marzo 23, 2011

La pobre ciencia mexicana

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

El 9 de marzo el director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Juan Carlos Romero Hicks, luego de presentar su renuncia por motivos no especificados, fue sustituido por el ex director del Instituto Politécnico Nacional, Enrique Villa Rivera.

La noticia muestra, una vez más, la precaria situación de la ciencia mexicana: sin rumbo, sin que se le dé la importancia que merece, sin un verdadero proyecto.

Y no es que el nombramiento sea inadecuado, o no lo parece. La gestión de Romero Hicks recibió numerosas críticas, muchas merecidas. Durante su gestión el presupuesto para desarrollo científico y tecnológico fue, si no disminuido, sí amenazado, y muchos problemas que aquejan al sistema de ciencia y tecnología nacional persistieron o empeoraron. Pero yo sospecho que éstos son más bien defectos estructurales del sistema.

Después de todo, la ciencia mexicana tiene una historia de dificultades. En el auge petrolero de los años 70 pareció que las cosas iban a cambiar, al crearse el Conacyt. Pero con la inflación de los 70 y 80 los sueldos de los investigadores científicos quedaron pulverizados, y la “fuga de cerebros” se volvió crítica. La comunidad científica pactó con el gobierno una solución de urgencia. Nació así el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), que otorga un incentivo económico que es, de hecho, un complemento al sueldo del investigador. Así, a través de un “parche”, se logró que los sueldos volvieran a ser competitivos.

Hoy, a 25 años de su fundación, el SNI está siendo cuestionado: de solución temporal pasó a ser elemento indispensable, con numerosos defectos y vicios.

Aunque no concuerdo con los demagogos que exigen su desaparición, sí creo que es necesario revisarlo y mejorarlo. Pero es más urgente que el gobierno federal comience a valorar la ciencia en su justa medida: en diciembre pasado, por primera vez en la historia, un centenar de investigadores nacionales organizaron una protesta frente al Consejo, por el enorme retraso en la entrega de recursos federales indispensables para su labor. Y ese retraso no fue culpa de Romero Hicks.

Lo dicho: en México, todavía, la ciencia sigue sin apreciada.

No hay comentarios.: