicación de estos enfoques opuestos es sencilla y no está en la economía del país, sino en las necesidades de un grupo, cada día más reducido, furioso porque sus predicciones no se cumplen y llega fecha tras fecha perentoria sin el país se convulsione. El cantor de loas al presidente Díaz Ordaz por su patriótica defensa de la República el 2 de octubre del 1968, joven diputado Porfirio Muñoz Ledo, lleva cuatro años anunciando, como tantas sectas milenaristas, que ahora sí el mundo se va a acabar, al menos en México.

Mi padre tenía una bonita farmacia, pero en casa no teníamos teléfono porque era una fortuna comprarlo y una odisea de meses o años conseguir una línea, tampoco teníamos televisor. En los gobiernos municipales, estatales y federales, así como en los tres poderes no había sino un partido, el PRI. Los diarios traían contenido idéntico: boletines de prensa preparados por cada oficina.

Ese México está muerto, se fue, se acabó, pero hay quienes no se resignan. Y no es un mal de este país: hace unos años, en San José, Costa Rica, dije que cuando la cosecha de manzanas era abundante en California en México se podían comprar a dólar el kilo (era verdad entonces, hoy es, mínimo a dos dólares, pero también los salarios han crecido). Un personaje de morral y huaraches se levantó indignado, arrojó bilis y burlas, preguntó dónde estaba ese paraíso, y salió del auditorio. Bueno, hace dos semanas vi naranjas a 1.80 el kilo (no dólares, pesos), ya volvieron a sus 6 pesos tradicionales que todavía son .50 centavos de dólar.

Pero hay no más de una docena de intelectuales chic con gran penetración en los medios que pintan un país en demolición. Se mesan cabellos y barbas cuando el PAN pretende regular la vestimenta de las burócratas en Jalisco, y guardan ignominioso silencio cuando el PRD hace los mismo: Dice MILENIO que en Huatulco el (H.) Ayuntamiento del PRD prohibió minifaldas, pantalones ajustados y escotes al personal femenino que trabaja para la administración. ¿Y los hombres a los que se les abulta mucho la bragueta?...

Los zapatos deben ser cerrados y de preferencia con tacón... nunca sandalias o zapatos deportivos, vulgo: tenis. La altura correcta de la falda es a la rodilla como mínimo (¿encima o debajo?), y los pantalones ni ajustados ni cortos. A los dos días reculó. ¿No tienen nada mejor qué hacer? Unas puñetas, por ejemplo.

Tenemos a López Obrador callado cuando las alianzas PRD-PAN le convienen, como antes en Oaxaca y ahora en Coahuila, y lanzando rayos contra los traidores que hacen lo mismo en el estado de México. Tiene la corte imperial más pelele y sumisa de que se tenga noticia desde los tiempos de López Portillo (1976-82): lanza un día a Yeidkol Guaréver, y luego la humilla porque “dijo mi dedito” que debe ir Alejandro Encinas, a quien intenta hacerle lo que a “Juanito”: exponerlo a una votación de mitin para aceptar línea y tragar camote.

Los radical chic se equivocaron con aquel “Echeverría o el fascismo”, con Marcos, de nuevo con el “¡No pasarán!” al candidato Felipe Calderón, y con López Obrador, en quien ahora hasta Jesús Ortega ve un proyecto de “dictador perpetuo”. ¿No que no?

Nunca tan pocos intelectuales han causado mayor daño a un país.

Ideología mata amor: El sol de la tarde (Quimera).

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