marzo 29, 2011

Por qué y para qué

Federico Reyes Heroles
Reforma

Dos problemas ahogan a México, la violencia y la percepción de la violencia. Están conectados, sin embargo también tienen coordenadas independientes. En El Salvador, Colombia o Brasil y otros, hay mucha más violencia que en México, pero la percepción ni remotamente es de caos. En México la opinión pública muestra severísimas deformaciones. Siendo que la violencia está en pocas entidades -cinco concentran más del 80% de las muertes violentas-, la percepción de terror invade sin embargo ya a todo el territorio. En esos estados y ciudades la inseguridad es muy alta. La percepción corresponde a la realidad. Pero, ¿cómo explicar lo que ocurre en el resto del país? Un ciudadano atemorizado sin motivos concretos no es un ciudadano bien informado, por el contrario. Sus decisiones estarán sustentadas en una lectura deformada de la realidad. Las percepciones son hechos en tanto que la gente cree en ellas y actúa en consecuencia. Seamos autocríticos, como país algo estamos haciendo mal desde el gobierno, desde los distintos foros en que se aborda el tema y también desde los medios.

En paralelo el asesinato de periodistas ha escalado sensiblemente. Es parte muy importante del problema pues ha agravado el deterioro de la imagen de México en el mundo, con todas las consecuencias negativas que ello trae en inversión y empleo para los mexicanos. Además en los últimos años varias plazas informativas se han perdido. En ellas los reporteros, periodistas y directivos de medios han decidido -por razones de seguridad- no tocar temas que tengan vinculación con los grupos de narcotraficantes. Seamos claros, el narco-terrorismo ha sido exitoso. Lo primero entonces es admitir que ellos sí tienen una estrategia y que está funcionando. México se había enfrentado a actos aislados de terrorismo pero nunca a una estrategia de terror. En ese sentido todos somos novatos y la novatez la está pagando México. Éstos son algunos de los dolorosos retos a los que responde el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia.

Contrario a los temores que algunos han expresado, el Acuerdo nace con la preocupación central de seguir informando e incluso recuperar plazas perdidas. Por ello el énfasis en la protección a los miembros del gremio. Nada más lejano al documento que ceder en la obligación informativa. Pero, eso sí, de entrada se admite que vivimos tiempos de excepción que exigen cánones de excepción. Por ello el Acuerdo propone una contra-estrategia informativa para evitar así que sea la sorpresa o la mera reacción las que marquen los procesos informativos. Si los narcos tienen una estrategia, lo mínimo que podemos hacer es tener otra, como se ha hecho con éxito en Estados Unidos, España o Colombia y otros.

El simple hecho de anunciar la acción puede ayudar. Un ejemplo, declarar "este medio no transmitirá textos de narcomantas" disminuye en el acto el incentivo de usar esa vía. Lo mismo puede ser para mutilados, degollados, etcétera. Quien quiera leer los textos o ver las imágenes que vaya a YouTube. En la sociedad contemporánea es -por fortuna- imposible impedir la circulación de información o imágenes. Pero entre este hecho y la magnificación que propician los espacios informativos que llegan a cientos de miles e incluso a decenas de millones hay una distancia enorme. Se trata entonces de ejercer a fondo el derecho a decir lo que se quiere decir y sólo eso, escapando así de la trampa de decir lo que ellos quieren que se diga. De esta forma se deja de ser vocero involuntario del crimen.

Falso que se busque controlar y homogeneizar la información. Es mejor leer el documento sin prejuicios. Los protocolos buscan proteger a los periodistas, a las víctimas, a los menores e incluso a los propios detenidos que no deben de ser presentados como culpables hasta que haya sentencia o confesión. Pero sobre todo se busca proteger a la sociedad y su derecho a informarse debidamente. Para eso están los criterios generales que buscan además cohesión frente a las agresiones. Sin embargo será cada medio el que establezca y module su interpretación de los hechos. Será el propio ciudadano el que seleccione al medio e incluso al comunicador cuyos criterios le parezcan más apropiados. Por ello es muy conveniente que cada espacio -en ejercicio de su libertad- haga públicos sus criterios. Que el ciudadano, en plena libertad, decida. La verificación del cumplimiento recae en el propio medio. El Acuerdo sólo establece un órgano ciudadano de observación de los criterios editoriales. Punto.

Por supuesto que habrá tropiezos, pero el rumbo es el correcto, el que corresponde a una sociedad plural y libre. Pero también es la respuesta de una sociedad madura y democrática en la cual todos debemos defender nuestras libertades y al Estado que las garantiza. En democracia quien atenta contra el Estado es un enemigo común y merece condena. Sólo podemos ser libres en un Estado fuerte. Eso es lo que está en juego.

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