marzo 09, 2011

Pero se mueve

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Si alguien necesitara una prueba del valor de la estabilidad financiera en la vida de los países, podría usar los resultados del censo mexicano del año 2010.

Las cifras del censo cuentan la historia, para muchos increíble todavía, de un país que con un crecimiento económico menos que mediocre, ha tenido una transformación social más que notable.

Véase por ejemplo lo sucedido con la vivienda:

El país tiene 35 millones 617 mil 724 viviendas. 97.8 por ciento (%) tiene luz eléctrica y 91.5% tiene agua entubada.

El 92.6 por ciento de viviendas cuenta con televisor.

El 82.1% tiene refrigerador.

En 65.1 por cierto de las viviendas alguno de los habitantes tiene un teléfono celular.

En 45% de las viviendas hay un coche.

En 43.2% hay línea telefónica.

En 29.4% hay computadora y en 21.3% hay internet.

Véase lo sucedido en la educación:

El 94.7% ciento de la población de 6 a 14 años asiste a la escuela (era 85.8% en 1990).

La población de 15 a 24 años que asistía a la escuela en 1990 era 30.2%. En 2010 era 40%.

La tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más disminuyó cerca de 5.5 puntos porcentuales entre 1990 y 2010: de 12.4 a 6.9%.

Véase lo sucedido en la salud:

Entre 2000 y 2010 el porcentaje de población que declaró ser derechohabiente aumentó de 40.1 por ciento a 64.6 por ciento.

Y lo sucedido en ocupación y empleo:

La tasa de participación económica de la población de 12 años y más del censo 2000, comparada con la de 2010, revela que la oferta de trabajo pasó de 49.3 a 52.6 por ciento.

En 2010 el 60.9 % de la población ocupada lo estaba en el sector comercio y servicios, 24.4% en la industria maquiladora y 13.4% en el sector agropecuario. Los porcentajes en el año 2000 eran 53.8, 27.7 y 16.1,
respectivamente.

Ninguno de estas apreciables mejorías en la vida de millones de mexicanos es atribuible a un desempeño notable de la economía o el gobierno, salvo por el acierto mayor en ambos campos de no haber tocado las variables macroeconómicas fundamentales, manteniendo el equilibrio financiero cuya ruptura fue la plaga de las últimas décadas del siglo XX.

Luego de sufrir una crisis financiera por sexenio (1976, 1982, 1987, 1994), México lleva quince años de estabilidad, sin crisis generadas por sus propias equivocaciones. Y, aún con tasas bajas de crecimiento, se nota.

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