marzo 02, 2011

Las alianzas de AMLO con el PAN

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

López Obrador atropelló a uno de sus defensores a ultranza, a Sergio Aguayo, éste se sacudió con cuidado el polvo, para no enfurecer a la deidad.

Es posible que muchos fieles de esa iglesia política conocida como AMLO —que no dudan en quemar incienso por la dizque congruencia de su idolatrado— hoy decidan voltear a otro lado, cerrar ojos, oídos y hasta cancelar las entendederas, cuando confirmen que el discurso de su líder en contra de las alianzas con el PAN, también resulta una grosera farsa.

Sin más vueltas, van las pruebas.

En la primera mitad de 2004 —año en que López Obrador era el jefe absoluto del PRD y de la izquierda—, en su agenda aparecía insistente una solicitud de entrevista. Lo buscaba afanoso el entonces candidato del PAN al gobierno de Chihuahua, Javier Corral, acaso el más izquierdista de los líderes de la derecha.

Resulta que Javier Corral pretendía derrotar al PRI de Chihuahua con una alianza entonces impensable: PAN, PRD y Convergencia, para lo cual requería el aval del jefe máximo de los amarillos. Al final, Corral, que ya era candidato a gobernador de Chihuahua por el PAN, fue recibido unos minutos por López Obrador, quien sin preámbulos aceptó apoyar la alianza del PRD —entonces presidido por el títere Leonel Cota— con el PAN y Convergencia. Los detalles del pacto los negociaron de manera directa Javier Corral y el entonces ejemplo de honestidad, René Bejarano. La alianza se pactó y, al final, Javier Corral resultó derrotado por el PRI.

Lo simpático del asunto es que hoy, seis años después, López Obrador insultó, ofendió y descalificó públicamente a Javier Corral —en reciente entrevista con Carmen Aristegui— porque, según la deidad tabasqueña —que nunca se equivoca, nunca falla y cuya congruencia es a toda prueba—, Javier Corral es lo más cercano al diablo: aliado de la mafia del poder. Bueno, el despropósito de López Obrador fue tal, que periodistas que lo han defendido a capa y espada debieron censurarlo con pétalos de rosa.

Pero esos atropellos no son novedad para nadie. Igual pasó cuando, en sus fobias contra la consulta en el Estado de México —para determinar si se realiza o no la alianza PAN-PRD—, recientemente AMLO atropelló a otro de sus defensores a ultranza, a Sergio Aguayo, a cuya organización social, Consulta Ciudadana, descalificó y ofendió también de manera pública. Aguayo también se sacudió con cuidado el polvo, para no enfurecer a la deidad.

Pero los ejemplos anteriores de “congruencia” parecen juego de niños frente a lo que sigue. En enero de 2007 —aún calientes los anafres en los que se cocinó la elección presidencial de 2006—, López Obrador ordenó a su fiel escudero, Leonel Cota, pactar una alianza electoral del PRD con una mujer ejemplar del PAN, Ana Rosa Payán, entonces caída en desgracia porque jugó todo su capital político contra Felipe Calderón. La idea era vestir de amarillo a la azul Payán Cervera y convertirla en candidata al gobierno de Yucatán por el PRD.

En realidad lo más importante era engordar al PRD —a como diera lugar, sin importar la ideología— en una entidad donde no existía y no existe. Todo estaba listo para el enlace matrimonial de azules y amarillos hasta que vino la desgracia: metiches periodistas recordaron que Ana Rosa Payán era una de las más destacadas militantes de El Yunque, la organización secreta de la ultraderecha. Y cuando alguien le hizo notar el detalle a AMLO, los mandó al diablo. ¡A quién diablos le importa la ideología!, claro, cuando lo importante es el poder.

El 18 de enero de 2007, en el Itinerario Político, dijimos lo siguiente. “Por lo menos alguien debía informarle al señor Leonel Cota, dirigente formal del PRD, a sus líderes históricos y a la militancia en general, sobre el significado de la alianza que se proponen al coquetear electoralmente con la ex panista Ana Rosa Payán; mujer y política respetable y de profundas convicciones con su doctrina de ultraderecha, severa crítica de la izquierda, y no se diga de AMLO”. Al final, la alianza fracasó, no por la “congruencia” de López Obrador, sino por el escándalo mediático. ¿Qué tal? Perlas de esa congruencia tabasqueña, a toda prueba.

EN EL CAMINO

A reserva de regresar al tema, vale decir que la tajante negativa de Josefina Vázquez Mota, de ser candidata al gobierno mexiquense, en los hechos confirma lo que hemos insistido aquí durante meses: que la alianza PAN-PRD está muerta. ¿Y la razón? Que los azules no aceptarían otra alternativa que Vázquez Mota, en tanto los amarillos no se moverán de ser ellos los que pongan al candidato, y el único posible es Alejandro Encinas. Luto en las alianzas. Al tiempo.

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